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Mostrando entradas de agosto, 2022

Acero para Humanos Interludio: La Soledad del Arpa

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  El salón estaba lleno con el suave sonido del tañir del arpa. Su propia dama de compañía, a la cual nadie menos ella había perdido el tiempo en preguntar su nombre. Zulia. Como su arpa, Podveyka se sentía sola, por mucho que estuviese sentada en el comedor con su marido y el Duque de Yspaden. Comían prácticamente en silencio, la falta de confianza llenando los huecos dejados por los silencios del arpa.  Podveyka sabía que no había amor perdido entre ambos hombres, pero tampoco ella lo tenía por Derathor. En tiempos había sido Duque de su padre, el Rey de Malleore, uno de los muchos que exigieron a Niedamir que derrotase a un dragón para ser merecedor de la mano de la Princesa cuando sus padres murieron. Si el dragón hubiese matado al que ahora era su marido, otro destino les hubiese aguardado a todos. Malleore no habría sido arrasada, ella no habría sido forzada a casarse con un hombre despreciable, el Duque no habría traicionado a su reino. A menudo, ella soñaba con la vida si todo

Acero para Humanos Interludio: Lanza una Moneda a tu Bardo

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  -Así que tuve que dejar los suaves muslos de la condesa atrás y salir por patas de allí. Las cosas en Cintra no están bien, mis buenos amigos, está todo más revuelto que el río cuando hay deshielo. Os lo digo yo que vengo de allí y tuve que dejar el amor de mi vida detrás...- Mientras contaba la historia aproveché para jugar la carta que me correspondía; mis contrapartidas estaban más pendientes de lo que narraba y  las noticias que de fijarse en como retiré alguna de las monedas de la mesa al depositar la carta. Espero que sepáis guardarme el secreto, pero habían sido unos días duros y la audiencia había sido rácana con sus monedas, como viejas que esperasen pagar a Melitele la Anciana por alargarles un poco más sus vidas. ¿Pero de qué valdrían sus duras existencias sin los momentos de asueto y descanso que les proporcionamos los artistas? ¿Qué sentido tienen sus oscuras vidas sin el brillo de la luz que proporcionamos, las risas y la aventura? -Esos skelligenses son poco dignos de

Acero para Humanos Interludio: El Honor y el Oro

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  Radovid entró en la sala del Consejo con paso dubitativo. Su padre, Vizimir II, le había convocado, pero él sabía que no era bien recibido por muchos de los presentes. El Rey se encontraba sentado ante el mapa desplegado del Norte, figuras de madera marcando la localización de los ejércitos conocidos y las posiciones tomadas con este final de otoño. A su izquierda, la enorme forma del Conde Sigismund Dijkstra permanecía alzada en su imponente tamaño, una sonrisa danzando en su boca extrañamente iluminada por las danzantes llamas de la chimenea. Frente a él, la bella pero maliciosa Philippa Eilhart estaba explicando algo, pero se interrumpió al ver entrar al muchacho. El Mariscal de los Ejércitos Reales, Boguchwal de Oxenfurt se inclinaba sobre la mesa, como siempre embutido en su armadura. Finalmente, Jedrek de Crinfrid, el ambicioso Maestro de la Moneda, permanecía reclinado en su silla bebiendo vino mientras distraídamente miraba el culo de la sirvienta que pasaba rellenando los va

Acero para Humanos Interludio: Susurros de Demencia

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  La canción de pérdida y soledad solo la podía escuchar él. Sus susurros y tonos quedos, en un idioma incomprensible para él, le acompañaban ahora casi todo el día y noche. Una carga que sólo él tenía, que no podía entegar a nadie. Lo había intentado. Había fallado. Y ahora Wardovind estaba a punto de romperse bajo su peso. El enorme bosque de Brokilon estaba de nuevo frente a él. Lo visitaba por tercera vez, una a principios de verano, otra a mediados y ahora, finalmente, en el comienzo del otoño. Y, sin embargo, la floresta no parecía haber cambiado lo más mínimo. Sus hojas estaban verdes y frescas como si acabasen de brotar en las ramas donde se sustentaban. Se había pasado buena parte de su vida vigilando los bosques de su pueblecito, Maunara; sabía perfectamente que aquello no era natural, sino brujería de elfos o dríades.  -¡Ya estoy aquí! ¿Qué quieres? ¿Que entre en el bosque y muera?- No había nadie para escuchar sus palabras, pero él esperaba que las oyese la espada que canta

Acero para Humanos Interludio: El Capítulo del Poder y la Soledad

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  El ruido llenaba el despacho de Ban Ard proveniente del exterior de la ventana: conversaciones, risas y discusiones. Los alumnos vivían y Gerhart de Aelle sonreía en su despacho, escuchando sus progresos y peleas. ¡Juventud, divino tesoro! La suya quedaba tan atrás que ya ni la recordaba, pero a través de los muchachos de la escuela podía sentirla de nuevo, al menos parcialmente. Pero con aquel otoño tan frío, pronto debería cerrar la cristalera para conservar algo de calor, ahora que veía descender la niebla sobre la ciudad y la escuela. Ban Ard era el trabajo de su vida, él mismo la había fundado como una respuesta a las escuelas que existían anteriormente. Un lugar donde los hombres pudiesen aprender magia sin tener que dejar de ser jóvenes, pues eso era algo que solo se podía vivir una vez. Puede que las hechiceras de Aretuza ganasen las competiciones para ser las mejores conjuradoras del Norte, pero en sus ojos se podía ver que no habían vivido de verdad hasta que abandonaban la

Acero para Humanos Interludio: Secretos tan Antiguos como el Tiempo

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  "Si cogemos y posamos a una mera hormiga, y esta tratase de transmitirle a otra qué ha sido lo que ha vivido, no encontraría palabras para ello. No las tienen, no hay manera de explicar el contacto con algo así de inmenso e inabarcable. Hay cosas en el Continte mucho más antiguas que cualquiera de nosotros, incluidos los enanos y los gnomos. Cosas vastas y atemporales. Si son siquiera conscientes de nosotros en absoluto es como poco más que hormigas, y tenemos tantas posibilidades de comprenderlos como tiene una hormiga de comprendernos a nosotros. Lo se, lo he intentado. Y he aprendido con el tiempo y los intentos que podemos o bien apartarnos de sus pies, o ser pisados.  Eso es todo lo que se, de lo que hablaré en este tomo. Son un misterio, y estoy al mismo tiempo aterrado y tranquilizado al saber que todavía hay maravillas en el Continente, que aún no hemos explicado y comprendido todo. Sean lo que sean, caminan por sus planos y espacios, y deben hacerlo sin ser molestados.&

Acero para Humanos Interludio: Los Buenos Siempre se van Primero

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Al final, el raso que se mecía en el viento de la mañana no era ni bermejo ni azul, sino negro. Las olas del mar chocaban con suavidad contra el muelle de la ciudad, arrullando y acompañando la voz de la sacerdotisa que cantaba la despedida. A su lado, el sacerdote mayor hacía los últimos ritos en la barcaza donde descansaba Ethain, Rey de Cidaris, asesinado por los elfos con flechas envenenadas.  La barcaza estaba elegantemente decorada, los tonos negros de las telas entremezcladas con el dorado de sus collares y brazales, el acerado reflejo pálido de la espada, el verde de algunas gemas. En el medio, como si estuviese dormido, el cuerpo del Rey descansaba, los brazos cruzados sobre su pecho aferrando el mango de su mandoble. Su torso cubierto con ricas vestimentas, azules como el océano, con el escudo de Cidaris tejido en la parte superior.  Dorregaray, el hechicero de la corte, escuchaba el canto y observaba todo con silencio estoico y preocupado. El retorno del kraken como resultad

Acero para Humanos Interludio: Mareas de Sangre

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Lo he visto todo antes, soy perro viejo, pero no así de puto bestia. El año pasado fue un mal año, yo lo dije y lo noté en el viento pútrido que recorre la ciudad, pero este será peor. Se huele, como las heces de los caballos, el lento progreso del miedo. Paso a paso, día a día, conquista más y más corazones, se extiende como una enfermedad: invisible, imparable.  Si prestas atención lo oirás en los susurros de los ladrones en el callejón o en las miradas huidizas del banquero que espera hacer buenos beneficios a costa de los demás. Mientras puedan. Porque ambos saben tan bien como la partera que bendice a los niños con el puto símbolo de las Tres Diosas, que el tiempo de bonanza ha terminado. Había un tapón que bloqueaba el ascenso del Imperio y explotó tal y como dije que lo haría. No soy un profeta que ve el futuro ni un puto sacerdote que lea las vísceras de un ave. Basta con tener ojos en la cara y juntar las piezas de la historia que cuentan los mapas. Un Reino poderoso cuya Rein

Acero para Humanos Interludio: El Bardo y su Musa

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  El sonido de la forja ya se había acallado a aquellas horas y el salón de la pequeña casa estaba ocupado por otros sonidos. Desde la cocina, donde ella removía la olla con la futura cena, sonaba el burbujeo de los liquidos hirviendo, dotando de consistencia y sabor a las cosas que flotaban en el agua para aquella cena de finales del invierno. Sentado a la mesa, el bardo tañía suavemente las cuerdas de su lira, probando distintas combinaciones para la última composición en la que estaba trabajando. Y desde el exterior de la ventana venían los sonidos y grititos del pequeño de la casa mientras jugaba con su muñeco de madera y trapo, el poderoso Capitán Sven, en una de sus innumerables aventuras y correrías por la imaginación del muchacho.  Sheila de Veitewer agradecía esos momentos de tranquilidad en los que todo parecía estar simplemente donde debía. Pero sabía que no iban a durar mucho más, con el deshielo avanzando rápidamente y la llegada de la primavera, el mundo perdería su estat

Acero para Humanos Interludio: Palabras más Afiladas que una Espada

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Las puertas del salón se abrieron, empujadas por los caballeros que las guardaban, para dejar paso a la hechicera. Sus vestimentas negras danzaban a su alrededor mientras avanzaba con pasos enérgicos, su pelo rojo recogido formando un halo de fuego sobre su cabeza. El golpeteo de sus tacones contra el suelo parecía el de un tambor de guerra haciendo marchar a los ejércitos. Los dos hombres que ocupaban el centro de la sala siguieron hablando, entre el trasiego de los sirvientes trayendo las bebidas y la mirada atenta de los guardas. -Majestad, no se puede considerar que fuese un desastre, hemos...- La voz de la hechicera interrumpió al primero de los hombres. -Un ejército destruido, cientos de muertos y varios miles de heridos. Todos los templos de Melitele a rebosar y las ciudades del Pontar Bajo en manos de Redania. Mi Señor Duque, si eso no fue un desastre temo lo que vosotros podáis considerar que merece tal apelativo.- -Exageráis, sin duda hechicera, e ignoráis las enormes bajas q

Acero para Humanos Interludio: Pecados de los Padres

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El golpeteo rítmico del granizo contra los muros no tapaba el sonido del violín y la lira que sonaban desde la planta baja, donde Zesiek y Kristof reían juntos. Pero el sonido del mar y el olor del salitre contribuía al ambiente de la sala, fría y demasiado vacía, escasamente iluminada pues las nubes ocultaban el débil sol de invierno. Unas velas iluminaban al brujo, que leía en una de las recias mesas de madera, de uno de los montones de libros. En otra de las mesas, ya leídos a lo largo del invierno, estaban la colección de textos de Stregobor sobre la profecía de Ithlinne. Encima de esos libros, una hoja mostraba la escritura de Teos Exeter, que había extraído el nucleo de los textos, la profecía misma de los distintos tomos que hablaban de ella: "Con verdad os digo que la era de la espada y el hacha está cercana, la era de la tormenta del lobo. El tiempo de la Helada Blanca y la Luz Blanca es inmediato, el Tiempo de la Locura y el Tiempo del Desprecio: Tedd Deireádh , el Tiemp

Acero Para Humanos Interludio: Después de Comer Perdices

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  El mundo tan al norte era extraño y frío a los ojos de Wilhelm, que jamás había abandonado su Rivia natal. Pese a ser otoño, algunos finos copos de nieve ya caían sobre la campiña pero no conseguían cuajar en realidad, convirtiendo el suelo en un barrizal. La luz también era diferente aquí, un poco más apagada y menos cálida que como bañaba las tierras donde él había crecido. Los olores eran distintos pues la presencia de tantos pinos daba una fragrancia extraña al aire. Y los animales locales hacían ruidos desconocidos para él, fruto de sus extrañas variedades. A Wilhelm no le gustaba, él quería regresar a casa. Pero no podía, la Reina Meve le había convertido en el protector de la bella hechicera Chloe de Möen y él debería cumplir sus tareas como mejor pudiese, el honor es lo que exigía. La maga no se encontraba lejos en aquel momento, había deshecho el portal que ambos habían cruzado para llegar a aquella estepa y ahora miraba lo que parecía una extraña abertura en el suelo en mit

Acero para Humanos Interludio: El Verdadero Veneno

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Se hizo el silencio cuando se abrió la puerta de la taberna, los parroquianos sorprendidos y desdeñosos se volvieron hacia las tres figuras del umbral. La nieve, que caía copiosamente en la noche, cubría sus hombros mientras se adentraban en el establecimiento con pasos firmes y el resonar del acero de sus armaduras. Los murmullos regresaron entre las mesas del establecimiento mientras ellos avanzaban hacia la barra donde el tabernero los esperaba, los brazos apoyados sobre el mostrador. -Queremos comida, alojamiento y cerveza para el invierno, y tenemos buen oro para pagar- dijo Letho de Gulet mientras se bajaba la capucha sobre su enorme cabeza calva. -Aquí no servimos a los vuestros, brujo, márchate por donde has venido- respondió hosco el tabernero. -Este es el cuarto pueblo donde no nos queréis recibir y la nieve que cae fuera lo hace en demasiada cantidad ya. No se pueden recorrer los caminos hasta el siguiente poblado y esta es la única taberna de la localidad- intervino Jules a