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Mostrando entradas de abril, 2024

La Edad del Fuego 11: Los verdaderos monstruos

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La llegada a la lluviosa capital del Imperio llevó a la separación de la comitiva, cada uno con destino a distintos alojamientos. Kamina fue a reunirse con los Voceros del Pueblo pues extrañas nuevas de cambios llegaban desde Aragon. Yrina y Macarena fueron con Astra a ser alojadas con los Talebringers, y mientras se adaptaban a su nuevo entorno, dejaron espacio a que la hija hablase con el padre. Y Seth, que una vez lo supo todo de lo que ocurría en el Imperio, no sabía que su querida Salandra estaba retenida por los Decados. Su brote de ira, como se temía en su momento la Princesa Hazat fue repentino, pero Astra logró tranquilizarle. Y aprender de él algunas de las cosas que ocurrían en el Imperio, antes de acompañarle a conocer a Yrina y Macarena en la sala de te. Fue con ellas con las que compartió algunas cosas, como el hecho de que uno de los Maestres de la Compañía del Fénix, el noble Gawain von Gwynneth, estaba interesado en el monstruo que las dos guerreras querían cazar. E in

La Edad del Fuego 10: La fe de los cañones

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Desde la sala del trono imperial, la Emperatriz del Fenix proclama la prohibición de vender, comprar o esclavizar alienígenas en todo su Imperio. Y la reacción de los presentes, de la indignación a la ira, no se hace esperar pues no solo la Iglesia se encuentra dividida en sus cuestiones de fe, sino que la nobleza ve la sobreextensión del poder imperial como una amenaza al orden establecido. Y entre los asistentes, de manos de una dama que aun no sabemos quien es, unos documentos llegan a las manos del embajador Li Halan y, de las suyas, a las del Príncipe Ieyasu Khung-Zhao Li Halan... suyas son las órdenes de comenzar a movilizar la armada de su Casa Real, aunque aun habría que esperar para ver las consecuencias de esos actos. De momento, nuestros protagonistas descendían del lugar donde otrora se encontraba el monasterio de Balantrodoch. El viaje de regreso es muy distinto a la ida, cada uno sumido en procesar lo experimentado cuando la divinidad tocó las esencias mortales. El silenc

Tiempo de Anatemas 27: La senda de la tinta y la sombra

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La derrota de las Buenas Gentes de Zarlath llevó un debilitamiento de la presencia feérica en el polo entero, como pronto confirmaron viendo la situación en el distrito de Firewander. Si bien extraños portentos se producían, como ballenas voladoras y luces cantantes, la cantidad de energía del Wyld era menor y las barreras protectoras aguantaban con mayor fuerza. Un alivio y buena señal en un tiempo donde la voz de la radio acababa de ser atacada y se desconocía lo ocurrido.  Tras esa comprobación viajaron a Great Forks, donde la influencia del dios Heraldo de los Cuatro Caminos crecía rápidamente. Su templo se encontraba lleno de seguidores, pero seguía siendo un templo pequeño, con el santuario de Ágate Perfecto a un lado y el Jardín de las Seis Ninfas del otro. Pero el dinero, que todo lo puede en Nexo, no puede conseguir cualquier cosa en Great Forks y, aunque los donativos de Jun fueron generosos y permitirían ampliar el templo del Heraldo en vertical, no servían de nada para conv

La Edad del Fuego 9: El Descenso de Gracia

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Desde el centro del universo, el Empíreo, la Gracia divina desciende a través de sus emanaciones hasta llegar a los Mundos Conocidos. Y allí, entre reflejos de los espejos alma, destierra a la Oscuridad que se retira entre sombras a los recovecos de Iehannum. Pero entre las cosas de la carne y la piedra, la historia puede ser más compleja, como atestigua la partida de guerra de los Hermanos de Batalla que se adentra en territorio simbionte. Dirigidos por el Adepto André Theryvan que una vez rescató a Theafana Al-Malik de las garras de los simbiontes de Chernobog, se enfrentan a las monstruosidades creadas por una de las semillas que cayeron, décadas atrás, del árbol mundo. Luchan del mismo lado que una misteriosa mujer de la Orden Eskatónica que, cuando la batalla ha terminado en costosa victoria, envenena a los Hermanos de Batalla porque era lo que tenía que hacerse. Y así, la controvertida Antonia de Cádiz se vuelve a cubrir con su capucha y desaparece del refrectorio sin dar explica