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La Muerte

Ellos susurran a mi alrededor. Puedo escuchar sus palabras con claridad, hablando de tiempos pasados para siempre. Este me habla de su pequeña hija muerta durante las inundaciones de su casa, hace casi un siglo; allí la otra llora su propia violación y muerte en las calles de Génova. Y aquella otra, sólo susurra su nombre. Otros se unen al coro cacofónico de lamentos y protestas, de llantos y deseos rotos. De sueños perdidos.

Bushido y Aguijón

-¡ Ichi ! ¡ Ni ! ¡ San !- Con cada uno de los números, el sensei golpeaba el suelo con énfasis. Frente a él, una veintena de jóvenes ejecutaba los movimientos de la kata , uno de cada vez, al ritmo preciso al que los llevaba el maestro. Parecían danzar, como una elaborada coreografía para un festival, pero aquellos elegantes movimientos podrían volverse letales si cada uno de aquellos niños portase una katana en vez de un boken .

La Historia de Sepherim

 Dado que la novela que escribí hace mucho sobre la campaña de Shadowrun excede, con mucho, la longitud que podría considerarse razonable para un blog, lo que he decidido hacer es aprovechar que la tenía colgada y dejaros los links. Aviso, eso si, que nunca llegué a completarla. Los primeros cuatro bloques van seguidos y narran la mayor parte de la historia, y en el quinto se encuentra el final de la misma. Sin embargo, entre el 8ª y el último capítulo faltarían varios, que nunca llegué a escribir. Como Tripod no deja descargar los archivos desde páginas externas, os linkeo mi web de Shadowrun a la página concreta donde está esta historia, de modo que podáis descargarla (¡Gracias Javi por el aviso!):  http://nodo666.tripod.com/ Tenéis que ir a la sección de Relatos, y de ahí a la Historia de Sepherim.

Deber y Lealtad

Llevaba evitando aquel momento durante dos días, y sólo la etiqueta lo había mantenido a salvo. Sin embargo, como el cuervo regresando negro de las tierras del sur, los vientos estaban cambiando. Y, finalmente, entre los copos de nieve, aquellos dos samurai venían a reclamarlo. El rikugunshokan quería hablar con él, y todos sabían que aquella conversación no iba a terminar bien.

La Perfección

En silencio y a oscuras, el auditorio espera. Una luz ilumina de nuevo al director, como el mesías que les va a guiar por la noche, y a un golpe suave de su batuta entran los violines. Sobrios, recios, gloriosos, oscuros. Iluminados en un rojizo suave, como el útero de la oscura madre que va a alumbrar a la majestuosidad. A lo largo de la noche ya habían sonado Brahms, Mozart, Wagner, y Haydn, incluso el otoño de Vivaldi había jugado con sus hojas al viento. Pero ninguno se comparaba con la maravillosa oscuidad, grandilocuente, siniestra, perfecta de aquella obra. Beethoven. Su Quinta Sinfonía. La cumbre de su sublime trayectoria.

El Poder

Dicen que en una de las últimas plantas de la Torre Sears , en Chicago, se encuentra el Poder personificado. Tiene una oficina, el colmo de la modernidad: todo cristal, cromo y satinados, con algunos tonos cálidos en las alfombras y algunos detalles de madera. Con clase. Allí recibe a los que quieren beber de él, los que desean una pizca de su gloria, ignorantes de que es él quien los devora para nutrirse. Consume sus pequeñas ansias y sueños, y les devuelve sombras de sus ambiciones.

Smoke and Mirrors

The two men sat before each other, silently, staring into the other's eyes with caution. None of them belonged in that run down orbital tavern, so people around them kept an eye on what they did, curious. One was clearly too rich to come to such a place: his belly was full, he had big double chin and enough fat in his face to partially hide his eyes. Though his clothes were common and unsurprising, on a close look they were clearly made exclusively for him by a personal tailor. He had a large cigarette in his left hand, one that puffed out small clouds of flavored smoke into the air around him. Vanilla maybe. His hair had once been black, but what was left of it was now mostly white, like a dove hanging over his head. His age surely showed he was a respectable man, probably some kind of politician or member of the Empire's employees. Though those never came down here.

Jugando con Fuego... ¿o Acaso una Historia de Amor?

Dicen que en la vida todo el mundo tiene, al menos, una gran oportunidad: algo para lo que no han trabajado y que, sin embargo, cae directamente en sus manos o pasa en su dirección. Puede ser una oportunidad laboral, de hacer dinero, emocional o incluso sexual, y lo que se haga con ella nos marcará desde entonces. La mía se llamaba Ángela, y literalmente llegó a mi puerta a última hora de un ventoso día de Septiembre. Como la "Goddess in the Doorway" de la canción de Mick Jagger. Yo, por aquel entonces, era un joven profesor de universidad, encargado de las asignaturas de Relaciones Internacionales y Organizaciones Internacionales, y del que todo el mundo decía que tenía un brillante futuro. Más de uno incluso auguraba que sería el catedrático más joven del ramo, llegado el momento. Junto al respeto de mis compañeros (y alguna que otra envidia, no nos equivoquemos) tenía una esposa, Lina, a la que quería con locura y que me devolvía ese amor en igual medida, y...

Unplugging

The stars shone one last time in my eyes. The force of the solar winds pushed me and caressed me one last time. The strong pull of the thrusters, so intimately controlled and known that they seemed like my own legs, directed me to the Amarr station where I would dock for the last time. As the docking procedures advanced, I couldn't help but recall all that had happened in this three long years. The found, the lost, the friends, the enemies. The success. The failure. The Ordo and the Brothers and Sisters in it.

The Legend of Saint Keirandross

Imagen
Accessing video feed from the internal servers of the Theology Council... File 213697 located: declarations on the sainthood of St. Kierandross... Choosing Main Session: 23rd of August, year 23013... Opening file...

Acero al Atardecer

Su caballo piafó bajo él, podía notarlo en tensión, nervioso ante los gritos y los olores que les rodeaban. La gente conversaba, gritaba, y animaba a un caballero o al otro, y los olores de la comida se mezclaban con el sudor, la sangre y los animales. A él no le importaba nada de eso. Bajo su casco de acero, el Caballero del Buitre sonreía.

The Legend of the One Question

They say that, at the Beginning of Time, God was alone in the emptiness of space. Alone and solitary, without light, sound, joy or fear. Empty, even though he was full. He was the whole potential, but no reality, a list of possibilities yet to define. hey say he created the universe, and istory started, so far away from the Eve Cluster that it's almost inimaginable. What the legend doesn't say is How he did it.

Captured by the Picts (my version)

The arrow flew from his bow, straight into the the side of the biggest of the Picts's heads. He knew Picts respected strength, and so the biggest would probably be their leader... and a lucky shot was all that was needed to start the battle. But as the rest of the Centuria led the charge, he knew it was too late for whoever the woman had been.

Captured by the Picts (Millika's version)

It was a North-West wind forest of Aquilonia. From somewhere far could be heard the voice of fast river. Millika took a flask and opened it expecting to feel a drop of fresh water on her tongue but... it was empty. - Fine, the river is not far. – Mumbled the woman and walked in the direction of the water sound. The way was long and not as easy as she though. First of all the forest here was very dark and lush with tall roots, lianas hanging from the trees and in some places very tall grass. The light barely reached through the leaves.

La Dama de Negro

Las calles de aquella zona de Barcelona permanecían prácticamente en silencio. Sólo el chillido de las gaviotas en el cielo y el traqueteo del pesado carromato de madera rompían la quietud del sudario que descansaba sobre ella. Entre crujidos, el vehículo avanzaba por las callejas guiado por un hombre de mediana edad vestido con unos ropajes marrones y bastos; él azuzaba a la vieja mula que hacía desplazar la pequeña superficie de madera con postes y ruedas. Tras ella, avanzaba otro hombre, similar al primero aunque algo más joven, y que se cubría la nariz y la boca con un paño mojado para tratar de disimular el hedor.