Belle Epoque salto temporal: Escenas desde la balaustrada 3
Los chorretones de pintura trazan apresurados la forma de las manos entrelazadas, las poses de las dos figuras la una al lado de la otra. Él y ella, tan unidos, tan separados. Sus dedos se aferran los unos a los otros mientras los visibles hilos del titiritero que es el padre tratan de separarlos. Y, para desgracia de ambos, el lienzo que se revela muestra el creciente éxito paterno que se interpone entre ellos. Es, así, un lienzo más lleno de oscuros rojos, negros y violetas, que otros colores más cálidos y luminosos. El ardiente verano parisino transforma el lienzo en un catálogo de vermellones, mientras el pintor se encierra en su pequeño despacho en la Sorbona donde su pincel danza una vez tras otra sobre la tela. Pintar algo que se pueda vender, algo comercial, algo que pueda demostrarle al padre de su amada que puede darle la vida que ella merece. Retratos, escenarios, paisajes, todos teñidos bajo el escarlata de la furia, la vergüenza y la impotencia. El final del periodo estiva...