Bajo la Égida del Pantheoi 2: Las Manos que Tejen el Destino, la Voz que Declara la Profecía

Una línea roja parte la oscuridad en dos, pero a medida que la cámara enfoca vemos que se trata de un hilo suspendido en el aire entre dos máquinas de tiempos de la revolución industrial. ¿No creerías que nosotras no podemos ponernos al día, verdad? La cámara se sigue alejando y vemos a las tres mujeres tejiendo con los hilos mientras toman bebidas alrededor de una mesa confortable. La joven se vuelve hacia la cámara: Desde que nacen, los mortales quieren saber lo grandiosos que serán; continúa la anciana: y cuando envejecen se obsesionan con su legado, con no ser olvidados. Las tres ríen, antes de que la mediana tome la palabra a coro con sus hermanas. Todo mortal quiere saber su destino, ciego al mismo pero también a lo más importante: el patrón que conforma su entrecruzamiento con los demás. La cámara asciende por el tejido que muestra las imágenes de Platón en el ágora, de Herakles y sus pruebas, de las conquistas de Alejandro Magno, de Ulises atado al mastil de su navío, de la batalla de las Termópilas, de la caída del panteón romano y tantos otros. Y a medida que asciende se ve el final, en el presente, donde los hilos desembocan en patrones que solo Átropo y sus hermanas pueden ver, entre las formas esbozadas de Ajax el Corintio en la sede de la Liga, de MYRMIDON defendiendo Athína ante Apolonia. Te contaremos pues, la historia de cómo tres de las cinco hebras se encontraron...


Las hebras descienden sobre el mundo y una de ellas encuentra a Argos en su habitación. Ha terminado con su trabajo para la facultad, y las chicas del grupo han terminado su visita a la bolera y están una pizzería. Así que suficiente trabajo por un día, es hora de fiesta. Aunque hay que esperar a que Karlo esté listo, que ha estado jugando al FIFA hasta minutos antes y necesita tiempo para prepararse. Peperoni en la pizza, risas, bromas y todos a tomar vino y sangría en la Plateia Archimídi. Bailar con Nadia, hablar con unos y otros, beber de risas con Karlo y al final Argos se encuentra perdido en la multitud con necesidad de mear... y la solución es una maceta de una calleja cercana. A la vuelta de esa excursión se encuentra con una decisión inesperada, reflejo de antiguos mitos aunque él, borracho, no lo entiende: debe escoger entre tres personas, Nadia que le ofrece liarla bien y disfrutarlo, Karlo que le ofrece fiesta y diversión, y Clarissa que le ofrece hacer algo grande con su vida. Él no comprende en el momento lo absurdo de que la estudiosa de psicología se encuentre en aquel coche en aquella noche de borrachera y, como bros before hoes, acaba escogiendo a Karlo y, con él, la fiesta, la noche y la diversión... y el destino que tiene por delante. Es una noche espectacular, llena de momentos épicos y cuando se despierta a la mañana siguiente el mundo ha cambiado. No solo porque sus compañeros de piso siempre han sido sus vecinos, o porque su piso ahora es diferente, sino porque él no recuerda haber comprado los billetes de avión a Delphi para pocas horas después. Y por mucho que habla con sus amigos de lo ocurrido por la noche y las inconsistencias, al final acaba embarcando en el vuelo con más preguntas que respuestas, inconsciente aún del vuelco que ha dado su vida.

En Heraklion, Zoi está preparando el diner para la apertura, no habiendo dormido prácticamente, mientras las noticias hablan del ataque de Avalon contra Eire. Y a esa primera hora de la mañana entra el pordiosero repartidor, que lleva trabajando toda la noche. Es la última vez que la camarera le ayuda, aprovechando que no está aún el dueño, y de algún modo el muchacho (llamado Grigori) la convence de ir a evitar que Kritias haga surf o sino algo terrible caerá sobre la ciudad. Ella acepta a regañadientes, solo serán diez minutos y no le va a dar tiempo ni de llegar a la playa en ese tiempo, y con una sonrisa el muchacho se marcha a toda velocidad. Pero algo ha cambiado en ella sin que se de cuenta y, en especial, en sus patines que, a velocidad de vértigo la llevan hasta el borde de la arena en un tiempo que supera cualquier récord razonable. Lo cual la deja sin ninguna posible excusa para no actuar y quedarse al margen de lo que fuera aquello, y debe intervenir para honrar a lo que se ha comprometido. Convencer al cretino de Kritias demuestra no funcionar, no quiere usar sus herramientas de mujer, y placar a la fuerza al Elegido de Apolo tampoco tiene éxito. Lo que sí lo tiene, sin embargo, es robarle la tabla de surf en el momento en que en el horizonte se empieza a formar una ola desmesurada, y salir corriendo con ella para impedir que el deportista la surfee. El apolíneo deportista es más rápido que la joven pero con astucias y artimañas ella es más astuta y le engaña el tiempo suficiente como para que transcurran los minutos que falten y la ola se deshaga en la playa inocentemente... momento en que Zoi le lanza la tabla y sale corriendo de vuelta al diner. Consigue que Melina vaya pronto al diner a trabajar y se ponen a cotillear porque la camarera sabe que ha cambiado y que alguno de los dioses de algún modo la ha tocado aunque no sabe quien ni por qué del todo. Y con la llegada del dueño y sus quejas, ella devuelve el mandil y el uniforme y se dirige rápido a su piso para prepararse para el vuelo a Delphi, a visitar al Oráculo como debe hacer todo Elegido.

Finalmente, al menos de momento, Aleksei se despierta en su habitación con Daphne aún durmiendo al lado. Para no despertarla le deja una nota y sale para encontrarse con que Johnson ya se está preparando para el largo recorrido en moto hasta Heraklion a abrir la nueva sede, donde se encontrará con el Presidente del club cuando este llegue allí. Se despiden mientras, honrando su promesa, el líder se encamina a Kapalos, el taller de los padres de la muchacha para aclararles que ella está en buenas manos. Y aunque la madre es difícil de convencer, con su lengua de plata Aleksei se la gana y se queda a poner a punto a Bucéfala para su propio viaje al sur. Es recorriendo la ruta de montaña que se encuentra un camino de tierra donde no debería existir ninguno y llevado por la curiosidad se adentra en el mismo y en el bosque mágico que se oculta en aquella Encrucijada. Dentro de la frondosidad de los árboles es recibido por el centauro Quirón quien le dice que es enviado por Hecate que le ha tomado como su Elegido. Que su honor y su capacidad de decisión serán necesarios en el futuro que se viene. Y por mucho que al motero le veamos habitualmente en su faceta de líder veterano y sabio, y más que le veremos así mientras se teje su hilo, en ese primer encuentro con el antiguo y venerable mecenas demuestra su fe, su honor, y su humildad. Atributos no siempre presentes entre los aqueos, y menos entre los Elegidos. Cuando monta de nuevo en Bucéfala para avanzar por el camino de tierra se encuentra finalmente dejando atrás el bosque y regresando a la montaña, se encuentra a unos 300 km de distancia de donde originalmente se encontraba, ya a unas pocas curvas de llegar a Delphi. Porque la maestra de magia, encrucijadas y caminos no quiere perder tiempo.

Y así es como nos aproximamos al momento en que estas tres hebras empiezan a entrelazarse en el tapiz del porvenir. Pues en su vuelo a Delphi a primera hora para ahorrar dinero, Zoi descubre que Argos va también a la ciudad y, siendo viejos vecinos y amigos de la infancia acuerdan encontrarse. Y como la camarera se ha dejado sus últimos dracmas en el vuelo, descubre que la asociación Bucéfalo de moteros ofrece alojamiento gratuito en su sede de la ciudad, Delfos Sacred. Con ello, el escenario está dispuesto para la dramaturgia por venir, pues no hay puntada sin hilo en el tejer del Destino. Somos así de buenas. 


Zoi es la primera en llegar a la sede, teniendo ocasión para tratar con algunos de los miembros del capítulo con calma y sin prisa, encontrando que son gente muy maja y con ganas de ayudar. Así aprende del funcionamiento del Oráculo y del proceso para ser recibida por la Pythia. Es en estas conversaciones que cerca del mediodía llega Argos, y juntos toman una mesa y la joven le pone al día de sus eventos en Heraklion. A diferencia de ella, el joven está confuso, no sabe muy bien qué hace en la ciudad ni qué hacer. Cuando el Presidente de toda la asociación de moteros llega el ambiente cambia, a medida que todos los miembros del capítulo salen a recibirle como viejos amigos que hace tiempo que no se ven, y son ellos los que le dicen que Zoi ha afirmado ser también una nueva Elegida como respuesta a su historia de Encrucijadas y centauros. Así que los tres acaban en la misma mesa, tres personas muy diferentes marcados de igual manera, y que lentamente empiezan a conocerse a lo largo de esa tarde y la cena luego esa noche en el centro de la ciudad. ¿Quien diría que justo en el restaurante prepararían gyros cuando no los cocinan nunca, justo cuando Argos ha dicho que tenía ganas de unos? Entre bromas, robos de móviles y piruetas raras, comentarios sabios, carreras para demostrar la velocidad sobrehumana y un poco intentar entender por qué el mundo estaba poniéndose de pronto del revés, discurrió la noche y regresaron al club preparándose para el ascenso de la mañana siguiente.

Subir al encuentro del Oráculo es un esfuerzo sobre el camino de tierra que millones de pies han hollado durante tresmil años. Aunque no afecta a Zoi que con su infinita energía podría hacer la subida y bajada sin que se le acelerase el pulso. Y a esas horas la subida, junto a otros muchos peregrinos, va acompañada de los primeros que ya regresan, algunos felices por lo descubierto, y otros destruídos por el rechazo o por lo que el porvenir les guardaba. La cola para que el Archieréas de Apolo juzgase los sacrificios era larga y perderían el momento del cénit del sol, pero Aleksei con su historia de que son Elegidos consigue que la gente les deje paso entre aclamos de epai por parte de los devotos. El motero está dispuesto a sacrificar su Bucéfala y el Piloto del Carruaje Solar acepta su sacrificio y le permite ver a Helena, la Pythia Tagmatárchi; Zoi entrega la foto de uno de los momentos más perfectos de su vida, que es consumida en las llamas del mismo modo que desaparecen los laureles que porta para conseguir el perdón de Apolo por contravenir a su surfista Elegido y también ella puede entrar en el mayor de los templos oraculares; finalmente Argos sacrifica el medallón de su difunta madre, recuerdo imborrable de ello, y el Arquero Solar aprueba de su entrega concediéndole acceso al mismo sagrado recinto.

De lo que allí ocurrió no nos corresponde hablar. Ni siquiera nosotras debemos ganarnos la ira del que puede Extender la Plaga con una flecha envenenada. Sería como mínimo incómodo, y sin duda peligrosa. Así que no repetiremos lo que ocurrió entre las sagradas paredes donde la joven Pythia respondió a una pregunta de cada una de ellos. Pero lo que sí podemos decir es que salieron con los divinos regalos que les correspondían: el anillo y la moto de Aleksei, los patines y el martillo de Zoi, las zapatillas y el medallón de Argos. Y que, por mucho que hubiera conseguido la respuesta y revelación a su pregunta, el joven Elegido de Dionisio seguía igual de confuso, a diferencia de la Elegida de Hermes y el Elegido de Hecate que se vieron reforzados en sus caminos (el del motero más claro para él que el de la camarera).

Y de ahí a las oficinas de la Liga donde incluirse en los registros de Elegidos. Un trámite burocrático que les permite conocer a Eléftheros Parmenides, reciente Elegido de Eris de la ciudad de Themiscyra. O bueno, de las cercanías de la polis, pues en la urbe de las amazonas no pueden entrar los hombres salvo que sean extranjeros de paso. Las conversaciones entre los cuatros se alargan entre las esperas para hacer los papeleos, entre planes de abrir nuevas sedes del club en Heraklion, hacer fiestas que les permitan recaudar fondos en Panteon.org y el posible objetivo de ir a buscar el desaparecido navío Bellocino. Y silencios incómodos, momentos extraños y un poco de caos, lo propio de los primeros pasos de quienes no tienen muy claro cómo o qué deben hacer ahora. La libertad de los aqueos puede ser una carga a veces, a diferencia de la claridad dogmática de los persas o el claro conflicto militar de los irlandeses.

Pero ese es el precio de la libertad, bajo la cúpula sagrada creada por la Égida. Y aquí debemos detener el relato por ahora pues debemos retroceder en el tiempo para encontrar a las otras dos hebras que deben llegar a este encuentro. 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Paraiso Perdido 27: Una vida para amaros

Paraiso Perdido 25: Requiem por un sueño

Paraiso Perdido 32: Sin luz, sin luz