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Sangre y acero

Ezequiel Tovar, obispo de Málaga, se sentía muy mayor. Mucho más de lo que correspondía, pero es que el último año pesaba como un siglo. Casi doce meses antes, en la misma nave en la que ahora se encontraba, las espadas habían resonado y los caballeros se habían enfrentado, divididos entre los partidarios de ambos hermanos Medina-Sidonia. Y ahora, frente a él, se encontraba la hermana de ellos dos, preparándose para contraer nupcias con Arévalo de Yañez, Guardián del Sur. Un hombre que había demostrado más que de sobra su crueldad y brutalidad en los pocos meses que llevaba controlando el Condado y cuyas ansias de poder no iban unidas a ningún tipo de honor ni comedimiento. Pero, puesto en el cargo por el Duque de Alba, pocas voces osaban oponerse a sus movimientos, incluso cuando "invitó" a permanecer con él a los hermanos que podrían heredar el condado... y cuyas vidas, una vez las nupcias se contrajesen, probablemente no fuesen a ser tan largas como se esperaba.

Pactar con el Diablo

La multitud vociferaba excitada e inquieta alrededor del patibulo, removiéndose de un lado para otro. Una suave llovizna, casi un calabobos, apenas mojaba sus pieles y sus ropas mientras, lentamente, el reo principal y sus dos hijos trepaban los escalones de madera en dirección a su ejecutor. "¡Asesino!" , "¡Traidor!" , y otras lindezas del estilo se escuchaba a la multitud escupir mientras observaban al enemigo avanzar en dirección a su final. Y no era para menos. Por su culpa, sus hijos y sus hermanos, sus padres y sus maridos habían marchado a la guerra durante cuatro largos meses... y muchos se habían quedado en aquellas tierras, víctimas de la espada o la peste.

El Resurgir del Fénix se Hace a Través del Fuego

Ernesto de Alarcón meditaba sentado en el trono de su padre en Burgos. La sala permanecía vacía frente a él, y sólo el leve titilar de las antorchas en las paredes causaban movimiento, al cambiar la proyección de las sombras del lugar. Pero, ¡finalmente había conocido a la pieza que necesitaba!

El Mundo Desde Abajo

Escuchadme, pequeños, porque vosotros veis las cosas con demasiada inocencia. Cada día, os veo jugando con los demás niños de la aldea a las guerras y a las batallas, imitando ser los nobles que no somos. Pero lo que contáis y disfrutáis, como juego que es, dista mucho de la verdad. Os voy a contar cómo fueron aquellos años de mi infancia en los que la guerra partió mi mundo en dos.

Acero al Atardecer

Su caballo piafó bajo él, podía notarlo en tensión, nervioso ante los gritos y los olores que les rodeaban. La gente conversaba, gritaba, y animaba a un caballero o al otro, y los olores de la comida se mezclaban con el sudor, la sangre y los animales. A él no le importaba nada de eso. Bajo su casco de acero, el Caballero del Buitre sonreía.

La Dama de Negro

Las calles de aquella zona de Barcelona permanecían prácticamente en silencio. Sólo el chillido de las gaviotas en el cielo y el traqueteo del pesado carromato de madera rompían la quietud del sudario que descansaba sobre ella. Entre crujidos, el vehículo avanzaba por las callejas guiado por un hombre de mediana edad vestido con unos ropajes marrones y bastos; él azuzaba a la vieja mula que hacía desplazar la pequeña superficie de madera con postes y ruedas. Tras ella, avanzaba otro hombre, similar al primero aunque algo más joven, y que se cubría la nariz y la boca con un paño mojado para tratar de disimular el hedor.

La Cruz de Fuego

La villa amurallada se encontraba reunida prácticamente en su totalidad en la plaza frente a la pequeña iglesia que dominaba el centro. Sin embargo, no se encontraban allí por acabar de salir de la capilla, ni porque se celebrasen festejos. Estaban allí, atemorizados, esperando sentencia. El Padre Ignatius salió de la capilla, vestido con sus ropajes blancos y negros, con la dignidad que le confiaba su tonsura cuidada y sus manos suaves. Sin embargo, la mirada del dominico destilaba fuego puro.

Libertad Ansiada

Bajo él, la gloriosa ciudad de Granada se encontraba abrazada por los bárbaros brazos del ejército cristiano. Se aproximaba el final y podía notarlo: los defensores estaban dispuestos, los enemigos tenían listas las escalas, la voluntad estaba lista. Incluso las catapultas habían callado, habiendo barrido ya los almenares... palabra que sus propios ancestros habían traído a la península.

Cruz y Acero

Ezequiel Tovar, Obispo del Condado de Málaga, era un hombre mayor, con el pelo canoso recogido en una tonsura cuidada y unos ojos severos que observaban el mundo desde una nariz aguileña y afilada. Era un clérigo duro, que ahora tenía su catedral llena a rebosar de nobles, clérigos y villanos. Frente a él, arrodillado, Guzmán de Medina-Sidonia esperaba en silencio mientras los monjes del atrio cantaban con sus numerosas voces en coros profundos y graves. Todo el edificio parecía retumbar con sus vibraciones, mientras la nobleza esperaba que finalmente llegase el final del conflicto.

El Honor de los Medinaceli

Jorge de Medinaceli, Duque de la Casa de Medinaceli, se encontraba disfrutando de la compañía de una de las jóvenes e impresionables nobles que acudían aquellos días a Toledo. Ella, bella e inocente como una flor, le entregaba casi sin darse cuenta todo lo que debería haber permanecido intacto e inviolado para cuando se uniese a algún hombre en Santo Matrimonio. Para Jorge, con su poder y habilidad, no había sido difícil seducirla pero la verdad es que aquella noche él quería un placer tranquilo y sin complicaciones; bastante tenía con todo lo relativo a la alta política que se estaba celebrando durante aquellos días. Demasiados nobles, demasiado juntos.

Lección Sobre el Condado del Infantazgo

Sentaos, joven Señor, que tenéis mucho que aprender sobre estas tierras que ahora son vuestras. Desde esa ventana podéis divisar toda Segovia, y más allá las llanuras y fértiles tierras de este Condado que habéis heredado, que llega hasta las montañas que podéis divisar en la lejanía. Pero, para poder gobernarlo con efectividad, y si algún día queréis ser un buen Duque, debéis conocer su historia. Así pues, mi Señor, por favor, tomad asiento que os voy a contar como todo esto llegó a ser como es hoy en día.

Oro Sobre Púrpura

-¡Imagínalo! ¡Sólo eso! Dentro de unos meses, todo esto lleno con los pabellones de los caballeros, los demás nobles, las Casas...- los ojos del joven Rey Alfonso XI brillaban mientras observaba la explanada a su alrededor. Y ciertamente, la llanura frente a Toledo se encontraba poco habitualmente ocupada. A una cierta distancia, una cuadrilla de trabajadores estaba comenzando a construir los palcos donde los nobles se sentarían; varias carretas estaban llegando, cargando maderos y otros materiales de construcción, y los guardias de la Casa Medinaceli patrullaban aburridos por la zona. Incluso un mercader se había acercado, pensando en vender bocadillos o encurtidos a los trabajadores, quizás con un poco de agua o cerveza.

La Fuerza de la Piedra

Elevada entre los picos del Paso del Sur, en el Macizo Galaico, hay una fortaleza. Construida hace casi doscientos años, observa el mundo con tranquila y sólida paciencia, desde su incomparable altura. Dicen que ella es la más antigua, alta de todas, y la más inexpugnable, pero ella simplemente espera. A qué, nadie lo sabe.

Palabras y Acero

Delante de él, dos de sus hidalgos discutían con vehemencia y pasión, algo de lo que Antonio de Alba estaba ya cansado. Sus numerosos caballeros llevaban así, por una u otra razón, toda su vida y los gritos parecían clavarsele ya en el fondo del alma. -Silencio- solicitó, pero con los gritos era obvio que no le escucharon siquiera; de hecho, el Caballero del Dragón parecía dispuesto a desenfundar inmediatamente- ¡Silencio, he dicho!-

Sobre los Mares del Destino

Josep de Cruilles salió de la lujosa casa con una amplia sonrisa en su cara, y un trotar ligero y feliz. Delante de él, la guardia de su Casa se movilizó para asegurarse que nada le pasaba en mitad de Barcelona, pero él ni la vio; él estaba demasiado pendiente de los olores de las casas, de los colores de los edificios gremiales, y de los sonidos de la vida del pueblo llano. Había sido una buena mañana. Detrás de él, Llordi de Cruilles, su consejero, salió trotando, tratando de mantener su ritmo.

A Vista de Águila

Frente a él, la llanura de Castilla se extendía como un mar amarillo mecido suavemente en olas por las leves brisas del viento. Siempre le había gustado aquella vista más que ninguna otra, más que las elevadas vistas de la torre norte que daban sobre Burgos. En el fondo, quizás, Alfredo de Alarcón era un hombre sencillo. Tal vez, incluso, muy en sus profundidades echase de menos la tranquila paz del monasterio.

Los Perros de Torres

La mañana era fría, con un cielo azul pálido que más parecía hielo que otra cosa. Sólo un par de nubes osaban romper su monotonía, y de sus alturas descendían los chillidos de algunos pájaros. Había algún tipo de olor a naturaleza flotando en el aire, quizás a tierra mojada, o a cedro, no lo tenía muy claro.