Martes
Martes. Mal día para hacer negocios. La Predator de mi bolsillo me recuerda que es el día en honor al Dios de la Guerra y nada bueno puede ocurrir bajo su vieja mirada. Mis contactos dicen que es una superstición tonta, pero a mi me ha servido. Y, aquí estoy, cual profecía autocumplida, dispuesta a honrar el antiguo dios con pólvora y plomo. La moneda del oficio, al fin y al cabo. Los cuerpos se mueven entre espasmos, fruto de la mezcla de las drogas de diseño que corren por sus venas y la potencia de los bajos y las luces estroboscópicas que llenan la discoteca. Sus feeds digitales guian sus mentes abotargadas por los pasos de baile, buscando impresionar al puto barato con el que bailan, o a la matona de la barra que se hace la dura mientras luce los colores de los Devoradores de Almas . Tontos pretenciosos, pero el baile es el baile. Así lo llamaba un rostro con el que trabajé varias veces, uno más interesado en la poesía de las sombras que en la mierda que se mueve en ellas. ...