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La amarga persecución de la Verdad del mundo

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La iluminación del plató ganó fuerza con el cambio de segmento. Las cámaras descendieron de sus posiciones altas mientras CAM1 se centraba en un primer plano de Tatiana sentada a la mesa. Como siempre, el teleprompter permanecía vacío, pues la Elegida de Atenea improvisaba sus segmentos y textos según le inspiraba el momento, algo que había costado mucho conseguir con sus productores. Su voz, tranquila, profesional, rica, llenó el aire mientras su mirada se centraba en la lente que la grababa como quien habla con un amigo digno de confianza. -Para el último segmento del programa de hoy, advertimos que las imágenes pueden afectar a personas sensibles y recomendamos que los niños no las vean.- Una pequeña pausa para efecto y dar tiempo a que la gente pueda salir del Canal 8 si no quieren ver lo que va a venir. Su sonrisa transmite que no pasa nada, que ella está con ellos para guiarlos y acompañarlos aunque lo que venga sea truculento. -Estas son imágenes tomadas hace una semana ...

La promesa envenenada

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Apolinia se removió por enésima vez en un minuto, cambiando las sábanas de posición y reajustando la almohada con fastidio. Odiaba estar presa en un hospital, no lo necesitaba, su cuerpo sanaría por si mismo con tiempo. Una bomba de nada no la iba a detener, solo le daba más motivación para levantarse de la cama y ponerse en marcha. Pero no podía, se lo había prometido a Epíone, la Elegida de Aceso que había venido de Néa Athína para atender a los heridos del atentado. Irónico que fuese una ateniense la que estuviese curando a espartanos.  -Voy a reventar a esos prometeanos. Voy a esparcir sus intestinos y derramar su sangre sobre un altar como tributo de una buena cacería en nombre de Artemisa y como mensaje a todos los otros idiotas que hay sueltos por ahí. ¡¿Cómo se atreven?!- -Eso ya lo has dicho, honorable Diarca.- La voz de Menelao llega quebrada desde la cama de al lado, el joven todavía está con fuertes dolores porque se ha negado a recibir anestesia, o cualquier medicina p...

El centro colapsa

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La majestuosa estatua de Zeus se alza, dominando el templo. Sentado en su trono, bajo la corona de laurel de oro, la mirada del glorioso rostro es adusta, severa, noble. El mármol de su piel sostiene en la mano derecha una representación de Nike, y en la izquierda su báculo de soberano coronado por el águila que es símbolo del Rey del Olimpo. Situado frente a esa estatua, del otro lado de la piscina de aceite que la preside desde hace dos milenios y medio, Ajax observa a su Patrón en silencio. Pero la ausencia de sonido por su parte no oculta la preocupación de su gesto.  Los Juegos han terminado en tragedia, un desafío al Portador de la Égida como no ha habido en memoria de nadie viviente. Él lo sabe bien, no en vano es el aqueo más anciano. Su avanzada edad no da respuesta a las preguntas que tiene. ¿Por qué Zeus no desató su ira y su furia contra aquellos culpables del atentado contra los juegos en su honor? ¿Qué espera el monarca divino que se haga ahora en su nombre? Pero, com...

Panegírico para Kidemónas

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Contad, ¡oh Musas!, la vida y muerte de Kidemónas, hijo de Helios y la hermosa Electra, cuyo mismo nombre habla de su tragedia. Guardián, por denominación y por misión, ahora su sangre se vierte sobre Gaia, titán por derecho de herencia. Recuerda, ¡oh Mnemosyne!, su crianza en la diminuta isla de Koufonisia, un muchacho terco y obsesionado por la disciplina que su mentora Tethys de las Profundidades le impartió, recuperada ya de la muerte de su hijo Achilleús frente a las murallas de Ilion. Cuenta, ¡oh Urania!, las duras lecciones, las pruebas, las luchas, de una infancia demasiado breve y una adultez demasiado prolongada. De un servicio antes que un niño, de un guerrero antes que un hijo, de un vigilante antes que un amor.  Describe, ¡oh Talía de las Flores!, el brillo de un pelo radiante como el sol y la confianza de un joven que marcha a su misión. De la llegada a Sikilia, a los pies del monte Etna de funesto destino y el comienzo de su prolongada vigilia en tiempos en que Erató...

La Furia contemplativa

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Sin duda, así no era como esperaba volver a visitar Olympia, tras el viaje que había organizado el instituto cuando era un estudiante. Y sin embargo, aquí estoy, entre las gradas vacías, los palcos destruidos y los restos del atentado. Supongo que esto me pasa por ser el "principal experto" en prometeanos, o cualquier cosa que se quieran inventar los de arriba. Viaje pagado para intentar resolver esta atrocidad, pero yo no soy investigador, deberían haber convocado a alguno de mis compañeros inspectores de la policía o de contraterrorismo, o algo por el estilo. Pero bueno, supongo que mi Matrona y su nombre son suficientes para que los olímpicos se sientan más seguros, en vez de un mortal. Veamos qué tenemos y pongámonos en marcha o sino no voy a terminar en mil años. La tablet tiene los datos que ya no puedo ver a simple vista, pero eso mejor esperará. Como ha salido en todas las noticias, la bomba estaba claramente situada bajo el palco espartano. Prácticamente ha desaparec...

Fragmentos de mi otra vida

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Verle así me entristece. No hay mucho que pueda hacer, pero me da pena. Los días buenos son una sucesión de momentos de acción y proclamas de ira. Los días malos son recuerdos amargos y llantos. Y yo no se muy bien qué hacer en ninguno de los dos. He intentado pensar qué harían Aleksei o Zoi, he intentado contarle alguna de mis aventuras, le he retado a duelos de orthopalé como en las olimpiadas. Nada funciona en realidad. Según Xcion, Kritias sigue en Venetia. No sabe nada pero el plan es humillarlo para vengarse de Apolo. Es un buen plan, supongo. Mejor que cualquiera que yo pudiese pensar. Así que ahora esperamos el avión y veo a Parmenides sentado en su silla del aeropuerto, la cabeza entre las manos, sollozando. Me ha contado otra vez la historia de lo orgulloso que estaba su padre cuando le llevó por primera vez al entrenamiento profesional. Es uno de los malos días.   Yo sigo con la sensación rara. Como si una parte de mi que ya no existe supiese cómo había que tratar ...

Los Misterios

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  La luz de Helios comienza a brillar levemente sobre Heraklion, pero Eliseo todavía permanece en las sombras. Mucha gente se escandalizaría por lo que ocurrió a lo largo de la noche en la primera planta, con sus intercambios sexuales, las representaciones obscenas de bailarines en las tarimas y el libertinaje general bajo sus decoraciones de viñedos y sus luces estroboscópicas. Más gente se escandalizaría de lo que pasó en la primera planta bajo tierra, con sus habitaciones privadas, los intercambios de drogas, el uso y disfrute de esclavos y mujeres libres, las ataduras y los juegos de poder, los contratos sexuales y tantas otras cosas. Pero sin duda, todos se escandalizarían por la tercera planta con sus mazmorras, la sangre como camino al éxtasis por medio de látigos y cadenas, esposas y trajes de látex que apenas dejan respirar.  Muy pocos conocen la planta que se esconde bajo esa. Aquella a la que solo los miembros del Culto de Dionisio pueden acceder. Y todos se llevarí...

Bajo la Égida del Pantheoi 18: Ares a las puertas

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Las cuatro naciones de los aqueos nunca encontrarán la paz y la unidad que tienen nuestros vecinos egipcios al sur. Dos dioses de la guerra y miles de años de los dioses recordando sus anécdotas de la Titanomachia, de la Gigantomachia, de la Guerra de Ilion o las múltiples Guerras del Peloponeso, o la masacre de los Etruscos. Al fin y al cabo, venimos todos del Kaos primordial y ponerse de acuerdo en la familia es casi imposible.  Ante lo descubierto, Zeus exige a Hekate que se presente ante su trono a rendir explicaciones. Pero la diosa no es vasalla del Rey del Olimpo sino una moradora cthóntica del Hades, y no rinde pleitesía ni explicaciones al que Esgrime el Rayo. Ante su negativa, Ares con soberbia se pone en marcha para solucionar las cosas a su manera, apartando a la diosa triple con un fuerte empujón y la sonrisa brutal de quien espera el espectáculo de una buena masacre. Y sus hijos se ponen a su lado camino de la salida del Olimpo. Y en esa tierra, ese valle de grandes e...

Belle Epoque salto temporal: Escenas desde la balaustrada 4

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Los pinceles han trazado una imagen oscura, de fuertes contraluces con negros severos y pálidos blancos. Dos manos que se intentan tocar pero la tez firme de un padre las separa. Para siempre, inapelable, sus ojos fieros se interponen porque lo que debe ser será, y un pintor que nada será no será. Es una sentencia, un final, una condena. Un amor sellado en el terreno de lo imposible, para dejar espacio a que surja un matrimonio marcado por la conveniencia, con sus dorados y plateados tonos que caen sobre el cuadro como monedas y anillos.  En el siguiente atril se ve un escenario. Una pared oscura está interrumpida por una puerta abierta que deja ver la calle nocturna de París del otro lado, iluminada por una tenue luna que asoma por encima de los tejados de los edificios que circundan la Sorbona. Solo un objeto está presente en el lugar: una maleta de cuero, gastada y maltratada por el uso, que está posada frente a la puerta, presta para ser llevada más allá. Una vida entera guarda...