Panegírico para Kidemónas
Contad, ¡oh Musas!, la vida y muerte de Kidemónas, hijo de Helios y la hermosa Electra, cuyo mismo nombre habla de su tragedia. Guardián, por denominación y por misión, ahora su sangre se vierte sobre Gaia, titán por derecho de herencia. Recuerda, ¡oh Mnemosyne!, su crianza en la diminuta isla de Koufonisia, un muchacho terco y obsesionado por la disciplina que su mentora Tethys de las Profundidades le impartió, recuperada ya de la muerte de su hijo Achilleús frente a las murallas de Ilion. Cuenta, ¡oh Urania!, las duras lecciones, las pruebas, las luchas, de una infancia demasiado breve y una adultez demasiado prolongada. De un servicio antes que un niño, de un guerrero antes que un hijo, de un vigilante antes que un amor. Describe, ¡oh Talía de las Flores!, el brillo de un pelo radiante como el sol y la confianza de un joven que marcha a su misión. De la llegada a Sikilia, a los pies del monte Etna de funesto destino y el comienzo de su prolongada vigilia en tiempos en que Erató...