Belle Epoque salto temporal: Escenas desde la balaustrada 4
Los pinceles han trazado una imagen oscura, de fuertes contraluces con negros severos y pálidos blancos. Dos manos que se intentan tocar pero la tez firme de un padre las separa. Para siempre, inapelable, sus ojos fieros se interponen porque lo que debe ser será, y un pintor que nada será no será. Es una sentencia, un final, una condena. Un amor sellado en el terreno de lo imposible, para dejar espacio a que surja un matrimonio marcado por la conveniencia, con sus dorados y plateados tonos que caen sobre el cuadro como monedas y anillos. En el siguiente atril se ve un escenario. Una pared oscura está interrumpida por una puerta abierta que deja ver la calle nocturna de París del otro lado, iluminada por una tenue luna que asoma por encima de los tejados de los edificios que circundan la Sorbona. Solo un objeto está presente en el lugar: una maleta de cuero, gastada y maltratada por el uso, que está posada frente a la puerta, presta para ser llevada más allá. Una vida entera guarda...