El centro colapsa
La majestuosa estatua de Zeus se alza, dominando el templo. Sentado en su trono, bajo la corona de laurel de oro, la mirada del glorioso rostro es adusta, severa, noble. El mármol de su piel sostiene en la mano derecha una representación de Nike, y en la izquierda su báculo de soberano coronado por el águila que es símbolo del Rey del Olimpo. Situado frente a esa estatua, del otro lado de la piscina de aceite que la preside desde hace dos milenios y medio, Ajax observa a su Patrón en silencio. Pero la ausencia de sonido por su parte no oculta la preocupación de su gesto. Los Juegos han terminado en tragedia, un desafío al Portador de la Égida como no ha habido en memoria de nadie viviente. Él lo sabe bien, no en vano es el aqueo más anciano. Su avanzada edad no da respuesta a las preguntas que tiene. ¿Por qué Zeus no desató su ira y su furia contra aquellos culpables del atentado contra los juegos en su honor? ¿Qué espera el monarca divino que se haga ahora en su nombre? Pero, com...