El poder de los laureles
-Siempre he dicho que si algo puede robarle el poder y el protagonismo a los dioses, es esto...- desde su palco, el Rey Philippo VIII de Pella movió el brazo para abarcar el estadio frente a él, lleno hasta los topes de asistentes, banderolas de las distintas polis , y atletas paseando tras las enseñas. -¿Las Olimpiadas, querido marido?- el sarcasmo cariñoso en la voz de la Reina le quitaba peso a las afirmaciones, que habían alzado la mirada de más de uno de los asistentes. -Sin duda son el mejor ejemplo, pero me refería más bien a los deportes. Según las últimas cifras de audiencia que he visto, hay más gente viendo las carreras del stadio durante la liga anual que gente que atiende a los grandes oficios; y no hay mucha menos que preste atención a las carreras de vehículos o a los torneos de lucha.- -Cuidado con vuestras palabras, Majestad, estamos en Olympía, Zeus el Portador de la Égida todo lo escucha en su ciudad preferida- Argo, su consejero de confianza s...