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La Edad de Plata 14: la Edad de Bronce

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Así terminó la Edad de Plata, la edad de los héroes, y dio comienzo la Edad de Bronce, el tiempo de los mortales. Hubo que viajar a Persia, donde convencer a los guardianes de la muerte que dejaran a los scions reunirse con la Reina Ereshkigal y que ella les permitiese liberar temporalmente a Enkidu. Hubo que convencer a Tiamat y a Ishtar de que colaborasen a la hora de hacer entrar en razón a Gilgamesh. Y juntos, los persas accediesen a invadir a los Primordiales, junto a los dioses aqueos.    Al final de la Edad de Plata hubo que viajar a convencer a los hebreos de que David debía promulgar una ley que prohibiese adorar a Yahve con motivos egoístas. Y así, el Dios que no Interviene se viese aislado y, con él, el resto de sus seguidores, capaces de negar al resto de los dioses y sus hijos.    Cuando terminaba la Edad de Plata hubo que viajar a Egipto, y convencer a Thoth de poner en marcha la versión menor de su plan. Hubo que convencer a Horus de la pertinencia del...

La Edad de Plata 13: Imposibles Posibles

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  Los Hijos de Tuireann han robado reliquias por la Hélade, por Persia y finalmente en Italia. Sin embargo, confrontarlos no permite recuperar las reliquias, sino acaso algo más valioso, pues Mannanan Mac Lir es capaz de recuperar los restos torturados del alma de Farideh que permiten recuperar a la reina de Persia. Y eso inicia una cadena de proporciones cósmicas cuando Ahriman mismo se presenta, para intentar evitar la futura intervención de Ahura Mazda. Luz y oscuridad en eterno conflicto, orden y caos por siempre enfrentados.   Tras restituir un posible futuro mejor a Persia, le llega el turno a Egipto. Y entre argucias, la Corona del Alto y el Bajo Egipto es recuperada para descubrir que es falsa. Descubrir la localización de la verdadera requiere la intervención de Ishtar, que lleva a los semidioses al reino de los Dioses egipcios, donde Thoth sabe donde se encuentra la corona. Pero, más relevante, Thoth tiene una hipótesis, una idea, una locura. Una forma de terminar co...

La Edad de Plata 12: Fantasmas

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  La ira de los Dioses es terrible de contemplar y vivir, pero hay algo peor que ella: el hambre de los Dioses. Como niños habituados a tener todo el poder y los recursos, que lloran cuando tienen hambre, los Dioses son capaces de exigir hasta lo más terrible cuando eso va a saciar su apetito. Y las consecuencias no les importan.    Kairos debe matar a Aegeus, a quien respeta y quiere proteger, porque su padre enfadado lo ha ordenado. Io intenta revivir las polis griegas, arrasadas en los combates y guerras. Y Elektra debe sacrificar a su amigo de la infancia, enamorado de ella desde hace años, porque su padre así lo exige.    Y es que los Dioses no negocian, no pactan, no respetan. Los Dioses exigen obediencia y fe, ciega y completa, sin sombras. Una vida entera de servicio y fe puede verse empañada por completo por una única falta, un único agravio, una única ofensa. Y el resultado es un mundo habitado por los fantasmas de los que quisimos, de los que odiamos...

La Edad de Plata 11: la Espalda de Atlas

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El ascenso del tirano Minos a la divinidad, robada del cadáver de Herakles, abre la posibilidad para que Dédalo y su hijo Ícaro finalmente puedan huir del Laberinto. Pero Ícaro vuela demasiado cercano al sol, y los dorados rayos de Apolo derriten la cera que mantiene las alas unidas, precipitando al joven contra la muerte. Y es que el hubris del mortal que se cree que puede volar como los dioses, tiene un precio desmedido.    ¿Pero qué se puede hacer con el hubris de los propios Dioses, que en su ira y furia han dejado toda la Hélade en ruinas? Desde el norte, conquistado por los bárbaros, al sur, arrasado por los monstruos marinos, desde los campos de batalla de Atenas, a las ruinas de los templos de Samotracia. Las respuestas a eso, son propias de cada uno.    Aegeus abandona definitivamente el mundo, roto por el precio que tiene cambiar nada. Io se retira a las ruinas de Ilion a la soledad y la tranquilidad. Elektra marcha a Roma a fundar un panteón nuevo, a Júpi...

La Edad de Plata 10: Festín de Cuervos

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  Los campos frente a Atenas están cubiertos de cadáveres. Atenienses todavía aferrando lanzas partidas, espartanos con sus escudos hendidos, corintios con sus espadas rotas. Ares ha muerto, atravesado por la lanza de Atenea. Como Zeus, apresado, ha sido herido por la daga de Hera. Los muertos se alzan y caminan, luchando contra los vivos, y los mares devoran a aquellos que se enfrentan al camino de Poseidon hacia el trono del Olimpo. Los cuervos festejan en los cadáveres de los nobles caídos, como Alastair y Polemos, hijos de Ares, derrotados por los hijos de Atenea.    Pero el ocaso no solo cae en la ciudad de Atenas, donde el ultimo de los rayos de Apolo anuncia la llegada de Nyx. Sino al norte, donde Elektra a solas se enfrenta a los dioses bárbaros, igual que Kairos hizo en el mar de Mykonos. Pero en la capital macedonia, el panteón bárbaro es el fuerte, y sus héroes imparables, obligando por primera vez a que la hija de Zeus huya, herida de gravedad.   Y al sur...

La Edad de Plata 9: Vida y Muerte

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  Los cielos llueven furia cuando los Dioses marchan a la guerra, pues su ira los hace temblar y colapsar como montañas de papel. Y bajo el mundo, en el Hades, los muertos atrapados en el medio del conflicto, se enfrentan en el caos para tratar de cruzar un Estigia para el cual no tienen pago. Y es que el reino de los muertos se encuentra tan desorganizado y caótico como Grecia o el Olimpo, ahora que el Rey pasa tanto tiempo enfrentándose a sus hermanos y descuidando su reino.    Pero eso no hace que el tránsito por su reino sea menos peligroso para quienes no solo no deberían encontrarse en él, sino que esperan escapar de allí con vida. Damokles, muerto tiempo ha, es el guardián que vigila la puerta donde Sofia permanece encerrada por Hades; pero en vez del combate con Kairos que Thanatos deseaba, lo que surge es un resentimiento inesperado de hijo por padre. De allí al Tártaro donde, a los pies de la montaña donde incesantemente Sísifo sube una roca, Helena, la esposa d...

La Edad de Plata 8: Profecías, Guerras y Amores

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  Cuando la nueva Pythia llegó a Delfos, hizo una nueva profecía: que los Dioses abandonarían el Olimpo y sus pisadas destruirían el mundo que conocemos. Y, tras la liberación de Eris de su prisión, el caos y los Dioses se han desatado.    Poseidón, a petición de su hijo Kairos, parte la tierra, separando para siempre la Grecia continental de la ahora isla donde permanece Esparta. Pero tal gesta despierta la ira de Ares, que detrás del ejército espartano, quiere la guerra para la cual necesitaba el paso de Corinto. Su intervención requiere la aparición de Zeus, seguida de la de Hades, y la escalada in crescendo recorre todo el mundo aqueo con tormentas, terremotos y maremotos. Las ciudades costeras son arrasadas por los elementos, las flotas hundidas bajo las aguas, la gente muerta ante la ira de los Dioses.    Una ira que no se detiene ahí, sino que sacude las murallas de Atenas cuando Sofía y Polemos se enfrentan, y con ellos sus padres Atenea y Ares, y con e...

La Edad de Plata 7: la Mano que Mece la Cuna

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  Era la mano de Pausanias la que mecía la cuna. Suyos los peones que enfrentaron a aqueos y persas, suyos los planes que fueron frustrados cuando ambas facciones no fueron a la guerra. Y, con ellos, puerta abierta quedó al crecimiento de Minos para oponerse a Zeus y usurparle el trono del Olimpo... si creemos las cosas que el Rey de Rodas, hijo de Eris, dijo antes de morir. Pues su sino, como el de todos, es caer en el reino de Hades y honrar al que recibe muchas visitas con su alma, camino de los Campos Eliseos o del Tartaro. Sin embargo, su madre se presenta ahora, ¿y quien puede adivinar los designios de Eris?   Sin embargo, las manos de los héroes que ponen fin a la vida del hijo de Eris no se encuentran libres de sus propias dudas y conflictos. Io, atrapado entre honrar a su padre y arrasar Atenas, y defender a su amada y esa misma ciudad. Elektra, dividida entre su influencia persa y su influencia aquea, un puente entre dos reinos separados. Y Kairos, luchando por defen...

La Edad de Plata 6: Emociones Desatadas

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  La ira de los dioses se despierta con facilidad. Unas palabras dichas en la orilla le valieron a Ulises una década alejado de Ítaca, y el mismo resultado casi tuvo su ayuda cuando Sofía incurrió en la ira de Poseidón. Por eso las amazonas abandonan nuestro mundo y se alejan, más allá de las nieblas, lejos de los choques entre dioses y mortales. Y por eso Kairós acepta el ostracismo al que le condena Atenas, porque su amor por su polis le lleva a sacrificarse para protegerla y tratar así de evitar que la ira de Hera caiga sobre ella.    Pero la venganza también es algo muy aqueo, si bien la justicia no lo es tanto. Venganza es lo que lleva a que Thekla asesine a su marido Timo durante su noche de bodas, como venganza por haberla violado y secuestrado. Y venganza, a su manera, es lo que lleva a Elektra a buscar la misma muerte de Timo, aunque a la hija de Zeus es el hubris el que la guía, la ambición de algún día llegar a rivalizar con los mismísimos dioses.   Tamb...

La Edad de Plata 5: Furia sin Límites

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  La furia de los dioses es infinita. La furia de Hera dejó malogró todos los embarazos de Atenas por las ofensas recibidas. La furia de Sobek destrozó la embarcación del Nilo ante una mera brisa de fuera del desierto. La furia de Perséfone casi acaba con la población viva de Mykonos. La furia de Kali llevó al asesinato de Farideh, la demonio del este. Su furia, por tanto, no conoce límites.   Pero son los héroes los que moldean el mundo con sus actos, sus aciertos y sus errores. Es la fuerza de Kairos la que derriba el templo de Hera en Samos, expulsando a Argos a la fuerza. La astucia de Io la que revela que la mano tras los incendios de Arcadia, sirviendo de puente para resolver el conflicto entre Perséfone y Hestia. Y es el encanto de Elektra la que abre la posibilidad de un encuentro entre persas, egipcios y aqueos que devuelva el alma de Farideh a su cuerpo, contraviniendo la voluntad de los dioses exteriores. Y es que, al final de la Edad de Plata, al comienzo de la Eda...

La Edad de Plata 3: el Tejido del Destino

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  En las calles de Cartago, la arena llevada por el viento muestra la disconformidad de sus dioses ante los astutos aqueos que se mueven en las sombras. En los palacios persas, las fiestas se engalanan de bailes y juegos para entretener a un Rey, pero bajo ese manto festivo se ocultan los puñales de los intereses de un imperio dividido. Sean los nobles cartagineses o los sátrapas persas, los hombres libres griegos o los mismos dioses, esa noche los destinos de todos ellos se cruzan con una fuerza inusitada. Porque por una noche, civilizaciones tan distantes como Persia y Cartago ven que su Destino es único y ata a todas a la vez.    Y sea por medio de los juegos de cama, entre susurros y caricias, donde se escuchan las voces silenciadas, o en las mansiones donde los nobles son transformados en piedra o reducidos con el golpe de pomo de una espada, los designios de los hijos de los dioses siguen adelante. Pero, cuando se muestra que, al final, Cartago es tan peón del Desti...

La Edad de Plata 2: en Costas Lejanas

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  ¿Cuánto intervienen los dioses en la vida de los mortales? ¿Es su designio que sople un viento del este que trate de evitar que un barco llegue a puerto, o qué cara del dado tetraédrico es visible al lanzarlo? ¿Ven lo que hacemos a grandes rasgos o en detalle? ¿Qué límites tienen sus poderes y capacidades cuando nos vamos del territorio de sus templos y fieles?    Todas estas preguntas pueden parecer irrelevantes en la vida de cualquier aqueo, pero cuando los helenos se encuentran lejos de sus tierras se vuelven extremadamente importantes. Y sea en los mercados de Cartago o en las cortes de Persia, nuestros héroes ahora se encuentran en misiones de gran importancia, y a mucha distancia de sus hogares. Pero, ¿acaso no son precisamente estas dificultades las que hacen que una historia sea del agrado del Destino?    Sea una partida de tablero que da pie a que una lechuza sea tomada como rehén y surjan divertidos juegos de la Corte, o sea en los barrios de mercade...

La Edad de Plata 1: el Final de la Era de Plata

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  En aquellos tiempos, los dioses decidían los designios y vidas de las personas desde cosas tan pequeñas como el momento apropiado para hacer la cosecha, al destino de los grandes imperios. Pero desde los ziggurats más elevados a los templos de Baal, desde las antiguas pirámides del desierto a los templos de marmol de las acrópolis, sus designios son opacos a los mortales, meros títeres en sus cuerdas de fe y poder. ¿Y qué pasa cuando se enfrentan, me diréis?   Entonces es cuando surgen las leyendas. Desde Herakles, atado por los designios contradictorios de Zeus y de Hera, a los romanos asimilando panteones a medida que conquistaban el mundo. Las leyendas, escritas con su tinta, son eternas pues su tinta está hecha de sangre, de sudor, de lágrimas y de ícor. Y al final, el Destino del mundo mismo está escrito con esa tinta única que hace que todo avance.    Pero al final de la Era de Plata, al comienzo de la era de bronce, todo eso iba a cambiar. Porque algunos de ...

El tiempo antes del tiempo

Hoy en día , los historiadores se afanan meticulosamente para catalogar las épocas del pasado, los eventos y el orden en que tuvieron lugar. Los arqueólogos hacen comparaciones, pruebas del carbono-14, análisis de restos del mismo periodo... todo con el expreso deseo de descubrir la historia de nuestros antecesores, desde los tiempos inmemoriales en que dejamos atrás al mono hasta el ayer. Pero, por mucho que lo intenten aparecen las incoherencias, contradicciones, imposibilidades. Faltan piezas, eslabones perdidos que deberían estar en algún sitio y que, sin embargo, no lo están. Y surgen esqueletos que creemos que corresponden a ciertos dinosaurios y enormes reptiles. Pero todo esto se debe a que es un intento futil. Los hechos no se produjeron en ese orden, ni exactamente en ninguno en particular, solo se produjeron. Y no se dieron lugar en el año x, o durante el reinado de tal o cual, sino que se dieron en ese espacio nebuloso del tiempo mítico, en el cual se forjan las leyendas. P...