El Nacimiento del Fuego
El puño del guardia se estrella contra su mandíbula, haciendo brotar una pequeña flor de sangre que prácticamente se congela antes de llegar al suelo. La sonrisa brutal del hombre trata de enmascarar el miedo que delatan sus ojos, pequeños y azules, que cuentan la historia de un terror atroz que solo puede ocultarse mediante el abuso de poder. No está solo, ni siquiera es quien manda, solo es un pequeño peón en juegos más grandes y vastos. Las puertas se abren frente a ella, la noche cegadora con sus antorchas después del largo encierro en la celda. Gritos ensordecedores resquebrajan el silencio, como una strigga escapando del vientre de su madre muerta. - ¡Bruja!- gritan unos, agitando con vehemencia sus aperos de labranza, amenazadores con la iluminación de las antochas. Otro de los guardias, un hombre más pequeño pero corpulento, la empuja desde detrás, haciéndola avanzar entre el gentío. Unas patatas vuelan y la golpean en la cara, una en el pómulo y la otra sobre una ...