Conócete a ti mismo
Cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad...
La polis de Delphi se baña, como siempre, en la cantidad perfecta de sol, favorecida como lo está por Apolo. No es la mayor de las ciudades de la Liga, más bien al contrario, es tirando a pequeña si se la comparte con Thebai, Athína u Ophioussa. Pero sus calles siempre están atestadas de peregrinos, de turistas, de viajeros, todos con el mismo objetivo que se alza sobre la urbe, en la ladera de la montaña. Hostales, hospedajes, venta de animales para el sacrificio, negocios todos ellos siempre en demanda en la ciudad, pero también hay numerosos mendigos, aquellos arruinados por el viaje hasta allí que no encontraron lo que buscaban.
El porvenir es peligroso amigo, y voluble amiga.
Para alcanzar el santuario, hay que ascender por un largo camino de tierra aprisionada por generaciones de ciudadanos, de reses y vehículos de suministro. Nunca se ha pavimentado en modo alguno, pues dice la tradición que hay que ascender por el mismo tal como lo hicieron los primeros antepasados de los aqueos, poco después de que el Sanador lo estableciese. Una senda flanqueada por templos menores, armerías llenas de tesoros de donativos pasados, pequeños palacios como agradecimiento al Auriga Celestial. Siglos de historia aquea se reúnen en esos edificios, algunos tan antiguos que datan de cuando los dioses caminaban por el mundo, o eso cuentan las historias.
Quienes coronan el ascenso llegan al antiguo complejo principal del oráculo. A diferencia de muchos templos que han sido reformados y modernizados con los siglos, el santuario de Delphi permanece como lo vieron nuestros ancestros hace milenios. O lo más cerca de ello que se puede, habida cuenta de que ahora hay cuatro santuarios adicionales construidos en los siglos posteriores al Acuerdo para dar cabida al creciente número de peregrinos. Pero el original sigue siendo el central, el santuario de la Pythia Tagmatárchi, la mayor oráculo de la Liga y, algunos dicen con confianza, del mundo entero. Otros edificios de oficinas y gestión del sacerdocio de Apolo se encuentran cerca pero siempre por debajo de los cinco satuarios de las adivinas, pues ni el Archieréas del Arquero se atrevería a ponerse por encima de sus cinco augures. Ni lo ha exigido el sacerdocio de Zeus cuando abrieron allí las oficinas de la Liga para asuntos de los Elegidos.
Lo cual me recuerda un misterio, ¿qué son las adivinas? ¿Son todas Elegidas de Apolo? ¿O acaso su relación con el destino las hace ser las favoritas de las Moiras, puestas al servicio del sacerdocio del Auriga? Nadie lo sabe con certeza. La leyenda dice que es el pneuma, el aliento, del Dios el que entra en ellas en el momento de la visión, surgiendo de las cuevas bajo el santuario donde el Arquero se enfrentó a la poderosa serpiente que da nombre al lugar. Sea cual sea la explicación, el misterio permanece y no es probable que nunca sea aclarado. Es, al final, una cuestión de fe, de aceptar el lugar de cada uno.
Y hablando de aceptación, para poder ser recibido por los Pythias uno debe presentar ante los sacerdotes una ofrenda de adecuado valor. Se sabe que el Profeta favorece los sacrificios vivos, especialmente los toros, pero también las cosas de gran valor. Y, como muchos millonarios han descubierto con los siglos, valor no implica caro. Aquellos que son dictaminados como sacrificios válidos por los sacerdotes, podrán acceder al recinto de las Cinco Pythias, marcado por el omphalos que lo identifica como el centro del mundo... y aquellos rechazados solo les queda descender el camino sabiendo que el Artista les niega lo que venían buscando. Algunos caen ante la desesperación, otros en la mendicidad, otros en la ira contra los dioses (un error fatal, si se me permite) y otros, los más sabios, simplemente aceptan que la voluntad divina no debe ser desafiada y tratan de regresar como mejor pueden a sus vidas.
Desde que el sol se alza hasta que se pone, las cinco profetisas están en sus respectivos santuarios, atendiendo peregrinos que quieren saber si van a ser felices en sus matrimonios, si es tiempo de hacer una inversión o ir a la guerra, y tantas otras dudas centrales para los habitantes de la Liga. Pues ante ellas, es igual el Rey que el pordiosero, la guerrera que la escribana. Quien llegue hasta su encuentro recibirá una verdad, que sea la que quiere escuchar o no dependerá de lo que el destino le tenga reservado, y necios son los que osan desafiarlo. Edipo es quizás el más célebre de quienes intentaron contravenirlo, pero desde sus antiguos tiempos la historia aquea está llena de ejemplos de generales, héroes y Elegidos que intentaron controlarlo solo para acabar cumpliéndolo de la forma más inesperada.
Así que guárdate de buscar el futuro, sin entender quien eres, pues es tu anima lo que van a comprobar los ojos dorados del Visionario. Y lo que la Pythia revela en su santuario, allí debe permanecer, nunca debe ser mencionado ni dicho en voz alta, so riesgo de incurrir en la terrible ira del Auriga.
¿Y quienes son las Pythias, preguntas? Las cinco son conocidas casi como celebridades, lideradas por la joven y hermosísima Helena, la siguen Cassandra, Vittoria, Erian y Lakomeilos. Nadie sabe cómo fueron elegidas, ni por qué razones, ni de dónde vienen ni nada por el estilo. Como las vestales romanas o los misterios de los cultos de Perséfone y Dionisio, sus pasados desaparecen en el momento en que toman los velos de Delphi. ¿Y quienes son y qué hacen después de que se ponga el sol? Ese es otro misterio por resolver que envuelve en enigmas el centro del mundo, el santuario elevado más cercano al Olimpo mismo, el destino de peregrinos de todo el mundo.
Ahora considera tú si eres digno de emprender tal senda, o acaso te espera el infortunio por querer saber lo que los dioses guardan en tu futuro. Al final, de nada sirve el viaje, si uno no se conoce a si mismo cuando llega ante las puertas de bronce.

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