Los sagrados salones del poder
El salón de mármol es inmenso, probablemente imposible de construir de no ser porque, en su momento, el arquitecto había sido uno de los elegidos divinos. Entre las columnas corintias que se alzan como árboles hasta el alto tejado, pantallas muestran los datos sobre la desaparición de un barco. Sirvientes, secretarios, ayudantes, consejeros, expertos... todos se mueven entre los asientos de sus señores y dirigentes transportando datos, consejos e ideas. Pues el Simvoulí está reunido y reyes, primeros ministros y otros representantes se encuentran presentes, bañados por la brillante luz solar que entra por la claraboya de cristal decenas de metros sobre ellos.
Con desdén, Apolinia habla desde su silla. Aunque viste un traje hecho a medida, una de las reinas de Sparta parece todavía vestir armadura pues la Elegida de Artemisa nunca parece estar del todo en "modo civil".
-Sigue así, ateniense, y pronto tendrás que poner otro Néa delante del nombre de tu ciudad. Sin duda me vendría bien otra cariátide de vuestro Partenón para decorar mi palacio real.-
Pero el Presidente de Néa Athína, Sofocles, no se amilanó. Pese a ser un hombre de cierta edad que había hecho fortuna con su panadería y no tenía ningún apoyo divino, mantuvo la compostura y la posición. La fortuna había sido propicia esta vez con la elección del gobernante ateniense, pues el Presidente es siempre elegido al azar.
-Monarca Espartana, os recuerdo que "en la mesura está la virtud", como escribe el gran ateniense en Ética a Nicómaco. No estamos reunidos aquí en el Ágora de la Liga para acariciar vuestro ego ni escuchar vuestros exabruptos. Estamos reunidos para discutir y debatir asuntos de gravedad, y aunque entiendo que en vuestra polis no estéis habituados a escuchar a nada que no sea vuestro frágil ego, aquí las cosas no funcionan de ese modo y lo sabéis mejor que yo pues lleváis más tiempo acudiendo a estas Ágoras.-
-Centrémonos, excelencias- intervino el Príncipe Héctor, en representación de Ilion, su voz tranquila y pausada-, lo que tratamos nos afecta a todos, pero a unos más que a otros. Así que agradecería a su Excelencia la Diarca de Esparta que no intentase descarrilar más este debate que ha solicitado mi padre. El navío en cuestión, la Mula de Hermes, partió de Ophioussa tal como nos indicaba el representante rodeño, y navegó hacia el norte hasta entrar en el Mar Negro. Su destino era el puerto de Constanza desde el cual por tierra se iba a transportar las mercancías a nuestros vecinos norteños de Bucarest. Pero nunca llegó a su destino pues, un poco al norte de Varna, simplemente desapareció. Las imágenes de satélite no muestran tormentas, ataques piratas por parte del Rus, ni nada por el estilo. Es como si simplemente se hubiera adentrado en una Encrucijada y Hécate lo hubiera dirigido por una ruta que ninguno podemos ver, algo del todo imposible pues el navío se encontraba tripulado exclusivamente por gente corriente.-
El silencio cayó sobre la reunión cuando el Príncipe troyano se calló. La diarca espartana se inclinó hacia delante con una sonrisa sardónica, pero aunque parecía que iba a decir algo, al final optó por no hacerlo. Fue el Rey de Pella, Philippo VIII, quien tomó la palabra, su voz grave y profunda resonando con claridad.
-Hemos estado recibiendo informes de inteligencia que dicen que todos los bárbaros del norte se encuentran agitados. Tanto al norte de nuestras polis transilvanas- dice, acompañando sus palabras con un gesto para con sus representantes- como más allá. Antes de entrar en esta sagrada cámara, estuve conversando con la Doge de Venetia- a la cual le dirige un pequeño gesto de la cabeza respondido por ella desde su lado de la mesa- y también al norte de las polis itálicas se encuentran agitados. Y más allá, parece que tanto el Tzarato del Rus como las tribus celtas del oeste se muestran cautos con lo que está ocurriendo, aunque sea lo que sea no lo quieren comentar. Por eso insistimos en que en esta Ágora no se encontrasen presentes, pues si no quieren compartir lo que saben, tampoco debemos compartirlo nosotros.-
-Uno pensaría que el gran ejército de Pella no tendría miedo de que unos bárbaros paganos supiesen lo que tramamos- respondió con sarcasmo la reina espartana, para la cual ya había sido demasiado largo su tiempo de espera entre palabra y palabra. Pero pese a la provocación, el monarca macedonio la ignoró.
-Confirmo lo que dice su Excelencia el Rey de Pella- intervino la Doge venetiana, Isabella Bargiani-, en nuestros más recientes intercambios comerciales con los galos se han mostrado esquivos. Pero hemos conseguido dilucidar que algo ocurre en los pequeños reinos de centro Europa y tememos que puedan estar siendo presionados desde el norte por la Autoridad de Midgard. Pero solo son sospechas de momento, y no vemos por qué los seguidores del Dios Tuerto tendrían interés en hacer desaparecer navíos de mercancías en el Mar Negro.-
La voz ajada y serena que llenó el salón en ese momento hizo a todos callar y volverse hacia el asiento del Archiéreas de Zeus, el hombre más anciano vivo y Elegido del que gobierna en el Olimpo. El anciano había sido el fundador de la Liga misma, y aunque no tenía asiento en ella oficialmente, Ajax el Corintio siempre se encontraba presente como invitado, en representación del sacerdocio. Sus facciones llenas de arrugas, su larga barba blanca pero siempre bien arreglada, la toga tradicional... todo eran imágenes fácilmente reconocibles por cualquier aqueo y más allá de la Liga, pero lo que más destacaba siempre habían sido sus ojos azules pálido, casi blancos, y el colgante de oro con forma de rayo en su pecho. La reliquia que, se decía, en su juventud le había sido entregada por su Patrón Divino y cuyo poder destructivo supuesto era parte del garante de unidad de la Liga.
-Los dioses nos observan: los olímpicos, los oceánidos y los cthónticos. Todos ellos toman nota de lo que hacemos y nos juzgan por ello. Desde que el Portador de la Égida me escogió como su representante le he servido con fidelidad y lealtad y he llevado su palabra para unirnos a todos en estos salones bajo un mismo estandarte compartido. Pero también he sido testigo de conflictos y problemas, unos grandes y otros pequeños, unos militares y otros diplomáticos. Y si bien nada puede amenazar a los Olímpicos en sus tronos sobre la montaña sagrada, ellos siempre están atentos a ver cómo manejamos las crisis que se nos presentan. Y os advertiría, excelentísima Diarca de Esparta, que si bien hay areté en la batalla, vuestras palabras no esconden lo cerca que os encontráis del abismo del ubris y la correspondiente venganza divina.-
Apolinia tensó la mandíbula ante las palabras del Elegido de Zeus, pero optó sabiamente por no responder a las mismas. Fue la Ministra de Exteriores de Archaía Thebai el que lo hizo, su voz llena de respeto y reverencia al dirigirse a Ajax.
-¿Entonces qué deberíamos hacer, Archiéreas, favorito del Rey de Reyes?-
-Eso no lo se, ni lo podría decir de saberlo. Obrad con areté y los dioses aprobarán de vuestras acciones. Pero estos salones no se crearon para fomentar el enfrentamiento ni el conflicto, sino para servir como un lugar de unión y debate. Deshonradlos como tales, priorizad vuestra ira y ego por encima de lo que tenemos en común, y sin duda no será la aprobación del que Reúne las Nubes la que obtendréis, sino la atención de Nemesis, la Ejecutora de la Venganza.-
Con su advertencia, la luz del salón pareció decrecer ligeramente, cuando unas nubes se interpusieron entre el carro de Apolo y la claraboya en lo alto del salón del Simvoulí. Incluso la representante espartana y el ateniense tuvieron que reconocer que eso no podía ser otra cosa que un portento, una advertencia, un mensaje. Los dioses, como siempre, estaban atentos.
Comentarios
Publicar un comentario