Bajo la Égida del Pantheoi 13: La Voz del Bronce
El vuelo en el carruaje de Thalia les llevó de vuelta, sanos y salvos, a Ophioussa donde Ioanis les recibió en su torre para cenar. Previo cambiarse de ropa por unas menos ensangrentadas y cubiertas de intestinos. Compartieron lo que encontraron y descubrieron, y sus planes para hacer ahora los sacrificios a los dioses que esperaban ayudasen en la situación actual. También le dieron al Elegido de Hades los medallones encontrados entre los mortales y este se los quedó temporalmente: planeaba esa noche aprovechar que no habían dado apropiada sepultura a esas personas para conversar con sus sombras que nunca beberían del Lethe.
Fueron entonces al templo de Hermes, donde sacrificar al ogro durmiente. El mismo estaba lleno de ofrendas y un pequeño grupo de atletas se encontraban en el mismo, preparándose para las carreras calificatorias del día siguiente para las Olimpiadas de julio. Se unieron al sacrificio, manteniendo al monstruo atado para impedir que molestase o se rebelase, pero no hizo falta pues tras las oraciones y libaciones Zoi lo entregó como ofrenda al Tres Veces Grande con un contundente golpe del martillo.
Tras ello fueron a buscar ofrendas vivas adecuadas para Hecate, pues solo ofrecer los cadáveres no sería suficiente. En las tiendas de sacrificios de guardia no tenían toros como buscaba Aleksei, pero lograron despertar a un tendero que tenía uno, más un carnero y un gallo. Tres animales para la diosa triple, un sacrificio apropiado que les puso en rumbo al templo de la Portadora de la Antorcha.
Este era un edificio sólido y sin ventanas, iluminado por la titilante luz de las antorchas enganchadas en las columnas. Sin ofrendas, sencillo, con tres sacerdotisas que comenzaron a caminar en círculos y hacer sus encantamientos alrededor de los restos de los enemigos derrotados y la sangre vertida de los animales vivos. Sus movimientos se volvieron espasmos, y la estatua descendió su mirada sobre ellos, sus ojos convertidos en ventanas a los abismos más allá del tiempo y el espacio. Y habló, con una voz extraña, distante, alienígena.
Durante más de seiscientos años el trono no ha sido disputado
Pero ahora el mundo se encuentra en una Encrucijada
y cuando esta se resuelva la tierra habrá cambiado para siempre o se habrá estancado para siempre.
Cuatro senderos convergen en el Olimpo,
Cuatro caminos se cruzan por nieblas cubiertos,
Cuatro carreteras de incertidumbre y dolor.
Desde el oeste avanza el Destructor, señor de cenizas y ruinas
Desde el norte converge el Heredero o el Usurpador, revitalizando el eterno ciclo
Desde abajo y desde arriba llega el Humano, sobre un rastro de caos y venganza
Desde el horror llega el Prisionero, cargado de los dolores del mundo
Cuatro rutas al encuentro de un mismo destino.
Pero la guerra por el Trono no es una batalla de fuerza o ingenio
es una discusión familiar
y se decidirá no por la fuerza de las armas o las argucias
sino por quienes se alinean con quienes en la mesa:
si los hermanos son capaces de encontrar tierra en común
y los matrimonios mantenerse unidos,
si los padres y los hijos son capaces de entenderse,
si los antiguos y ancestrales deciden implicarse con sus nietos.
Estas no son las respuestas que esperabais o buscabais
pero son las que recibís.
Vuestro sendero y el de otros se cruzan en el centro de la Encrucijada
y en este conflicto, todos tenemos nuestro papel que jugar.
Quien porta la antorcha en la oscuridad corre el peligro de vislumbrar
aquello que nadie quiere ver, revelar lo que ha estado oculto durante siglos
y lo que se esconde incluso en su corazón.
Y quien tiende puentes debe guardarse de que los caminos que ellos crean
sean capaces de dirigir al destino que espera y no perderse en la niebla
o colapsar sobre los mares turbulentos.
Terminadas sus palabras, la estatua recuperó su posición de siempre y las sacerdotisas cayeron inconsientes ante ella, derrotadas por el esfuerzo de hacer de conducto a una fuerza divina muy superior a la suya. Una energía que ahora se arremolinaba entre los Elegidos, marcados por el creciente poder de una leyenda que se expandía con cada una de sus gestas y acciones. Caminando hacia el exterior del templo, Aleksei señaló que iba a tatuarse esas palabras y Zoi le acompañó. Y una vez en la pequeña tienda abierta por la noche, con un tatuador impresionado ante la divina tarea que tenía por delante, la Elegida de Hermes también decidió decorar su cuerpo con unos pequeños y elegantes motivos en honor su Patrón, mientras el motero se cubría parte de la espalda con la palabras oídas a la estatua.
Llegó así la mañana y, con ella, un nuevo plan: ir a hacer la última ofrenda a Zeus, en Olympia, donde la Liga se encontraba reunida para debatir de política y diplomacia. Pero primero desayuno con Ioannis para compartir lo descubierto. Y después de ganarse la confianza de Aleksei con su pequeña prueba, este le muestra el texto al Elegido del Que Tiene Muchos Amigos. Y este les cuenta lo descubierto con la sombra, sobre prometeanos extremistas, sobre vaciar la torre y montar otras en otros lugares, sobre el rastro que lleva a otros de su grupo en Doclea. Acordaron seguir compartiendo información, mientras Zoi se embarcaba en su búsqueda de otros Elegidos a los que ir convenciendo de la importancia de la amenaza que se cernía sobre la Liga.
El avión les llevó a la polis central de la Liga donde el Simvoulí se encontraba reunido en las importantes negociaciones que lo ocupaban. De camino, Zoi había conseguido de Circe que le incluyesen en los credenciales de la delegación herakliense, pero aunque podía haber aceptado lo mismo, Aleksei prefirió ir sin permisos y allí intentar conseguir los de su polis Pella. Así que entrar supuso una mínima traba, tan mínima como lo fue abrirse paso entre los periodistas reunidos para abrazar a Herakles y Parmenides que salieron a recibirles. Charlaron un poco y la mensajera divina se quedó con ellos dos poniéndoles al día, mientras el motero intentaba conseguir ver a los reyes de Macedonia, pero los monarcas estaban ocupados en el órgano principal de la Liga y no serían visibles hasta probablemente la parada para comer.
Así que se reunieron todos de nuevo para hacer tiempo, ponerse al día, compartir noticias. Con las entradas de delegaciones, los movimientos de un lado a otro y el continuo ajetreo, incluido el casi cruzar sus caminos con Hippolita de Themiscyra, lo cual podría haber complicado la escena ya que su enfrentamiento con Parmenides era enconado. Decidieron así ir a la cafetería hasta que llegase la gente a la hora de comer, hora en que ambos Elegidos que estaban ya en la ciudad de antes se excusaron porque tendrían que escoltar al Príncipe oculto de Heraklion como les había pedido la reina. Otros reyes y tiranas, Presidentes y delegados, fueron llegando al comedor del moderno edificio, incluida la familia real de Pella.
La conversación con los serios monarcas de Macedonia fue complicada pero productiva. Complicada por las interpelaciones incómodas y palabras fuera de lugar del Príncipe Polifemo, que claramente no había olvidado a Aleksei; pero productiva pues no solo consiguió las credenciales de la ciudad, sino que el Rey se comprometió a conseguirles una reunión con Ajax el Corintio, fundador de la Liga y Elegido de Zeus. Incluso fueron invitados a acompañar a la delegación de la polis al encuentro en Halicarnassos que tendría lugar el fin de semana siguiente con la Casa MacCarthy de la lejana Tara, o Eire, para debatir cómo ayudarles en el conflicto con Albion.
Pero todo eso será historia para otro momento, hasta aquí llega el tapiz por hoy.
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