Bajo la Égida del Pantheoi 11: De cruceros y cerdos

Os contaremos de cuando la furia y el dolor de una madre casi destruyen el mundo. Ocurrió tras la Gigantomachia, cuando Gaia destruida de dolor ante lo ocurrido una vez más a sus hijos, copuló con Tártaro y juntos engendraron a Typhon. Y como ella lo crió en una cueva y lo entrenó para llevar a cabo su venganza. El odio de su padre, la fuerza de su madre, hicieron del recién nacido una fuerza incomparable del mundo y cuando huyó para conquistar el mundo, los dioses mismos huyeron al avistarlo. Solo Zeus se mantuvo, dispuesto a defender su trono hasta el final.

La suya fue una batalla terrible. Choque de rayos y garras, colmillos y violencia. Y Zeus fue derrotado, sus músculos y vísceras, huesos y órganos, arrancados de él y introducidos en un arcón. Y sus restos encerrados en una cueva bajo la guardia de la dragona Delphyne. Y Typhon tomó el trono del Olimpo y tomó a Echidna por esposa y juntos engendraron monstruos sin igual cuyos nombres siguen resonando por todas las tierras de los aqueos: Cerberus, Scylla, la terrible Hydra... e incluso esos monstruos procrearon y crearon otros, como la Esfinge.

Fue Hera quien descubrió dónde estaban los restos de su marido, y encargó a Aegipan y Hermes la más importante de las misiones: recuperarlos. Y allí fueron ambos en sigilo, y Aegipan atrajo la atención de Delphyne y la alejó de la cueva, mientras Hermes raudo se adentró para coger al Portador del Rayo y todos sus órganos antes de salir corriendo. Y de vuelta en Egipto, donde los dioses estaban exiliados, Zeus fue restaurado. Pero en lugar de permanecer a salvo, el Rey de los Dioses marchó a la batalla de nuevo a solas contra Typhon: sin orgullo de saberse ganador de antemano, con estrategia, fuerza y cabeza. Y sus choques resonaron en las altas cumbres del Olimpo y en los valles, sobre los mares y las islas, hasta que finalmente el Padre de Monstruos fue derrotado y toda una montaña se tiró sobre él para mantenerle apresado hasta el final de los tiempos. 

Y así, el mundo no se destruyó y Zeus recuperó su posición como Soberano de los Olímpicos, y aun hoy en día bajo el Etna el terrible enemigo aguarda su oportunidad.

Pero regresemos a Heraklion donde, tras los éxitos, es hora de partir a una nueva empresa: la entrega de la misiva de Ibis de Plata a Ioannis Bakas en Ophioussa. Aunque el plan inicial era tomar un avión, se impuso el amor de los aqueos por los barcos cuando Zoi sugirió tomar un crucero de unos días hasta Rodas y disfrutar de las instalaciones del mismo. Algo que, pese a que Argos no contemplaba del todo con buenos ojos, rápidamente sedujo a Nadia que se llevó a su novio a buscar y probarse bikinis para el barco... y las cosas que pueden hacerse en los probadores de una exclusiva boutique de ropa de baño en el paseo marítimo de Heraklion. Aleksei aprovechó para unos últimos flirteos con Circe, y juntó a sus Boukephos para despedirse temporalmente de ellos con un discurso emotivo y los abrazos de Johnson y los presentes. Dimitris cogió su ropa así como un enorme saco de boxeo, pues no iba a pasar tres días sin entrenar. Y Zoi y Melina consiguieron sus ropas en la maleta y la joven camarera desapareció un rato para algo que pronto se descubriría, pero no de momento. 

Todos listos abordaron el buque que, a media tarde, zarpó con tranquilidad y lentitud rumbo de la primera isla donde haría parada. Aleksei contando las historias de sus hazañas en el bar de la piscina principal de cubierta, las chicas disfrutando de las tumbonas y el sol, Dimitris echando unos largos y Argos preparando una fiesta para esa noche. Una noche que para todos los pasajeros sería inolvidable, pues la magia de un viaje legendario no es el destino, sino el trayecto. La historia de Ulyses no es "y llegó a Ithaca" sino la Odisea que la precedió, al fin y al cabo. 

Pero antes de la llegada del amanecer comenzaría el Pique, cuando Dimitris se cuela a primera hora a la fuerza en el camarote de Argos y Nadia y les despierta solo por trollear. Ese debería ser deporte nacional y no el atletismo, pero entre los aqueos puede escalar muy rápido, como lo haría a lo largo de los siguientes días... 


Pero antes de eso, cuando todos estaban desayunando juntos, de bromas entre zumos de naranja, café y dulces, la pequeña isla fue visible para todos. Desembarcar en la playa con una pequeña población de unas treinta personas y a saber cuantos pequeños y encantadores cerditos. Zoi les dio a uno de ellos un trozo de su bocadillo y el animal se lo comió encantado. Caipirinhas en el puesto a pie de playa, tumbonas y pareados, musica de un dj tocando de fondo, contar historias en el chiringuito. ¿Qué más se puede pedir, al fin y al cabo? Esa es la vida digna de los Elegidos de los mejores dioses, pero con esos placeres también vienen unas responsabilidades. 

Argos fue el primero en darse cuenta de que algo pasaba. No tenía sentido que hubiese tantos cerditos encantadores yendo de un lado para otro sin preocupación alguna en la vida. Y no le faltaba razón, como corroboraron los demás. Pero por mucho que mirasen a los cerditos, no parecía haber nada raro en ellos, lo cual no implicaba que no estuviese pasando algo. Así que a preguntar al chaval que llevaba el puesto en la playa, además de pedir unos daiquiris de sabores, que no notaba nada raro, siempre había sido así, aunque el pueblo había cambiado desde unos diez años atrás con la llegada de las grandes rutas de los cruceros, los cerditos llevaban allí desde antes de que naciese. Pero había extrañezas en su historia, como que la isla no tenía nombre ni el poblado, con la importancia que los aqueos dan a sus polis y otras pequeñas inconsistencias. Era hora de investigar. Pero antes de que pudiesen comenzar a subir al pueblecito en busca de la anciana de la aldea, Melina corrió fuera del barco con un bolsito nuevo: en su interior un set de cascos de oído por radio para todos los Elegidos y para ella, ya que si iba a ser la Chica de la Furgoneta, pues tendría que poder hacer su trabajo! Y en ello se había gastado sus exiguos ahorros cuando había desaparecido en Heraklion. 

Y así es que subieron a la casa de la anciana, pero más allá de una agradable conversación, no consiguieron más que confirmar lo que sabían. Pero de camino, la percepción de Argos y de Aleksei mostró que algo raro estaba ocurriendo, ya que en el centro del pueblo, en lo alto de la colina que era la isla, no había nada. Algo extraño. Y los conocimientos de mitología del motero le empezaron a sugerir que todo aquello se empezaba a parecer extrañamente en algunos sentidos a cierto pasaje de la Odisea. Hubo más investigaciones, subidas y bajadas por el pueblo, pero todo seguía dirigiendo al vacío centro. Y allí fue Zoi la que vio un portento ocurrir, un cerdito que aparecía de la nada. Aleksei ya había sentido que la magia trazaba allí la presencia de una Encrucijada, y aquello le confirmó que si el cerdito podía salir de la misma, también podría entrar, así que cogiendo uno se adentró en el espacio y desapareció de la vista de los demás, que rápidamente corrieron a encontrar sus propios cerditos.

En el interior del lugar, el animal se convirtió en un enorme cerdo. Pero eso no era lo sorprendente, sino la enorme y antiquísima mansión y la hermosísima mujer que salió a recibirles de la misma. Aquella isla sí tenía nombre, Aeaeae, y las sospechas del motero eran ciertas y aquella era Circe, una de las hechiceras más poderosas, conocida por Homero como la Diosa de Hermosos Cabellos y cuyos orígenes divinos la asocian habitualmente a Helios. Ya no había ni lobos ni leones en su bosque, solo los cerdos, pues por lo que fuese la diosa bruja permanecía encerrada en esta isla por propia voluntad, separada del mundo quizás por el sufrimiento de demasiados desamores. Zoi fue la primera en unirse a la conversación que mantenían motero y hechicera y estaba empezando a quedar claro que la misma no tenía mucha intención de dejarles marchar después de que entrasen en su reino. No parecía muy tolerante de que la molestasen pues afirmó tener importantes labores que realizar para Hécate, seguro que conjuros, ungüentos y pociones. 

La llegada de Argos y Dimitris solo complicó las cosas, pues el Elegido de Dionisio pronto llamó a la molestia de la hechicera que con unas suaves palabras se lo iba a llevar al interior. Transformarlo no, eso enfurecería a su patrón divino, pero tenerlo en su casa como a tantos otros Elegidos sin duda era una opción. Una que fue cortada con un pequeño embrujo de Aleksei en forma de canción. Viendo que no tenían escapatoria salvo que la bruja lo permitiese, Dimitris saltó raudo y con tremenda violencia mató a uno de los cerdos, pues si les encerraba a todos con ella se quedaría sin sus acompañantes animales. Aquel otrora había sido un hombre egipcio, y para evitar que hiciese daño a ninguna otra de sus mascotas la hechicera convenció al Elegido de Prometeo que se pusiese a cuatro patas y se comportase como un cerdo. Otra canción de Aleksei sería suficiente para salvarle de la indignidad al dejarlo dormido, pero las opciones se acababan. Las amenazas no surtían efecto, los recordatorios de que ellos también tenían sus misiones divinas resultaron inútiles, las negociaciones fracasaron, pero Zoi encontró otro arma que podría funcionar: una apresurada y acelerada plegaria a Hermes. Y fue al poco de que la terminase que Grigoris, el repartidor de Viomichánies Varkáridon que había conocido al principio de todo su viaje, apareció y con sarcasmo y unas bromas dejó bien claro que les dejase marchar. 

Él no salió con ellos mientras abandonaban la Encrucijada, pero Zoi si que escuchó en su mente que la deuda contraída ese tiempo atrás estaba ahora saldada. Pero mientras recorrían el poblado advirtiendo y viendo que no había solución a la situación más que intentar prevenir que otros descuidados pudiesen entrar accidentalmente en la Encrucijada, Dimitris ya iba mascullando su venganza por dentro. Cerdos con explosivos. Pero como señaló Aleksei, tendrían que esperar a ser más fuertes y mientras el barco zarpaba con el atardecer, el Destino que tejemos sabe bien que no será la última vez que sus caminos se crucen con los de la poderosa hechicera. 

Esa fue noche de cena en el restaurante coreano que había al lado de la tienda de bikinis (descubierta por Argos después de que Nadia, enfadada porque su novio había desaparecido durante todos los planes que ella había hecho para ese día, le secuestrase y llevase de tiendas). Y de retirarse pronto. Pues el encuentro con lo poderoso y trascendente puede ser amargo y, sin duda, es agotador. ¿Qué podían hacer los Elegidos para restaurar el equilibrio y hacer que la bruja pagase? ¿Podían liberar a los cerditos y que se muriesen, y si lo hacían sus almas encontrarían el camino a sus Submundos? Preguntas que se les escapaban, y su peso caía sobre todos ellos.

Fue antes del amanecer que Dimitris volvió a despertar a Argos y Nadia mientras dormían y la terrible máquina de la amada venganza se puso en marcha. Argos le planteó a Nadia que era necesario para él abrir la relación un poco y ella estuvo más que dispuesta, pareciendo que de entre todos los candidatos propuestos por la estudiante, fue Zoi la que encontró acuerdo del Elegido. Así que una nueva playa en una nueva isla, esta sin bruja local habitando en su cima, y comenzaron a moverse las piezas para que ello se pusiese en marcha. Risas, bebidas, historias, y con la caída de la tarde zarpar de nuevo, momento que Argos aprovechó el despiste de Dimitris para colarse en su habitación y tomarse justa retribución: cambiar las cosas de un dormitorio a otro, convertir el saco de boxeo en una sensual amante con sus poderosos cocos pintados y escalar el conflico. Cuando el luchador se encontró con esto lo solucionó rápido, lanzando la ropa de Nadia y Argos al mar por el ojo de buey y tomando posesión de su dormitorio de nuevo con sus cosas. Su plan fallido, Argos comenzó a tramar el siguiente paso, tras romper el billete del barco de su compañero, consiguió un camarote pequeño pero vacío y alejado al que podía moverse, algo que no le gustó a Nadia que prefería el otro que era más grande y espacioso (al menos comparativamente, entendednos bien). 

Así que la cena en el restaurante tradicional del barco heraldaba la tragedia. En un lado Argos y Aleksei discutiendo de escorpiones que poner en los cerdos de Circe. En el otro Zoi que consiguió que Nadia le contase todo lo ocurrido (habitación nueva incluida) y que acabó invitando a la estudiante a pasar esa noche en el camarote con ella y Melina. Y Dimitris, atento, que no perdió detalle de todo ello, aunque al final le valdría de poco. Porque en la pista de baile el sudor, el alcohol y las risas se unieron hasta el final de la noche en que Nadia se marchó a... dormir... con las chicas en vez de con su novio. Con lo cual Argos no se fue al camarote, frustrando así los planes iniciales de Dimitris, ya que se quedó dormido borracho en una tumbona y nunca fue a su dormitorio. 

Pero el Destino, o el Azar, o cualquier otra fuerza de trolleo universal, decidió que en su paseo pre-mañanero Dimitris encontrase al dormido Argos y decidiese hacerle una broma: iniciar una hoguera a su lado que le asustase, usando el ígneo Dominio que había obtenido de su Patrón Encadenado. Como eso no asustó al Favorecido por Dionisio, el siguiente paso fue aprovechar que se acurrucó de nuevo para quemarle un poco el pelo. El olor terrible llenó el lugar, pero más terrible fue la ira de Argos al ser agraviado, por fortuna su alcohol en sangre le impidió herir a Dimitris al atacarle, o las Erinias podrían haber tomado agravio con ello. Al final, para desescalar, el Prometeano abandonó el lugar y el otro se durmió un rato más hasta que el ajetreo de la mañana y los desayunos le despertaron. 

Y, ante todos, mientras desayunaban en cubierta, el Coloso de bronce se alzaba imponente, protegiendo durante más de dos milenios la entrada al puerto de Ophioussa. Unos muelles inmensos, internos y externos, que no saben lo que significa dormir, donde mercancías son cargadas y descargadas día tras día, sin descanso de sol a sol. Calles llenas de transportes que mueven materiales entre los almacenes del puerto y las instalaciones corporativas, desde la poderosa Varkáridon al resto de las muchas que operan desde el puerto más importante e internacional de la Liga. Y en su torre de cristal y acero, Ioannis revisa los documentos de la agenda mientras su ayudante, Thalia, le informa de que se espera la llegada de los Elegidos esa misma mañana. Una polis nueva, en la que ninguno de ellos había estado, completamente diferente a Heraklion, con sus nuevas redes tejidas y el misterio de la misiva egipcia por resolver.

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