La amarga persecución de la Verdad del mundo

La iluminación del plató ganó fuerza con el cambio de segmento. Las cámaras descendieron de sus posiciones altas mientras CAM1 se centraba en un primer plano de Tatiana sentada a la mesa. Como siempre, el teleprompter permanecía vacío, pues la Elegida de Atenea improvisaba sus segmentos y textos según le inspiraba el momento, algo que había costado mucho conseguir con sus productores. Su voz, tranquila, profesional, rica, llenó el aire mientras su mirada se centraba en la lente que la grababa como quien habla con un amigo digno de confianza.

-Para el último segmento del programa de hoy, advertimos que las imágenes pueden afectar a personas sensibles y recomendamos que los niños no las vean.-

Una pequeña pausa para efecto y dar tiempo a que la gente pueda salir del Canal 8 si no quieren ver lo que va a venir. Su sonrisa transmite que no pasa nada, que ella está con ellos para guiarlos y acompañarlos aunque lo que venga sea truculento.

-Estas son imágenes tomadas hace una semana en Eire, y documentan los crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad realizados por los Fiannan de Tara contra un grupo de soldados de Albion que ya se habían rendido. El gobierno del Munster ha corrido a señalar a los mercenarios Fiannan de Brian Patrick como únicos responsables y señalan las nobles acciones de Sir Sebas intentando prevenir los hechos y salvando a diversos enemigos como ejemplo del comportamiento caballeresco de los soldados de su Casa. El joven caballero, que recientemente participó en los encuentros en Halikarnassos y contribuyó a la detención de la potencial asesina hindú, no ha podido ser consultado en este momento.-

El primer plano de Tatiana se asienta a medida que las luces bajan y su ceño se frunce ligeramente. Las imágenes de los crímenes desaparecen para dejarla a ella a solas con la audiencia.

-Hechos así son inaceptables. La cobardía, la inhumanidad y la brutalidad son inaceptables en este siglo XXI y sin duda empañan la imagen que los gobiernos de Eire quieren dar de que ellos son las víctimas de una invasión injusta y brutal. Cuando son sus caballeros los que matan a sangre fría a quienes se han rendido, lo que demuestran es la misma maldad que critican de Albion. Y eso es algo que las polis deben tener en cuenta en sus deliberaciones sobre qué hacer al respecto: Néa Athína ya ha retirado su apoyo y diversas otras partes de la Liga, con Pella a la cabeza, se cuestionan su intervención. El Sha del Alto Reino del Asha ha sido firme y claro y sus contribuciones a la defensa de la isla han finalizado, tildando las acciones como inaceptables, como resultado del druj, y se espera que el Faraón pronto retire sus aportes económicos y logísticos. La coalición internacional se tambalea, y con razón, ante el horror de estos actos que atentan contra los valores centrales de todos los seres humanos. Y desde aquí, yo apelo a que la Liga siga sus ejemplos, pues mucho tienen que hacer los caballeros de Tara para recuperar la confianza que una vez merecieron.-

La cámara se aleja lentamente mientras la iluminación gana fuerza. Detrás de Tatiana, las pantallas comienzan a mostrar imágenes de otra mujer en Archaía Thebai, paseando por su famosa acrópolis Cadmea.

-Eso ha sido todo por hoy en Tin Alitheia. Os dejamos con el último tema de Cythereia y su ciclo musical sobre nuestro legado y nuestros ancestros. Desde Néa Athína, para el Canal 8 se despide Tatiana de Athína, Elegida de Atenea y vuestra conexión con la Verdad del mundo. Pensad por vosotros mismos, sed libres, sed respetuosos y, como siempre, epai a los dioses en lo alto del Olimpo, en las profundidades de Oceanus o el Hades, y en nuestros corazones.-

Las cámaras dejaron de enfocarla mientras los técnicos pasaban a las imágenes pregrabadas de Cythereia tocando sus instrumentos en la Cadmea. Lo que siguió fue el habitual caos desordenado del que Tatiana apenas era consciente: el recoger sus notas de la mesa del plató, que entraran los encargados de sonido a quitarle los micrófonos, las despedidas de los invitados del programa, los datos de los productores sobre las cifras de audiencia de los distintos segmentos y las decisiones de los anunciantes de renovar o no para los siguientes programas, el avanzar por el pasillo hasta su despacho…

Todo ese movimiento pasó desapercibido para la Elegida de Atenea, cuya mente estaba ocupada por una única cosa: había vuelto a ocurrir. Como el resto de veces, cuando llegó al segmento sobre los atentados de los Juegos Olímpicos y los prometeanos, había sentido esa ansiedad en el pecho que le oprimía el corazón como un puño. Sabía que la audiencia no habría notado que ella solo tenía ganas de gritar y salir corriendo, pero esa era la verdad en su interior. Desde lo ocurrido meses atrás durante su secuestro, no se podía sentir segura en ningún momento y menos cuando directa o indirectamente se hablaba de quienes le habían hecho esto. Y menos cuando, como ahora, Diomedes no estaba en la polis.

Su psicóloga decía que era lo normal: la ansiedad, el terror irracional, el querer escapar de todo ello, los pensamientos intrusivos… todos síntomas comunes del estrés postraumático que le había diagnosticado. Y los estudios psicológicos mostraban que, por mucho que fueran más resistentes al mismo, los Elegidos no eran inmunes al trauma. Sin duda, ella no lo era. Todo lo que hacía falta era tiempo, trabajo y medicación y sería cosa del pasado. 

Sentada en su silla reclinable, en el territorio seguro de su despacho, se concentró en controlar su respiración como le habían enseñado. Inhalar, contener un poco el aire, exhalar. Repetir una y otra vez hasta que el corazón volviese a su ritmo. Pero con cada aspiración por la nariz, la cara del líder prometeano que había logrado escapar del banco la asaltaba mentalmente. Su mandíbula cuadrada y dura, sus ojos llenos de convenicimiento, fanatismo incluso, el pelo rizado y alborotado, sus anchos hombros y fuertes brazos. La presencia cercana a la divinidad que emanaba lo identificaban como otro Elegido, pero ella no sabía quien era y, por mucho que se esforzaba en intentar localizarlo, cada vez que estaba cerca de identificarlo su corazón se aplastaba y la ansiedad la vencía. ¿Cómo podía perseguir la verdad si su propio cuerpo y mente la traicionaban cuando estaba cerca?

Había confiado en Zoi y Dimitris para que ellos hiciesen lo que ella no podía, pero no sabía cuales habían sido los resultados de sus investigaciones en Ephyra. Tenía que seguir ella misma adelante, pues si ellos no llegaban al final de la investigación ella tendría que hacerlo. No en vano, el misterioso secuestrador había huido con el más importante regalo que Atenea le había hecho cuando la había tomado como Elegida, y la más importante misión y responsabilidad: la llave del santuario secreto bajo el Partenón donde, tras la guerra con Sparta, se guardaba la Égida misma de Zeus. Esa era la única razón de que la destrucción de Athína no había sido total. Y aunque ella mantenía vigilancia sobre el santuario para evitar el robo, este podía llegar en cualquier momento, y tras lo ocurrido en Olympia, ¿qué designios podrían tener los prometeanos para el más poderoso artefacto de todo el Olimpo?

-Tatiana, aquí tienes las lecturas más recientes de los sismógrafos de Sikilia. Parece que los temblores han terminado finalmente, al menos por esta vez y los daños en la isla han sido menores.-

Su asistente irrumpió en su despacho como lo hizo en sus pensamientos. El mundo no se detenía y había muchas más verdades que descubrir y revelar ante el público. La Égida y los prometeanos deberían esperar.

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