Con la compañía del mar y la luna
El sonido de las olas bajo ella es arruyador, tranquilo y conocido. Mientras camina de un lado a otro de su cara terraza a pie de playa, no puede dejar de disfrutar de su compañía. Simpre sintió una sintonía especial con el mar, mucho antes de que ejerciese su tiempo como prostituta e infinitamente antes de que Anfitrite la tomase bajo su manto. Claro que en aquellos tiempos jamás habría soñado con que algún día tendría una casa como esta, ni la vista directa del mar reflejando la luz de Selene como si fuese en exclusiva para ella.
Escuchó a su marido trastear en el salón del otro lado de la cristalera que daba acceso a la terraza. Estaba molesto como siempre, sospechando que su actual asistente fuese su amante, o que ella hubiese tomado interés en otros hombres como los recientes Elegidos que habían visitado la isla. No se equivocaba con sus dudas, ella siempre había sido libre como las profundidades acuáticas y él... bueno, con el tiempo se había vuelto controlador, inseguro y, lo peor de todo, aburrido. Ese era un pecado inaceptable para ella.
Dejó que la música acuática la acompañase, como si las nereidas mismas estuviesen tocando para ella, mientras repasaba la lista en su tablet. Los arreglos florales para las calles estaban confirmados, el catering también y buena parte de las carrozas para la procesión estaban listas también. Aún quedaban muchos elementos por cerrar antes del gran evento pero, como siempre, el Festival de Anfitrite sería la mayor fiesta de Heraklion, marcando el final de la temporada alta. Bueno, no siempre había sido así, el culto de la diosa históricamente había sido minoritario en una isla dedicada a su marido divino, pero eran cosas que habían ido cambiando desde que le había tomado como su agente en el mundo, siete años atrás. Ahora gente de todo el mundo visitaba Heraklion esa semana de festejos simplemente por lo espectacular que era. Y los rumores dicen que incluso en la elegante y sofisticada Venetia envidiaban esta celebración, que rivalizadaba con sus carnavales de máscaras.
Y fiestas menores también ocupaban su tiempo. Sinara, la famosa Elegida de Melpómene, había escogido Heraklion para pasar una semana de desconexión antes de su próximo rodaje que la llevaría a interpretar una nueva versión de Romeo y Julieta donde él era espartano y ella ateniense, durante los días previos a la Cuarta Guerra del Peloponeso. Antes de marcharse para las localizaciones donde se va a rodar, la actriz quería una celebración por todo lo alto en la pequeña mansión que había alquilado. Y, con el conocimiento que da la experiencia con estos eventos, mirando su tablet con todos los preparativos ya confirmados, ella sabía que esa fiesta sería momento también para hacer un pequeño escándalo por parte de la actriz con su amorío del verano; algo que llenase la página frontal de la prensa del corazón y crease interés y atención en el comienzo del rodaje.
Por supuesto, luego estaba la otra cuestión. Ioannis Bakas había intentado mover su influencia en Heraklion de modo discreto pero ella se había enterado. Poco ocurría en la isla sin que ella lo supiese, al fin y al cabo. Pero como estaba intentando investigar el pequeño terremoto de hacía unos meses y estaba, en eso al menos, alineado con Aleksei y Zoi, pues ella había decidido ayudar. "Siempre está bien que el hombre más rico del mundo te deba un favor, oh pequeña y mísera organizadora de fiestas", se dijo a si misma, su risa uniéndose a la música de las olas.
Lo que había encontrado era ligeramente sorprendente. No por desconocido, sino porque no sabía que ambas cosas estaban conectadas. Aparentemente, el pequeño temblor había sido causado por explosivos que habían detonado un depósito de gas o algo por el estilo. Lo importante era que Jason, el Elegido de la musa Clío, estaba detrás de ello. Era un caso ese hombre, divertido, problemático, mujeriego y aventurero, parecía estar buscando la cueva donde se había criado a Zeus, cuando su madre lo había escondido de su padre Kronus. Ella no sabía qué esperaba encontrar el arqueólogo y por qué había generado tal nivel de explosión con sus gases, pero sí sabía que a lo largo de los siglos muchos habían buscado esa cueva y ninguna expedición la había encontrado.
Era un buen motivo para escribirle a Aleksei con la información, con un selfie sugerente que siempre es buen acompañamiento. Elegante y artístico, en esa tenue línea entre provocador y escandaloso. Y luego un informe más aburrido a Ioannis. Los favores son la mejor moneda a estas alturas, al fin y al cabo. Bueno, junto a amigos y amantes. Porque, ¿para qué está la vida si no es para vivirla? Sin duda, otros estarían preocupados por los asuntos importantes, de polis, reyes, prometeanos y tantas cosas, pero si perdían de vista lo que la vida ofrece, entonces perdían todo lo que vale la pena con ello. El poder, como todo, no es más que una herramienta para tener una vida digna de ser vivida, a diferencia de muchos otros que lo consideran un fin en si mismo.
Ahora que pensaba en cosas serias, la distribución de las pastillas de la granada de Perséfone se había completado. Algunos presidiarios del Lavýrinthos habían muerto, sobredosis o intolerancia o cualquier otra razón, pero según Teotimos la mayoría no mostraba síntomas o efectos una vez la droga había desaparecido de su sangre. El alcaide había mantenido bien vigilados a esos presos y aun mantendría su control un tiempo más. Pero Homero ya preparaba su partida con su barco ahora que su encargo estaba completado, y el taciturno Elegido de Caronte no parecía haber recibido nuevas instrucciones. Los designios de los dioses cthónticos permanecían, como siempre, enfundados en el misterio más profundo, pero ninguna divinidad montaba todo lo de la granada si no era con un motivo. Y con los problemas que los rumores señalan que están teniendo lugar en el Olimpo, el Hades actuando con misterio no era buena señal, y menos sin saber nada concreto de los que moran en las profundidades de Oceanus.
Pero no dejaría que nada de ello le empañase la noche y la compañía del mar. Ni su fiesta. Coge con una sonrisa la copa de vino de la mesita de cristal y observa el paisaje. No, sin duda, las cosas serias no pueden interponerse en un momento, o una vida, como esta.
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