Fragmentos de mi otra vida


Verle así me entristece. No hay mucho que pueda hacer, pero me da pena. Los días buenos son una sucesión de momentos de acción y proclamas de ira. Los días malos son recuerdos amargos y llantos. Y yo no se muy bien qué hacer en ninguno de los dos. He intentado pensar qué harían Aleksei o Zoi, he intentado contarle alguna de mis aventuras, le he retado a duelos de orthopalé como en las olimpiadas. Nada funciona en realidad.

Según Xcion, Kritias sigue en Venetia. No sabe nada pero el plan es humillarlo para vengarse de Apolo. Es un buen plan, supongo. Mejor que cualquiera que yo pudiese pensar. Así que ahora esperamos el avión y veo a Parmenides sentado en su silla del aeropuerto, la cabeza entre las manos, sollozando. Me ha contado otra vez la historia de lo orgulloso que estaba su padre cuando le llevó por primera vez al entrenamiento profesional. Es uno de los malos días.  

Yo sigo con la sensación rara. Como si una parte de mi que ya no existe supiese cómo había que tratar la situación. Como si todo esto no fuese lo adecuado. Pero solo es una sensación. Yo no se qué hacer. Yo solo soy un tipo grande, bruto y tonto. Esa vocecilla dice que la venganza no va a ayudar. Pero los dioses se vengan continuamente. Tiene que ser bueno. 

Mira Hera, que se vengó de mi multitud de veces desde que nací. Bueno, desde que Herakles nació. A veces me es difícil recordar que él no soy yo. A veces me parece más real la pelea con el león de Nemea que la lucha contra el toro blanco de Heraklion. O los llantos de mi primer hijo Terímaco, al que nunca he conocido porque murió hace mazo de tiempo, mucho antes de que yo naciese. Es todo confuso. 

En la pantalla la señal cambia. Ya podemos embarcar en el avión. ¡Nos vamos de aventuras contra Kritias! Habrá peleas, y será épico. Y bum, y bam, y habrá chicas y alabarán nuestro nombre y se harán selfies. Pero aunque le paso el brazo por el hombro a mi bro para animarle, no funciona. Falta algo. Algo que yo sabía hacer antes. Algo que ya no se hacer. Quizás nunca lo supe. Qué se yo, al fin y al cabo, que solo soy un tipo grande y tonto.  

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