A mediados de los años cincuenta, en los comics que leía mi bisabuelo de pequeño, nos dibujaban con mallas de colores vivos, largas capas que ondeaban al viento, antifaces misteriosos. Nos daban nombres exóticos como Superman, Iron Man, Wonder Woman, Green Lantern... y nos hacían vivir complicadas vidas dobles, durante el día con vidas normales y por la noche luchando contra poderosos villanos que buscaban destruir la Tierra. Y entonces llegamos de verdad, y el mundo dejó de vernos con esa admiración que tenían por la ficción, para tenernos miedo. Al principio fueron muy pocos los que exhumaron, como lo llamaban entonces, y conseguían poderes extraños e incomprensibles para sus familias, para sus vecinos, para sus compañeros de trabajo. Intentaron cosas y fallaron. Pero cada vez fueron más y más las personas que exhumaban, y nos cogieron miedo. El gobierno entró para controlarnos. Nos marcaron, nos identificaron, nos quitaron los derechos y nos convirtieron en propiedad...