Lecciones aburridas de dioses omnipotentes
Paulantas paseó su mirada por el aula. El grupo de estudiantes miraban las pantallas de sus portátiles absortos en la tarea que les había puesto, buscando los datos en internet para probar los argumentos de Tausanias primero y su respuesta a las palabras de Locke sobre la libertad religiosa. Poco sabían los muchachos del aula que ese tema a ella le fascinaba particularmente, no en vano había escrito sobre ello su tesis, aunque nadie probablemente la leería jamás, y menos en aquel instituto de secundaria de los suburbios de Archaía la Antigua. Paseó su vista por las paredes, decoradas parcamente con iconos de Atenea y algunas de las Musas, pero principalmente de Dionisio. Probablemente en pocos meses algunos de los estudiantes que tenía delante tendrían la edad suficiente para ser iniciados en los cultos mistéricos del dios, como lo había sido ella años atrás. Así era como debían ser las cosas, como siempre habían sido... si solo las muchachas dejasen de...
Entonces vio a Helena mirando su móvil en vez de hacer la tarea que tenía delante. Enarcó una ceja y la estudiante, dándose cuenta de que la habían pillado, escondió el móvil rápidamente y miró la pantalla fingiendo una concentración que no tenía. Como si así pudiese deshacer el momento en que había sido descubierta y pretendiendo que no había ocurrido pudiese crear una nueva realidad. Era una chica lista, pero tenía que vigilarla para asegurarse de que utilizase su conocimiento bien y no se dispersase buscando videos en redes sociales de sus cantantes favoritas.
-Helena, ya que claramente has terminado el ejercicio, ¿por qué no compartes qué dijo Locke?-
-Yo, bueno, esto no he...- dijo la alumna levantando la mirada sorprendida, mientras sus compañeros interrumpían sus ejercicios para ver lo que estaba pasando- Bueno, esto, Locke... si, él estaba defendiendo la idea de libertad, ¿no? Y como esta pues, tal. Ya sabes, ¿no?-
Con su tono de "soy el mejor alumno de la clase y lo se", de la derecha del aula, cerca de las ventanas, llegó el sonido de la voz de Dimitris. Era uno de los hijos de los muchos recientemente llegados de Lesbos, y se notaba que quería demostrar su conocimiento como forma de intentar ganar amigos. No le estaba funcionando muy bien, pero seguía intentándolo. Y Paulantas creía que al muchacho le gustaba Amaryllis y quería impresionarla hablando en clase, pero poco sabía el joven que de ese modo no se iba a ganar el corazón de la muchacha, que estaba más interesada en los músculos tonificados de los miembros del equipo de atletismo del instituto.
-Locke defiende que la libertad es inalienable al ser humano, que es algo intrínseco que ni los dioses pueden arrebatar. Y que el deber de los buenos ciudadanos de una sociedad es crear un entorno donde esa libertad se maximice, a través de distintas vías, desde la libertad de mercado, a la creación de leyes justas. Tomando lecciones de antiguas democracias como la nuestra o la de Athína, señala que es la libertad el principio rector del mundo y que esa libertad debe consagrarse en todos los aspectos profundos del mundo, incluyendo la libertad de culto, algo que él asocia especialmente con los territorios del norte de América.-
Satisfecho, el muchacho sonrió, buscando la aprobación de sus compañeros y en especial de Helena, tras haberla "rescatado". Pero la muchacha solo puso los ojos en blancos y, sin hacer sonido alguno, movió los labios para marcar la palabra "listillo" con fastidio. Y Amaryllis ni siquiera había levantado la mirada de su portátil, así que el joven se desinfló un poco en su silla.
-Muy bien, Dimitris, ya que vamos a hacer el ejercicio aparentemente entre todos, ¿quien puede decirme qué le responde Tausanias?-
Tímidamente, Orestes se removió en su asiento. Eso significaba que sabía la respuesta y quería decirla, pero en realidad no se atrevía a hablar. Así que con una cálida sonrisa, Paulantas le animó a hacerlo.
-Tausanias acusa a Locke de... bueno, de no entender nada, en realidad. Le acusó de ubris, el peor de los pecados, el de creerse un igual a los dioses y no permanecer en su sitio. Lo mismo que Platón dice que hundió la Atlántida. Porque los hombres debemos saber que no somos dioses, debemos conocer nuestro sitio y aceptarlo. "Solo somos huesos, carne y mentes, pues nuestras almas son regalo divino y quieren permanecer en su lugar como sirvientas humildes de los dioses" escribe en sus Diálogos de Tracia, y cree que Locke es un ateo, que yo no lo creo, pero no se... los dioses irlandeses son raros y no se si Locke creía mucho en ellos.-
-¡No solo eso!- intervino apasionadamente Altea desde debajo de una de las ventanas del aula- Locke no entendió que a lo que debemos aspirar no es a la libertad por si misma, Tausanias dice que usamos la libertad para cumplir con nuestro areté, nuestro destino, ¡la búsqueda de la excelencia!-
-¿Y qué es el areté entonces?- preguntó la profesora suavemente, pero antes de que Altea pudiese responder, lo hizo Dimitris buscando de nuevo reforzar la imagen de ser el más listo e intentando atraer la mirada de Amaryllis.
-Para distintos autores es diferente su definición. Hipias de Élide, hace muchos siglos, dijo que era básicamente la capacidad para hablar, razonar y obrar con éxito; para Platón en cambio era obrar con cuatro virtudes: valentía, equilibrio, justicia y prudencia. Y a menudo en ciertas tradiciones, como la herencia medieval de Sparta con pensadores como Evander el Joven... ¿o era el Viejo? Uno de los dos... se asocia a la valentía y el honor con la proeza en combate, ensalzando principalmente a Aquiles como ejemplo a seguir de areté; pero en cambio la corriente ateniense más moderna asocia el areté con la excelencia en la acción y en el pensamiento, a menudo con la astucia y la acción pública en el ágora, ensalzando por ejemplo a Ulises en lugar de Aquiles. Y finalmente pues los seguidores de Augustus de Roma, asocian esa virtud a la acción cívica que ensalza a los dioses, por ejemplo mediante los juegos en el Circo o la participación en las Olimpiadas: "mens sana in corpore sano" que escribe.-
Satisfecho por haber citado literalmente como lo había hecho antes Orestes, Dimitris miró a su alrededor buscando de nuevo la aprobación de sus compañeros pero la mayoría estaban aprovechando el debate para mirar sus redes sociales y no parecieron prestarle mucha atención.
-¡Pero es que mi madre dice que es el destino de cada uno!- retomó la palabra Altea- Debemos seguir nuestros caminos con la libertad de Locke, pero en el servicio de los dioses, y buscar la excelencia en todo lo que hacemos, porque para eso nos crearon los dioses en tiempos primigenios. Si no nos esforzamos por ser lo mejor que se puede ser en algo, entonces somos una decepción para los dioses. Mira a Achillea, ¡ella es la mejor en la guerra y por eso es la favorita de Ares!-
-¡Oh, venga, no!- el postureo de ser el más listo de Dimitris se rompió al mencionar a la guerrera, tan controvertida en Lesbos- El areté no es la cosa de pegar mejor que los demás, ¡Evander se equivoca! Es cosa de ser muy listo y ser capaz de pensar bien. Por eso la mayor areté ahora la tiene Ajax el Coritio, el favorito de Zeus, ¡él creó con su inteligencia, liderazgo y astucia la Liga! ¡Él unió a todas las polis en un único bloque! ¡Él sí es un héroe y ha traído el renacer a Olimpia!-
-Buuuuu- intervino alguien desde el fondo de la sala, lanzando una pelota de papel- vuélvete a Lesbos con tus discursitos Dimitris, ¡aquí no te queremos! ¡Y Ajax es un viejo senil como tu padre!-
Las risas confirmaron que lo había dicho Kairos, el líder de los más rebeldes y revoltosos de los alumnos de clase, era lo que muchos en el aula pensaban y el joven inmigrante se puso en pie furioso para responder. Así que era hora de terminar el debate y Paulantas hizo oir su voz por encima del revuelo para cambiar el tema a la siguiente lección. O eso o habría problemas en el aula, y eso no ocurría allá donde ella era profesora.
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