Belle Epoque 9
Carta a Gaudí, 18 de mayo del año de Nuestro Señor de 1905:
La ciudad, querido mentor, está oficialmente patas arriba por la llegada del Emperador de Austro-hungría. Así que me planté en la casa del Maestro Mucha por la mañana para ver qué pensaba hacer y esas cosas, y me lo encuentro todo guapetón con su uniforme militar. Cierto que le iba un poco justo, pues los años que han pasado desde la última vez que se lo puso no han debido ser pocos, pero estaba muy atractivo igualmente. Ya se sabe que los uniformes son la perdición de las damas.
El Maestro tenía intención de estar en el desfile de la llegada y luego tenía audiencia con el Emperador, pero no sabía muy bien qué tenía que hacer o decir. La historia se lleva por delante a los indecisos, hay que ser echada para adelante y en todo caso que otros te paren. Y así se lo hice saber, que se valiese y confiase en si mismo y quizás pudiese argumentar algun tipo de Marquesado o algo por el estilo en la frontera entre alemanes y austríacos que garantizase la paz. Yo no se mucho de política, pero algo me ha quedado de vuestras palabras, y parece que lo dicho le gustó al Maestro. Pena que no pude pasar más rato con él porque él ya estaba listo para partir a la recepción oficial.
Así que mientras Paris se preparaba para la llegada del Emperador, yo he aprovechado un día de tranquilidad y reflexión, estudiando la forma en que se asientan los sillares de Notre-Damme a la hora de darle esa grandeza que queremos transmitir, modernizada por supuesto, en nuestra Sagrada Familia. Entre tú y yo, querido mentor, Notre-Damme tendrá mucha fama pero la catedral de Sevilla la prefiero mil veces, o la de Burgos.
En cualquier caso, siempre tuya
María Fallas
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Drahy otce,
Hoy ha sido un día largo, complicado e intenso, padre, pero uno lleno de esperanza para nuestros intereses y un futuro en paz para el mundo. La llegada de su Majestad el Emperador ha sido tal y como se planeaba y este primer día de su estancia en París ha sido prácticamente íntimo, apenas el personal que le acompaña personalmente y los miembros más destacados de la Embajada. Ya mañana habrá tiempo para los actos públicos, la prensa, la ópera y tantas cosas.
Pero este primer día me ha dado la oportunidad de conocer a su Majestad de una forma más humana y hablar de los asuntos mundanos y divinos que correspondían. Le he encontrado mucho más receptivo de lo esperado a las ideas del arte como puente que abre un futuro mejor, y a los intereses más prácticos y pragmáticos de la política imperial. Ya durante el tiempo conversando en el Pont Alexandre III noté su apertura, pero la realidad empezó a consolidarse cuando llegó la visita al Petit Palais, especialmente a partir de llegar a la estatua de hielo de Libuse y que se nos uniese Herr Mucha.
He de reconocer que me sorprendió para bien la propuesta del excelentísimo pintor y arquitecto, de crear en Bohemia un espacio neutral fuera del Imperio y fuera de Prusia, que actuase como garantía de paz entre todos los alemanes. El sueño familiar de la independencia de nuestro Reino no fue desechada por el Emperador como temía, sino al contrario, pareció intrigarle. Incluso propuso que le redactásemos una propuesta, para la cual me hizo obsequio de una pluma realmente espléndida.
Las conversaciones continuaron en torno a la mesa de la cena en el histórico La Petit Chaise, donde entre excelentes platos y caldos para acompañarlos, las conversaciones de arte, política, mujeres y cocina se entremezclaron con naturalidad. Le hablé de Frauline Müller, que le he asignado un espacio para entrevistar al Emperador mañana y pasado, e incluso le mostré su trabajo en torno a la paz y se mostró impresionado por el don para que la palabra cambie corazones. Y también las capacidades de Herr Redaux para transmitir con sus postres de pastelería y tantos otros que merecen mención pero harían esta misiva demasiado larga. Y tristemente, tras un día tan largo y cargado de emociones, y ante la previsión de cómo será mañana, no tengo las energías para extenderme mucho más, ya que aun después de que el Emperador marchase a disfrutar de su postre en la casa de la Baronesa Rothschild, su gabinete, Herr Mucha y los miembros de la embajada permanecimos en el restaurante esbozando la propuesta de cambios y la posible fragmentación del Imperio.
Me acuesto ya, pero siento que hoy estamos pasos agigantados más cerca de los sueños que la familia siempre ha tenido de ver un Imperio próspero, moderno y en paz, y una Bohemia libre e independiente. Así que me despido de momento, otce, hasta la misiva en que mañana os cuente cómo han continuado los eventos de la visita imperial.
Maximilian Belcredi
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Notas dispersas, 18 de mayo de 1905
Tio tio tiooooo. Como se lia to. Mecagüen. Putain. Joder y yo aqui. Joderjoderjoder. Meterse con los ricachones es un fregao.
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