Belle Epoque 10
Notas dispersas, 18 de mayo de 1905:
Vaya donde vaya la peña me mira. Lo intenta al menos. Pero soy mejor. Pero estoy en lio. No juntarse con ricachones. A liar a Fredo el Italiano pa que haga lo de las cuerdas. Si es que menuda liada. Putain. Si es que voy de mal pa peor. Al menos Fredo alluda. No se que aria sino. Pues tirar pa'lante con el fregao supongo. A este paso me van meter un chapuzon nel Sena. Joderjoderjoder.
------------------------------------
Drahy otce,
Ha llegado el gran día de la visita imperial, y pese a los imprevistos, todo ha ido como debería ir. Quizás mejor de lo que habíamos esperado. Pero me estoy adelantando, ha sido un día largo y lleno de eventos, así que mejor empezar por el principio: el teléfono. Como ayer el Emperador había manifestado su aprecio a la obra de Herr Matisse y de Herr Renoir, llamé a ambos para tratar de organizar que nos acompañasen mañana durante la visita al Louvre y, afortunadamente, ambos accedieron.
Y tras esas llamadas, los preparativos y demás correspondientes para comenzar la parte de la visita más de Estado, comenzando con el desayuno con el Presidente de la República. Ambos dignatarios desayunaron en una mesa aparte y, pese a las tensiones iniciales, el Emperador se hizo con el control de la conversación y ambos acabaron de buen grado. Yo aproveché para mantener el buen talante con los miembros de su corte y así descubrí que, como era de esperar, otros intereses han intentado influir en su Majestad. En concreto intuyo que la Baronesa Rothchild sería una de esas influencias y es posible que estén buscando asilo en el Imperio por si la decadencia de la nobleza francesa continua o se agrava. Puede ser buena oportunidad para nuestra tierra atraer a gente de fuera con riqueza y posición.
Tras abandonar el Palacio del Elíseo, marchamos todos juntos a la Ópera de Garnier. Por supuesto, aún era pronto para la función, pero allí había una rueda de prensa en la cual su Majestad había insistido, para reforzar su imagen en la sociedad parisina, pues los habitantes de la ciudad a menudo están bien informados a través de periódicos de múltiples tiradas. Me encargué de que Frauline Müller tuviese su momento de brillar pero quizás quien más destacó, por lo arriesgada de su pregunta sobre el Kaiser Wilhelm II, fue Herr Zola, creando más tensiones de las que las preguntas de muchos de los presentes habían generado. Pero su Majestad salió más que al paso adecuado y demostró su buen talante y saber estar ante esa y todo el resto de las preguntas de la prensa reunida.
Tras eso, su Majestad se retiró a descansar y yo aproveché que ya me encontraba en la Ópera para reunirme con múltiples personas. Frauline Lecat por ejemplo quería saber en qué hacer énfasis durante su interpretación, pero como sabéis yo no creo que se le puedan o deban poner límites al arte y confiaba plenamente en que lo que la diva decidiese hacer sería lo acertado... me adelanto en la narrativa de los eventos al deciros que no me equivoqué, y ella estuvo deslumbrante. También compartí palabras con el director de la troupe, Herr Gabriel, así como con otras personalidades presentes como Herr Garnier, siempre tratando de tranquilizar los ánimos y que todo discurriese de modo natural, algo en lo que conté con la inestimable capacidad de liderazgo de la cantante principal que estaba inspirando el mismo ambiente en los presentes a su alrededor. Sin duda funcionó, quizás incluso en especial a Herr Lefevre, pero llegaré a eso un poco más adelante.
La hora de apertura de puertas fue cuando el mayor imprevisto tuvo lugar. Con la gente reunida, incluida su Majestad Imperial, unos revolucionarios mostraron una pancarta con las palabras "Bohemia: Liberté, egalité e fraternité = Austria liberté, egalité e fraternité". Si solo hubiese sido eso, no habría sido grave, pero osaron destruir el Pallas Athenea que Herr Klimt había pintado y que días atrás había sido sustraído del Louvre. Atacar una obra maestra como esa era algo impensable para mi en París y el impacto en los presentes fue innegable. Algunos de los miembros del Concilio de las Luces presentes incluso corrieron en dirección a la pancarta, pero mi atención estaba centrada en su Majestad imperial. No podíamos permitir que la ira y la furia dominasen la escena y conseguí tranquilizarle convenciéndole de que era una gran oportunidad para mostrar su magnanimidad. Y, al hacerlo, caer en la cuenta y defender públicamente que la libertad de Bohemia era un mensaje que se podría haber entregado mejor por carta, pero era un mensaje válido que había entendido.
Con esa crisis solventada pudimos adentrarnos en el Palacio de nuevo y subir al palco principal, desde donde asistimos impresionados a la representación de Lebuse que, en más de una ocasión, me logró arrancar lágrimas y no me avergüenzo de reconocerlo. Frauline Lecat como la fundadora de nuestra nación hizo un despliegue tal de virtuosismo musical que por si mismo hubiera sido suficiente, pero aprovechando la puesta en escena realizó una danza que nadie había visto nada similar, como si la antigua fundadora fuese una estatua de hielo que danzase con una belleza y elegancia digna del cristal más puro.Y Herr Lefevre tuvo su mejor interpretación, al menos que yo le haya presenciado, con un destello de grandeza como el marido de nuestra antigua figura legendaria que le dio una grandeza inesperada e inestimable al granjero convertido en rey. Fue sin duda una interpretación mágica en el más puro sentido de la palabra, que no solo me conmovió a mi sino a su Majestad y a todos los que nos encontrábamos en el palco.
Tras ello la recepción con los intérpretes, acompañantes, y demás fue impecable. El broche de oro al evento y la confirmación de que su Majestad se encuentra favorable a nuestros planes, que de hecho le entregamos como borrador al comienzo del día. Cenamos bien, ya la parte más diplomática, en el Pavillon Ledoyen, aunque las autoridades francesas tuvieron que marcharse pronto a realizar sus averiguaciones sobre lo ocurrido frente a la Ópera. También su Majestad tenía voluntad de retirarse temprano para disfrutar de la compañía femenina y, tras un día tan largo y habiendo dormido poco, sabiendo que mañana debe ser el broche de oro que confirme nuestros deseos, yo también me retiré.
Creo que nuestra Bohemia está más cerca que nunca de ser independiente de nuevo y este pensamiento me llena de alegría y esperanza, tal como cantaba Frauline Lecat, pero también de miedo de que todo torne en un espejismo en el último momento. Así que aún queda un día para asegurar haber conquistado el corazón de su Majestad, mañana os escribiré con el desenlace de todo lo ocurrido. Hasta entonces,
Maximilian Belcredi
-----------------------------------------------
Aquellos atrapados bajo techos pierden la oportunidad de ver el nacimiento de una estrella, aquellos en plazas y espacios abiertos pueden ser iluminados por su belleza. Y yo, una mera sombra danzante en las calles de París, procedo como los Reyes Magos de la Biblia, a seguir profanamente la senda que esta me marque. Primero al Chat Noire, pero ahí no han visto el astro entrar sino continuar viajando a la guarida de un dragón. Dancen llamas y mentiras, pues es en la prisión de oro y mármol, en la falsa trampa del monstruo explotador, que la nueva estrella se encuentra en compañía de los integrantes del Concilio de las Cadenas, presos felices de los artificios del falso oro que deslumbra pero no ilumina. Conversé con ellos animadamente, pese al dolor físico y emocional que supone estar en un lugar donde la libertad es torturada y el arte es prostituido como en la antigua Babilonia de rameras sagradas llena. Pero le transmití a la nueva estrella mi idea de que debía buscar al Sol y a la Luna para que sepan de su ascensión al firmamento, pues con esa transformación su posición en la ciudad para siempre ha cambiado, no ya el niño bonito pero impotente, sino una fuerza por si misma que debe encontrar en su propia voz la guía para su camino.
Pues París, aunque callé el recordatorio, se ha vuelto hostil a los nuestros con el monstruo oculto tras la torre cinematográfica y quizás otros monstruos se oculten aún, conspirando para cegar los cielos mismos. Pero esta sombra no puede más que advertir, no es su lugar ni guiar ni ordenar, solo ser testigo y jugar su pequeño papel en la danza que a otros atrae como polillas a la llama, pero que es tan estéril y vacua como la prisión de alcohol y falso oro de la que me estaba marchando: el poder no es más que una trampa para quienes lo buscan, y para quienes lo tienen. Y temo que la nueva estrella ha encontrado un poder para el cual quizás no esté preparado, y que sin duda le va a transformar de un modo u otro. Salvo que rompa las cadenas y baile en su propia luz, pero pocos somos los que tomamos el camino de abandonar las falsas seducciones de los diablos engalanados, y abrazamos la pequeña pero verdadera modestia de no temer nuestra propia voz.
Comentarios
Publicar un comentario