Bajo la Égida del Pantheoi 14: Ascuas de la Gran Guerra
Hace casi un siglo de la gran guerra que partió las tierras de aqueos, troyanos y romanos: Sýnkrousi Ton Trión Enoménon, el Conflicto de los Tres Unidos. Era el final de los felices 20, una época de arte y belleza y optimismo donde Ephyra, Mycenae y Athína dominaban, ante el declive continuado de otras polis como Sparta y Olympia. Y los tres Elegidos más poderosos del tiempo, amigos durante mucho tiempo, decidieron cambiar eso y tomar el control de toda Grecia: Tamicles (Elegido de Hades, con el control de la próspera Mycenae), Elektra de Ilion (Elegida de Zeus) y Ionia Terentia (Elegida de Poseidon, oriunda de Thebai). Juntos lanzaron una guerra que arrasó polis tras polis durante años, matando a millones de ciudadanos y con muchos Elegidos uniéndose a ellas, al fin y al cabo eran las más poderosas y las Elegidas de los Tres Reyes. Pero en el segundo año desde el norte descendieron las amazonas de Themyscira y después Pella se unió, y sus ejércitos de mortales, sus bombarderos, sus gases mostaza y trincheras. Los Elegidos pueden tener poderes terribles e incomparables, pero no pueden estar en todas partes al mismo tiempo y miles y miles de mortales al final acabaron por desgastarlas y darles final a sus vidas. Y con ello, cuatro años después del comienzo del conflicto, la paz regresó a Grecia, tras la más brutal de las guerras que esta había vivido.
A Zoi y Aleksei los encontramos saliendo de la cafetería del Simvoulí, una organización que se construyó por los sueños de Ajax el Corintio para prevenir que un conflicto como el que él vivió de pequeño se volviese a repetir. Allí se les unieron Lyra, Dimitris y Argos, aunque el gladiador tuvo sus problemas para llegar, no en vano había sido exiliado de la polis por sus crímenes tiempo atrás, si bien poco podían hacer por detenerlo los mortales ahora que Prometeo lo había escogido. Se pusieron al día sobre lo ocurrido y recibieron la misiva del gobierno de Pella de que Ajax se encontraría con ellos a media tarde, de modo que había cierto tiempo libre.
Lyra quería hacer un sacrificio a Hefesto: la extraña máquina de crecimiento de monstruos. Así que marchó al Templo del Forjador, pues tal era el aspecto del dios que se representaba en Olympia, aunque encontró cierta resistencia por parte del sacerdote principal del mismo ante el desagrado que le causaba la monstruosidad fetal en el tanque de líquido. Pero Zoi y Aleksei la ayudaron a convencerlo de realizar el sacrificio y, retirar a la criatura del tanque le hizo abrasiones en la piel a la ingeniera y el feto intentó drenar su vida y salud. Incluso en su final, cuando tras las plegarias y libaciones la daga se hundió en ese amasijo de carne repulsiva, el acero se pudrió y corrompió, y el propio altar se llenó de grietas negras que solo se restañaron cuando en el cielo resonó el golpe de un martillo en un yunque, atronador como la tormenta.
Tras el sacrificio, y todos unidos, fueron al templo de Zeus, una de las siete maravillas del mundo y uno de los dos lugares más sagrados de toda la Liga, junto con el Oráculo de Delphi. Ajax los recibió a todos a los pies de la magnífica estatua del Rey del Olimpo, un hombre mayor, estresado por todas las negociaciones que estaban teniendo lugar, con demasiados problemas sobre su plato. Le contaron todo lo que habían descubierto, le mostraron las palabras de Hecate, le argumentaron de la importancia de la amenaza que se cernía sobre todos. Y él no estaba en desacuerdo sobre el peligro que suponía Typhon y su prole, pero había otros muchos asuntos acuciantes y unir a los Elegidos en una única empresa era extremadamente complicado. Llevaba una vida entera luchando por crear un lugar donde pudieran dirimirse las diferencias de un modo pacífico, y entendía perfectamente que la de todos ellos era una familia enorme, poderosa y mal avenida. Y que ponerles de acuerdo era una tarea complicada, enorme, casi imposible, incluso ante algo tan importante. Fue cuando les preguntó por los intereses de sus patrones que surgió una cierta controversia, ya que cuando le llegó el turno a Argos este estaba en la inopia e ignorando la conversación lo cual le llevó a un choque con Ajax que le llamó "alumno díscolo", lo cual acabó resonando por todo el tejido de la Leyenda del Elegido de Dionisio y se convertiría en su primer título. El fundador de la Liga no estaba del todo convencido de que ellos debieran lidiar con Typhon habiendo tantas cosas inminentes y mortales ocurriendo, ya que pensaba que si el Hijo de Gaea y Tartaro se liberaba sería necesario que el Portador del Rayo mismo interviniese y lo solucionase, como había hecho en el pasado. Pese a todo el anciano les ayudaría, el argumento de que mejor prevenir era uno fuerte y válido, de modo que usaría su influencia para que el Simvoulí escuchase su mensaje y así tuvieran un punto de partida fuerte a la hora de tratar de convencer a las distintas facciones, intereses y grupos. Y también celebraría el sacrificio para el Portador del Rayo que ellos querían realizar, aunque Dimitris se ausentó del mismo pues no quería participar de algo del estilo.
Solo, el gladiador se marchó por las calles de su polis hasta encontrar un lugar tranquilo y solitario donde encender un fuego y meditar sobre Prometeo y su propio camino en todo lo que ocurría. Al fin y al cabo, los prometeanos estaban implicados en todo, tal como habían descubierto, y no sabía lo que ello podía significar. Entre los vapores del humo y su propio esfuerzo entró en un trance en el que de nuevo se vio encadenado y con algo que no veía devorándole los intestinos, y se escuchó a si mismo decirse que "estaban descarriados", que "necesitaban guía". Pero su visión se vio interrumpida con la llegada de una inesperada tormenta, cargada de lluvias y rayos, pues Zeus estaba furioso. ¿Por su pequeño ritual a Prometeo? ¿O acaso por las revelaciones de sus enemigos en movimiento, los herederos de Typhon, que los demás le habían presentado durante el sacrificio en su templo? Difícil es saberlo, pero era hora de ponerse en marcha y reunirse con los demás de nuevo, bajo el aguacero.
Ajax los llevó a la noble sala del Simvoulí, donde Hippolita estaba hablando en aquel momento de otra de las amenazas para la Liga: los esfuerzos del Tzar del Rus por infiltrar sus templos en las montañas de Themiscyra, aprovechando el descontento de los hombres de la región, como primer paso de una posible invasión a gran escala. Otros delegados tomaron la palabra después, ante la congregación de reyes, presidentes, tiranos, emisarios y más. Y finalmente les llegó el turno a ellos, que subieron juntos al podio pese a las reticencias de Argos y Dimitris, especialmente el primero temía decir algo inapropiado en el momento y causar un problema para todos. Aleksei fue quien tomó la palabra ante la audiencia congregada y, como percibieron los más atentos de entre ellos, sus palabras infundieron gran temor entre los mortales presentes, y despertaron diversas reacciones entre los representantes divinos en la sala, desde el interés de Apolonia al desinterés de Hippolita, la precaución de Menelao, las notas rápidas tomadas por Filippa, etc. Quizás la que más fuerte reacción mostró fue Tatiana de Athína, una de las Elegidas de Atenea, que rápidamente fue a su encuentro mientras salían de la sala, momento en que Argos casi la lía con un juego de palabras soez con respecto al Rey de Troya que tomaba el estrado en ese momento, y que solo se evitó porque Zoi rápidamente le tapó la boca y lo sacó de la sala.
Tatiana era encantadora, pero su sonrisa ocultaba el dolor y el trauma de su interior solo en parte, especialmente cuando tras preguntarles por todo lo que habían dicho les contó lo que ella sabía de los prometeanos. Había estado infiltrada investigándolos durante años hasta que, unos meses atrás, un grupo de ellos la habían secuestrado para que ella sacase del banco las pruebas que tenía de sus actos. El trauma de esos hechos aún no había sanado dentro de ella, que intentaba sonreir y seguir adelante pese a que las heridas seguían sangrando metafóricamente. Y les contó todo esto porque esperaba que ellos supiesen más, y ellos le contaron de los extremistas, y ella les dijo como contactar a los dos prometeanos de Ephyra que ella conocía, y que quizás estuviesen planeando un atentado mortal en Sparta. Ella tenía la esperanza de que, quizás, Dimitris pudiese encauzarles, quizás a él le escuchasen, y sino que entre todos pudiesen evitar una masacre que haría que la reacción espartana fuese brutal y llevase a que todo el mundo se volviese más extremo.
Terminada la conversación en la cafetería, la presentadora de televisión regresó a cubrir las noticias del Simvoulí mientras en el moderno comedor entraba uno de los representantes de Delphi. Airado y enfadado, encaró a Dimitris, acusándolo de que su visita había hecho que la Pythia Helena hubiese dejado de recibir a nadie, y se hubiese encerrado. Pero el gladiador no podía contar lo que había ocurrido, pues es secreto todo lo que discurre bajo el techo del Oráculo, y solo pudo dispersar parte de la atención. Y, ante las exigencias del representante de Delphi de que se disculpase ante Apolo, el luchador se negó, con el apoyo de sus compañeros que pensaban que otra solución debía ser posible.
Tras esto, las delegaciones estaban abandonando ya el Simvoulí pues la hora de la cena se aproximaba y el trabajo del día estaba listo. Así que aprovecharon para ir al encuentro de la delegación de Pella, que se estaba preparando para el viaje a Halikarnassos para el encuentro con los representantes de Tara. Pero Filippa permanecería en Olympia y es con ella con quien querían hablar. La veterana mujer, Elegida de Atenea y Directora de la famosa Sholí Dioíkisis, les escuchó y habló con ellos, aunque su terquedad y condescendencia eran un problema parcial. Pero estaba preocupada por lo que habían dicho, Macedonia había encontrado algunas de las señales del despertar o regreso de algunos de los más peligrosos hijos de Typhon, no en vano el navío desaparecido que ellos mismos habían planeado buscar (el Bellocino) había sido tragado por Caribdis... una muerte de negrura y profundidad, como había sido descrita por la pitonisa de Heraklion semanas atrás. Pella colaboraría con sus satélites y servicios de inteligencia en intentar encontrar las torres e interceptar posibles comunicaciones entre los conspiradores que buscaban el retorno del Padre de Monstruos.
Aun quedaba trabajo por hacer, sin embargo, demasiados Elegidos con puntos de vista e interés diferentes. Demasiados choques y rencillas entre polis. Demasiados senderos dispersos y objetivos a alcanzar. Pero primero, quizás encontrasen algo de utilidad acompañando a la delegación macedonia a Halikarnassos.
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