Bajo la Égida del Pantheoi 12: El caballo de Ilion

Ophioussa es una ciudad de currantes, cargando y descargando los navíos que continuamente llegan y parten del puerto. Uno de los puntos de encuentro y cruce de caminos más importantes del mundo, centro de comercio de la Liga en buena medida gracias a los daños que los puertos de Néa Athína sufrieron durante la guerra con Sparta. Pero no es una ciudad sin conflictos, sindicatos reclaman mejores condiciones laborales para los trabajadores libres, mientras que las noticias de la nueva IA desarrollada en Mycenae va a desplazar a los trabajadores de sus puestos laborales. Y bajo el sol de la mañana que ilumina el Coloso en todo su esplendor, y el más apagado sol sobre el templo de Helios, el día del encuentro con Ioannis Bakas ha llegado.

Así que los Elegidos desembarcaron del crucero y se encaminaron hacia la torre de Viomichánies Varkáridon para su reunión. Desde su transporte pudieron ver el templo de Helios, con su antigua reliquia que ilumina la ciudad desde hace milenios, así como el portentoso templo de Hécate, el mayor fuera de Caria; y el de Hermes, opuesto al de Hecate en la plaza, como si compitiesen por el control de las rutas que conectan la ciudad con el mundo. Y finalmente la torre de la gran corporación, toda en blanco y formas suaves y curvas, visible desde cualquier parte de la urbe del mismo modo que lo es el Coloso en el puerto. 

No tuvieron que esperar más que unos pocos minutos, con café gratis además, para que Thalia de Ilion, la más reciente Elegida de Perséfone, bajase a acompañarles a la última planta. Ioannis resultó ser un hombre serio, profesional, centrado, con cierta información pero también sus desconocimiento. Los Dioses en el Olimpo, o en el Inframundo, o en las fosas marinas, raramente dan explicaciones. Pero junto a Ibis de Plata, el consejero principal del Faraón egipcio, el Elegido de Hades tenía ciertos conocimientos de lo que estaba ocurriendo, ampliado por la información que le llegaba en la carta que traía Zoi. El Du'at egipcio y alguna parte del Hades griego estaban conectados, y monstruos del linaje de Typhon aparentemente estaban colaborando con la gran sierpe Apophis para destruir al Faraón en su viaje nocturno, a cambio de algún tipo de beneficio para los monstruos aqueos. Quizás estos fueran los desequilibrios que Caronte había notado en el Stygia y de ahí que hubiese enviado la granada a Homero. Quizás. 

Pero había más preguntas que respuestas, sobre terremotos en el Etna y en Creta, la aparición de monstruos en las polis del norte de la Liga y en otras partes. Y aunque preguntaron a Herakles por sus aventuras en Arachosía, la información obtenida fue limitada. Pero les dio la localización de la torre donde él se había enfrentado al monstruo que estaba creando lobos gigantes, lo cual abría una línea de investigación. Otra era buscar al misterioso Guardián que vigila que Typhon permanezca en su descanso forzoso bajo el volcán de Sykilia. Y la tercera era intentar conseguir alguna respuesta de Hecate, pues ella es una de las pocas divinidades capaces de sacar cosas de las profundidades del Hades. Y como se les ocurrió, quizás podrían encontrar información y secretos valiosos en la torre que pudiesen ser ofrecidos a la Portadora de la Antorcha para conseguir respuestas de lo que estaba ocurriendo en el Inframundo. Al menos, eso esperaba Aleksei, que guardaba silencio sobre las dudas de su Patrona, habida cuenta que Circe en su isla ya les había dicho que tenía un trabajo importante que hacer para la Señora de las Brujas... y el macedonio temía que acaso hubiera traicionado por alguna razón al Olimpo.

De modo que Thalia invocó a su carruaje tirado por un pegaso y los llevó a todos directamente a las montañas al norte de Arachosía, donde la localización de Herakles situaba la torre. Tuvieron que caminar un poco hasta llegar, aunque más que caminar fueron en moto con un sidecar improvisado por Lyra, pese a lo complicado y accidentado del territorio. La torre era un edificio de cuatro plantas, más bien resistente aunque nada estético, en mitad de un claro creado a base de cortar los árboles de las cercanías. Y mientras Aleksei permanecía en su moto, los demás se acercaron a investigar en sigilo. Argos y Zoi entraron en la planta baja sin incidentes, encontrando a dos mortales que estaban ocupados con unas cajas que estaban transportando, pero la entrada de Lyra no fue tan sutil y rápidamente los dos mortales echaron mano a sus armas. De poco les serviría, el martillo de Zoi aplastó al primero de ellos y, aunque el segundo logró disparar su pistola, fue volatilizado acto seguido por los brazaletes mágicos de Lyra. Esto sin embargo había creado ruido y Argos, en silencio, fue ascendiendo a investigar la siguiente planta. 

Zoi salió a avisar a Aleksei de que entrase en la torre ahora que la infiltración había fracasado y, ya a punto de entrar, el motero vio una sombra en el cielo. Fijándose con cuidado, reconoció la silueta de un terrible dragón y, siendo que este parecía un edificio de los sirvientes de Typhon, reconoció a la voladora criatura como Delphyne, aquella que otrora había protegido los restos de Zeus cuando este había sido derrotado. Terriblemente poderosa, pero no demasiado inteligente, como Aegipan y Hermes habían demostrado en su momento. Arriba, Argos encontró una planta llena de cubiles para criaturas de todo tipo, ahora la mayoría destrozados tras el paso unos meses antes de Herakles por el lugar; en esa planta, sin embargo, un ogro tiraba de una gran caja bajo la supervisión de dos mortales, o así era hasta el sonido de los disparos y el combate en la planta inferior, que el ogro y uno de sus cuidadores bajaron a investigar, mientras el otro subía. O pensaba hacerlo hasta que se encontró con el cuchillo de Argos clavado en su espalda y su alma camino de su encuentro con el Barquero. Aunque nadie le pondría sus dos monedas a ninguno de los que caerían en esa torre, condenados a nunca poder cruzar el Stygia. Y el ogro y su acompañante fueron rápidamente puestos a dormir con una canción de Aleksei. 

Con la situación parcialmente controlada, Lyra abrió la enorme caja que cargaba el ogro, encontrando un extraño tanque con líquidos en su interior. A su mente privilegiada no le costó entender el funcionamiento de la maquinaria ni los complejos rituales apócrifos inscritos en su exterior: era un artefacto para criar y hacer crecer monstruos a una velocidad superior, alimentado por el mal uso de los nombres de Typhon, Gaea y Prometeo. La mecánica rápidamente ingenió un sistema de poleas para bajarlo a la planta inferior y llevárselo, mientras Zoi cargaba con el durmiente ogro. Pero el tiempo corría y la ansiedad crecía, el dragón debía estar pronto a llegar, lo seguro era marcharse con lo encontrado antes de que fuese demasiado tarde. Pero irse no sería valiente y dejaba cosas sin responder, y el peligro nunca detuvo a los aqueos, además de que Aleksei empezaba a trazar un asqueroso pero excelente plan para lidiar con el problema. La decisión final sin embargo cayó en manos de la mensajera que, impaciente en la planta baja, activó el claxon de la moto para meterles prisa a los demás. 

Esto puso sobre alerta a los ocupantes de la tercera planta que comenzaron a bajar para investigar y la canción de Aleksei solo pudo dormir a los mortales, no a los dos ogros que les acompañaban. Argos, que estaba en esa escalera, se deshizo rápido del cadáver y dispuso astutas trampas para detener el avance de los enemigos, antes de esconderse en las sombras, mientras Zoi corría escaleras arriba a reunirse con sus compañeros para el nuevo combate. La que lo inició, al poco de ver bajar a los enemigos, fue Lyra que hirió de gravedad al primero de los ogros, mientras Aleksei ordenaba al otro que atacase a su compañero. Desorganizados, los dos ogros descendieron las escaleras peleando entre sí, tropezando en las trampas del estudiante universitario y con el que estaba herido perdiendo la vida a manos de su compañero antes de que la cabeza de este recibiese un sonoro golpe lateral del martillo de la Elegida de Hermes que lo lanzó al suelo donde los brazaletes de Lyra lo deshicieron casi literalmente. 

Silencio de nuevo, y la última oportunidad de huir antes de que el dragón llegase. Pero Aleksei les contó su plan de hacer un visceral caballo de Ilion: vaciar el cadáver del ogro de todo lo posible de su interior y usarlo como disfraz donde Zoi llevaría a Lyra a hombros. Delphyne era terrible en poder y fuerza, pero débil en astucia, no sería capaz de ver a través del engaño... o eso esperaba el motero. Y con eso en mano, tenían tiempo para investigar el resto de la torre. En la tercera planta encontraron el espacio donde vivían y trabajaban los humanos que habían construido las instalaciones (completamente arrasado por el combate de Herakles aquí) y también una gran sala de ordenadores de donde Aleksei cogió tres discos duros al azar para ver y analizar con calma después, lástima que Tyche no estuvo de su lado y los cogidos no tendrían información relevante. 

Siguieron ascendiendo, matando a los mortales que dormían bajo el embrujo del macedonio, pero cuando el falso ogro alzó la mirada por encima de las escaleras a la cuarta planta, entre cajas de materiales para transportar, la criatura que estaba gestionando todo la miró de vuelta y vio a través del ardid. Era un monstruo con cabeza humana, sobre el cuello largo y el torso de un avestruz, con garras de león en vez de alas y patas de elefante, todo ello recubierto en junturas y curvas por serpientes siseantes. El combate que siguió fue breve y brutal. Mientras Aleksei cantaba para dormir a los mortales del lugar la criatura emitió un grito extraño con múltiples voces. Lyra salió descosiendo rápidamente la parte trasera del disfraz y, de un salto, disparó con sus brazaletes contra la monstruosidad pero esta apresó la energía mágica con una de sus garras leoninas y saltó sobre la ingeniera atrapándola entre sus garras y causando graves heridas. Zoi abandonó con una agilidad inusitada el resto del disfraz y, con un golpe de su terrible martillo, dio fin a la vida de la monstruosidad. 

La torre había sido tomada y rápidamente investigaron el lugar, rematando a los enemigos mortales durmientes. Pero mientras investigaban el suelo tembló pues el dragón había aterrizado. Encontraron más sangre turbia que alimentaba las máquinas de crecimiento acelerado y una de estas que tenía en su interior un extraño feto lleno de cánceres y mutaciones. También un aparato de comunicaciones y los mortales llevaban unos pequeños medallones, casi como chapas militares, con una llama como única decoración. Lyra improvisó otro sidecar para la moto donde colocar la máquina, el ogro durmiente iría en el otro sidecar mientras las dos Elegidas regresaban a su disfraz... y Aleksei se tuvo que hacer un disfraz con la monstruosidad del piso de arriba, cuyo cuello había quedado como un acordeón tras el golpe del martillo de la Elegida de Hermes. 

Así preparados salieron al encuentro con el dragón, cuyo rugido fue oído en kilómetros a la redonda. Pero los aqueos son mañosos y con ardides y engaños Zoi convenció a Delphyne de que esta no era la mercancía que estaba esperando y pudieron marcharse. Escondidos bajo los árboles camino del punto de recogida, se quitaron sus sangrientos disfraces mientras escuchaban la ira dracónica rugir por el valle al ser la hija de Typhon consciente de que había sido engañada. Con un batir furioso de sus alas, alzó el vuelo en busca de aquellos que se le habían escapado, con la mala fortuna de que se encontraba alejada cuando se aproximó Thalia con su cuádriga tirada por pegaso y nada pudo hacer Delphyne para evitar su huida. Sangrienta, maloliente, épica y astuta retirada estratégica. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Paraiso Perdido 27: Una vida para amaros

Renglones Torcidos de Dios 1

Paraiso Perdido 25: Requiem por un sueño