Bajo la Égida del Pantheoi 7: La maldición de Pandora

Aunque Prometeo languidecía encadenado al Caucassos, la paz no era total porque Gaia seguía desaparecida y donde quiera que se mirase sobre ella los hombres con su fuego quemaban los bosques de dríadas y ninfas, saqueaban las montañas por las joyas, y destruían amargamente. Zeus sabía que había que hacer algo, e ideó un plan. Encargó dos cosas a Hefesto, que se encerró en la forja y en su trabajo hasta el extremo de ignorar a su esposa Afrodita, lo cual tendría sus propias consecuencias, pero eso es otra historia para otro día. Cuando el artesano divino presentó su trabajo finalizado, el Rey del Olimpo estuvo satisfecho y reunió a la corte divina.

Frente a ellos, aún de barro, estaba la que sería la primera mujer, y la hermosa ánfora que estaría atada a su destino. Y el destino, como bien sabemos nosotras, no es algo que se pueda evadir. Así que Zeus instó a todos los dioses a darle un regalo a Pandora y a volcar un terrible mal en la ánfora. Y cuando eso estuvo listo, él le otorgó infinita curiosidad y encerró una última cosa en la vasija, antes de que Atenea diese vida a la mujer. Lo primero que vio fue la vasija y el Rey de Reyes le dijo que era una muestra del afecto de los dioses, que nunca debía abrir. Hermes la llevó entonces con quien sería su marido, Epimeteo, que había sido advertido por Prometeo de que nunca aceptase un regalo de Zeus, pero el titán no se dio cuenta hasta que ya fue demasiado tarde y ya estaba prendado de su esposa. 

Recorrieron el mundo juntos y cada cosa que aprendía solo alimentaba más la curiosidad de Pandora y, con ello, la tentación de destapar el ánfora y descubrir lo que había en su interior. Y, tal como Zeus había planificado, la primera mujer finalmente cayó en la tentación y al destapar el ánfora liberó todas las maldiciones y males que los dioses habían depositado en su interior. Pestes y dolores fueron esparcidos por el mundo y solo quedó en el interior de la misma la esperanza. Por qué el Rey dejaría esto en el ánfora es algo que aún no corresponde revelar, y de lo que pasaría con Pandora y la importancia de su hijo con Epimeteo ya habrá tiempo de hablar en el futuro. 

De momento nos encontramos a los Elegidos en la entrada de la zona medieval del palacio del Rey Minos. Dimitris se reúne con ellos antes de entrar en el Salón de la Corte y la Gran Alteza, con sus altas vidrieras góticas contando la historia del Minos original, del minotauro, Teseo y el laberinto. Y colgando del techo, la Lámpara de la Humanidad, el regalo de Zeus al último de sus hijos tantos siglos atrás. El Rey de Creta y sus ministros y políticos se encuentran enfrascados en su conversación, pues se ha avistado un enorme toro blanco al sur de la isla, con lo que ello tiene de portento, oportunidad y peligro. Pues hacía siglos que no se veía uno y su valor como sacrificio a los dioses es enorme. 

Pero interrumpen su conversación al ver acercarse a Circe y los Elegidos y se vuelve rápida la conversación a lo que han descubierto sobre la Trascendencia. Minos es un buen rey pero solo es un mortal, y se encuentra preocupado no solo por la droga y sus implicaciones, sino por el posible problema que tiene robarle al que Tiene Muchos Invitados. No en vano, como recuerda Circe, cuando fue la situación de Asclepio casi derivó en una guerra entre Zeus y el Más Rico, con todo lo que ello implica. Aunque esa historia antigua no acaba de casar a los ojos de Zoi, que es consciente de que hay extrañas contradicciones ahí como la ausencia de las Erinias, y que más debió ocurrir de lo que se cuenta. El Rey confirma de Lyra que esta cree que se puede deshacer la transformación de la granada en droga y cree que igual con algún ritual de los sacerdotes de la ciudad y la intervención de la Elegida de Hermes, sea posible devolverle lo que era suyo al Rey del Inframundo y así evitar su ira y venganza. Les otorga eso si los permisos que solicita Aleksei para poder detener e interrogar a los mafiosos y con ello el plan está en marcha. Antes de separarse, Circe les dice que conoce a una chica española que trabaja en el Elíseo, llamada Candela y les da su número por si les puede ayudar.

Pero hasta que abra el Elíseo faltan horas. Lyra las emplea en preparar un somnífero que probablemente ningún mortal podría preparar de ese modo y en ese tiempo, pero sí puede la Elegida de Hefesto. Zoi va al transitado templo de su patrón en busca de guía sobre lo que están buscando y sus ofrendas agradan a Hermes. Y Aleksei lleva una gallina a un cruce de caminos como sacrificio para Hecate, en medio de un tranquilo ritual para reafirmar su devoción personal.

Es Dimitris el que más importa en ese tiempo, sin embargo. Primero porque recibe la llamada de Diomedes Taurinos desde Néa Athína. El líder de las Furias ha investigado lo que habían hablado y hay precedentes de duelos y similares donde las Erinias no intervinieron al ser aceptado por ambas partes. Lo cual podría abrir las puertas a su idea de una arena de gladiadores para Elegidos. Y después porque el Elegido comienza la búsqueda de los prometeanos, el elusivo grupo terrorista que busca liberar a los mortales del yugo del Olimpo. Y encuentra un club de jóvenes políticos ideológicamente algo extremos que están discutiendo crear un partido político humanista. Algo en lo que el Elegido está interesado porque, aunque comparte los ideales prometeanos de oposición a los dioses, cree que el terrorismo no es la vía para extender esas ideas y palabras.

Y con ello llega el momento de prepararse para ir al local. Lyra ya había estado en el Elíseo en el pasado en una visita con su escudería, y entre lo que había visto y lo que le contaron, conocía bien la decadencia del lugar, un club de BDSM extremo para un público selecto. Amparado de la ley hasta cierto punto, aunque con cámaras para poder obtener grabaciones y chantajear según correspondiese. Menos en uno de los reservados de la segunda planta bajo tierra, donde la mecánica acertadamente imaginaba que se encontrarían los mafiosos.  

Con las galas adecuadas, se presentan en la entrada del local y, con la ayuda de Candela, consiguen entrar sin problemas gracias a las distracciones de Aleksei y el saber hacer de todos. Y encuentran una primera planta "soft" seguida por dos sótanos de creciente decadencia, incluyendo las mazmorras para las prácticas más extremas que la gente quiera. Y aquí y allá, los símbolos de las uvas que marcan el lugar como un espacio de hedonismo consagrado a Dionisio. Entre los cuerpos que se dominan y someten, las drogas y el alcohol, las personas encadenadas bailando y vendiendo sus servicios, cuerpos y voluntades, se abren camino hacia las escaleras y descienden en busca del reservado azul.

Cuando Aleksei entra encuentra al mafioso contando el dinero de la última venta y su guardaespaldas echando un trago de algo verdoso. Lyra se sienta junto a este para distraerle con sus artimañas, mientras Zoi aprovecha la distracción para robarle la pistola sin que se de cuenta. Sin embargo la aproximación directa y honesta del macedonio a la situación hace que el mafioso se tensé. Antes casi incluso de que el traficante se decida a iniciar un conflicto, Dimitris ya ha cruzado la sala y de dos crochets ha dejado inconsciente a su guardaespaldas. Y aunque Lyra intenta drogar al mafioso, lo que termina la situación es que mientras este está desenfundando su arma, Aleksei ha comenzado a cantar y todos en la sala acaban dormidos al instante... con la mala suerte de que la ingeniera cae sobre la mesa de cristal y se hace un daño menor.

Orquestar sacar a los dos hombres inconscientes requiere de la astucia de Zoi que consigue las cuerdas, esposas y otros artilugios necesarios para conseguir disimular quienes son y que no les reconozca nadie. Y, con la colaboración de Candela que les lleva a la salida para personal, logran llevarlos sin incidentes al club Boukephos, donde los interrogan en la sala capitular. No es que el mafioso sepa mucho, desgraciadamente, solo el siguiente eslabón: un almacén de distribución en un pueblo de turismo rural al este de la isla, no demasiado lejos de donde había sido el temblor de tierra. Allí es donde él consigue sus dosis y con ellas ha montado su pequeño grupo de venta. Una cadena que sigue ocultando al Elegido que se esconde tras la misma, claramente paranoico y cuidadoso. Al fin y al cabo, no se llega sin ser descubierto a Heraklion sin tener recursos y precauciones. Pero paso a paso, estas van cediendo, desvelando las capas de la cebolla como el camino que se va recorriendo, cada vez un paso más cercano al desenlace. 

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