Bajo la Égida del Pantheoi 6: Hijos de Prometeo

La primera guerra, la Titanomaquia, había terminado y, para consolidar su trono, Zeus convoca a dos titanes, dos aliados, dos hermanos ante él: Prometeo y Epimeteo. Y les encargó la tarea de crear un entretenimiento digno de los dioses y que honrase a Gaia llenando sus valles y llanuras, para lo cual les entregó una caja llena de dones. Prometeo se encerró en su taller a diseñar y planificar todas las formas de vida que quería crear, mientras su hermano alegremente fue creando sin ton ni concierto, entregando libremente los dones de la caja. Así el león tiene colmillos y garras y la presencia de su melena, y el elefante tiene larga memoria y tamaño y una piel resistente, y tantas otras cosas maravillosas. Y así, alegremente, Epimeteo creó la vida en el mundo en sus figuras de arcilla y eventualmente la caja quedó vacía. Sintiéndose culpable por haber dejado sin dones a Prometeo antes de que su querido hermano siquiera hubiera empezado a crear su primera criatura, Epimeteo acudió con excusas y buenas palabras.

Prometeo no se sintió ofendido ni molesto, quería a su hermano tal y como era y sabía que era de actuar antes que pensar. Sabía que sin dones, debía diseñar algo más complejo, algo que quería de verdad: al hombre. Y le otorgó el aspecto de los dioses, y la capacidad de caminar erguido, y de hablar y aprender. Y cuando todas las creaciones estuvieron listas, fueron presentadas en el Olimpo ante los dioses y Zeus se enorgulleció de lo que se le presentaba. Encomendó a su hija favorita, Atenea, que les diese el aliento de la vida y la diosa fue por los talleres de los titanes insuflando ánimas en todos ellos y quedó profundamente encantada por la creación de Prometeo... así como de un pequeño búho creado por Epimeteo. Pero al marcharse, el titán de la previsión vio que sus hombres sufrirían, débiles sin colmillo ni fuerza ni caparazones. De modo que les dio otro regalo que no estaba en la caja de Zeus, el arma más poderosa y terrible: el dominio del fuego. 

Para celebrar el nuevo entretenimiento la corte olímpica fue reunida para festejar y Prometeo le ofreció a Zeus el primer sacrificio, el que siempre será el más valioso: un toro. Los dioses no necesitan alimentarse como los mortales, su consumo es otro, de modo que a la hora de sacrificar al toro el titán le jugó un ardid al Portador de la Égida. Le dijo que los mortales siempre sacrificarían en hecatombe en honor a los dioses parte de sus alimentos y el que Esgrime el Rayo debía elegir: o un aparentemente suculento plato de grasas y huesos, o un sucio plato de carne roja. Y el Rey del Olimpo escogió lo primero tal y como el titán sabría que haría, de modo que sus hombres podrían alimentarse siempre de la carne de los animales y con ello crecer y volverse fuertes. Pero Zeus se dio cuenta del ardid, y aunque honró su promesa, también percibió como los mortales poseían el fuego, algo que debía estar solo al alcance de los dioses. Así que con un viento terrible apagó las llamas en el mundo, así como toda idea de cómo crearlas que los hombres pudiesen tener o incluso llegar a tener. Y de nuevo los hombres fueron vulnerables al resto de depredadores y sufrieron.

Una noche, viendo a sus hombres sufrir, Prometeo decidió cambiarlo todo y se infiltró en secreto en la forja de los dioses, ocupada por los cíclopes en su constante trabajar. Hefesto, al fin y al cabo, aún no había nacido. Aprovechando la ausencia de Zeus, que había abandonado el Olimpo en busca de algo que es motivo de historia para otra noche, el titán robó la llama más potente de la forja y se encaminó a entregarla a los mortales, encontrando que Atenea le bloqueaba la salida. Conversaron y, por su amor a la humanidad, la diosa se hizo a un lado pero con una advertencia, pues Prometeo debería pagar por sus crímenes, algo que el titán de la previsión sabía por si mismo y aceptaba. Llevó el fuego a los mortales que ya para siempre lo tienen entre sus dones, pero el crecer de las llamas por el mundo llegó a la atención del Rey y este supo inmediatamente que, de nuevo, había sido traicionado por su antiguo amigo. Así que lo hizo apresar y lo llevó al Olimpo, pero en honor a su amistad quiso ser misericordioso, si tan solo Prometeo respondiese a una pregunta. Pero el titán se negó. Y así, ante la corte reunida, Zeus tuvo que condenar a su amigo a ser encadenado en el monte Caucassos, encadenado con adamantina, y que un águila se comiese su hígado todos los días durante la eternidad. Y del castigo a los hombres, del regalo de la mujer y la caja, ya hablaremos en otra ocasión...

De momento encontramos a nuestros Elegidos en la mesa prestos a comer donde Aleksei, cumpliendo su parte en las tradiciones y mitos, está ofreciendo la hecatombe a los dioses antes de que todos puedan comer. Y conversar sobre cual es el plan, a dónde ir ahora, pues tiempo ha pasado ya desde la desaparición del Bellocino, y también tienen ahora una muestra de la droga extraña que han empezado a circular por la ciudad. Zoi quiere ver el resto de la Liga pues la primera vez que había abandonado Heraklion acababa de ser el viaje unos días antes a Delphi y mucho quedaba aún por ver. Y otros eventos estaban teniendo lugar en el mundo donde acaso ellos quisiesen intervenir. Pero, al menos de momento, esos deberían esperar porque lo que decidieron fue abordar primero lo más cercano, la roja droga que tenían en su posesión. Pero ninguno de ellos era químico como para poder estudiarla, y mientras Johnson llegaba al Boukephalos para encargarse del local, Lyra sugirió viajar a su alma mater, la Universidad Dedalo donde un antiguo compañero químico todavía trabajaba.

La Dedalo es una de los centros educativos más importantes de la Liga, y su especialización en ingeniería mecánica la hace particularmente para la inversión y muchos proyectos de I+D. Es en uno de ellos donde Filippo participaba, analizando y estudiando con sus compañeros formas de hacer un fuel más eficiente para los aviones. La reunión entre amigos de la universidad es extraña, pues Lyra ha cambiado para siempre al ser la Elegida de Hefesto y lo que anteriormente era una relación de igualdad, ahora tiene unas nuevas connotaciones completamente diferentes. Pero la joven se encarga de hacer ver a su amigo que todo está bien, y que necesitan su ayuda y la consiguen sin problemas. Pero hará falta un equipo que no tienen en el laboratorio, de modo que Aleksei rápidamente hace la compra en Varkáridon y Lyra se comprometió a usarlas para preparar un equipamiento que sería la envidia del campus. Sin embargo, no será entregado hasta unas horas después, así que era hora de ponerse en busca de otra dirección, y antes de embarcarse en la búsqueda del Bellocino era propicio hacer sacrificios o, mejor aún, consultar a un oráculo.

Zoi sabe bien que Heraklion está llena de trampas para turistas, y que la mayoría de lanzadores de fortuna son solo timadores, charlatanes y diletantes en busca de dar una "experiencia auténtica" a quienes tienen más ganas de diversión que aprecio a su dinero. Pero en el templo de Apolo en la ciudad hay una sacerdotisa ya mayor, llamada Felicia que en ocasiones tiene visiones y sueños proféticos auténticos. Hacia allí se encaminan, pero como ya va advertida por Circe de que El Arquero probablemente no se encuentre entre sus aliados, la joven Elegida de Hermes se presenta allí con ofrendas. Los turistas llenan el templo aquella tarde, haciendo fotos y siguiendo las guías entre las estatuas modernas y los cristales del mismo, pero los Elegidos notan el poder que encierra el templo pese a la banalidad de su uso frecuente. Y el sacerdote al frente del mismo inicialmente confronta a Zoi pero pronto el malentendido es aclarado y con las ofrendas de flores, la ira del sacerdote es acallada. Y así pueden ver a Felicia y plantearles sus dudas sobre el Bellocino, y para facilitar que sus visiones encuentren su destino, Aleksei improvisa un conjuro usando las bendiciones de Hecate para guiarla. 

Felicia regresa después de una breve siesta, pálida y atribulada por lo que ha visto. Si parten en busca del navío extraviado correrán gran peligro, pues este se encuentra sumergido en las tinieblas y aquello que lo ha llevado hasta allí sigue hambriento. Aunque una parte de ellos entiende la llamada de las leyendas, sin duda aquella es una aventura que tendrán que afrontar con cuidado y preparación, y quizás lo más importante inicialmente sea esparcir el mensaje de que eso está ocurriendo para evitar que nuevos barcos caigan en el mismo peligro. Se ponen en camino de nuevo y, en el trayecto, escuchan una noticia de un temblor débil de tierra en el este de la isla, en una de las poblaciones invisibles donde habitan los esclavos de la isla.

Con estas oscuras señales regresan a la Universidad para encontrar otro extraño portento, pues para Filippo lo que los datos muestran es imposible. Colaborando con el químico, Zoi, Aleksei y Lyra desentrañan el comienzo del misterio y la revelación es, indudablemente, portentosa: en la elaboración de Trascendencia alguien había usado una granada sacada del Inframundo. De ahí sus extraños efectos y su exclusividad. Algo con mucha más importancia, sin duda, que una mera cuestión de estupefacientes circulando por Heraklion. Y la primera hebra que desentrañar para encontrar el origen de todo estaba en Elara, "la drogas" que había intentado colar Trascendencia en su fiesta unas noches atrás. Pero al contactarla por teléfono, Zoi descubre rápidamente que la muchacha está muy asustada y en peligro, pues claramente sus jefes no están contentos con que hubiese perdido el cargamento de Trascendencia. Un nuevo conjuro de Aleksei, tras hacer un comentario sobre un pollo cuando en realidad al final usa su propia sangre, les mostrará cómo encontrar a Elara; pero los sacrificios de sangre humana hace tiempo que están o prohibidos o, como mínimo, son tabu, de modo que el temor es visible en todos los mortales del laboratorio químico, y el macedonio se ve llevado a reforzar el misterio y la duda, en honor a su patrona Aquella que Ilumina la Oscuridad con sus Antorchas. Malentendiendo el comentario, Argos va con sus amigos al muelle en busca de coca, un pollo, comentando por el camino como ahora que se acerca la época de exámenes es bueno haber conseguido los exámenes online. Es bueno ser un Elegido, al fin y al cabo.

Lyra conduce la moto de Aleksei mientras este indica el camino con su propia sangre, hasta llegar a un barrio relativamente pobre de la ciudad, donde obreros de todo tipo viven. No muy lejos, de hecho, del domicilio de Zoi. Tomando precauciones para que no le roben la moto, los dos Elegidos suben hasta el piso de la muchacha y conseguir que abra la puerta ya resulta complicado, pues la joven está aterrorizada. Pero lo consiguen, y la convencen de tomar asilo con ellos en el club de moteros, donde estará a salvo de sus jefes mafiosos. Al bajar a la calle, Aleksei ve que un vecino desde la otra acera está haciendo una llamada para avisar a alguien de que Elara había sido sacada de la casa por ellos, y con el poder de su magia obliga a ese vecino a colgar el teléfono, mientras Lyra cruza a la carrera la calle esquivando coches para hacerle hablar. El hombre no sabe mucho, solo que le pagaban por ver qué pasaba con la muchacha y avisar, y la llegada de los Elegidos era claramente motivo para avisar de algo. La fama, al fin y al cabo, también tiene un precio. 

La llevan a Boukephos, donde Zoi se reúne con ellos, y la interrogan. La muchacha no sabe demasiado, pero sí el nombre y tiene las fotos de otro de los vendedores de Trascendencia, así como del mafioso que se encarga de suministrarle a ella así como su guardaespaldas. Sin embargo, para localizarlos deberán ir a Elíseo, un club complicado del lado más sórdido y oscuro de los placeres que se ofrecen en Heraklion. ¿Qué hacer pues? Dar el paso y avisar a los periódicos o redes sociales de lo que estaba ocurriendo es lo que quiere Aleksei, pero Zoi argumenta que eso es muy peligroso y pondría sobre aviso a los mafiosos de que estaban tras ellos. Tenían que tomar el asunto en sus manos, pero sin autoridad en la ciudad de ningún tipo no podían actuar, necesitarían acudir a alguna autoridad como la Casa Real para poder hacerlo. Como por mano del destino, Circe le escribe entonces a Zoi con las respuestas en torno a quien podía haber sido Grigori y el Elegido de Hecate aprovecha para hablar con la organizadora de eventos que, con los descubrimientos, se encuentra profundamente preocupada. Algo así requiere de otro Elegido, uno que ella no conoce, activo en la ciudad, y no uno débil. Decididamente algo que llevar ante sus Majestades, de modo que la Elegida de Terpsícore se reunirá con ellos en el palacio real. 

Llegar al antiguo edificio, lleno de historia y leyendas desde tiempos de Minos y la Estirpe de Zeus no es algo complicado, y pronto pueden entrar en las salas del museo que actúa como entrada al mismo. Circe les espera allí, frente a la estatua primitiva de Terpsícore, Y claramente está preocupada por todo ello. Le ha dado vueltas y todo ello tiene unas enormes ramificaciones potenciales, pero siempre es imposible saber exactamente cuales son pues los dioses no explican a los mortales ni a los Elegidos cuáles son sus juegos, sus manipulaciones y competiciones. La única protección, si perseguían esa investigación, era que siendo todos Elegidos entre ellos no podría haber derramamiento de sangre o correrían el riesgo de incurrir en la furia de las Erinias. Poco consuelo cuando esa salvaguarda no se extiende a sus amigos y seres queridos... 

 

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