Bajo la Égida del Pantheoi 8: El amargo festín
¡Bienvenidos a Heroes y Leyendas en la 107.2 AM desde Heraklion! Hoy la historia de Apolonia, en honor a su visita a la ciudad, una niña muy enfadada que ni con la adolescencia y la disciplina militar dejó su mala cara. Spartoi de familia de buena posición, se graduó como las demás con una prueba de supervivencia en duras condiciones, durante la cual se adentró en un bosque cercano a Esparta. Algunos dicen que cazó un ciervo sagrado de Artemisa, otros que simplemente la diosa quería trolear a su gemelo porque ella llevaba su nombre. Fuese como fuese, salió como Elegida de la diosa de la caza y recorrió buena parte de la Liga durante años, incluso yendo más allá de las fronteras, buscando bronca y pelea donde pudiese. Pues claramente la ira de Ares o de las Furias corre por sus venas, entonces como ahora. Y no fue hasta que Kostakis (supuestamente) asesinó a uno de los ancianos Diarcas de Sparta que ella regresó a su polis para ocupar el trono. Y desde él, por motivos desconocidos (debieron mearle en la bebida) fue una de las voces principales que llevaron a la guerra entre Athína y Sparta durante la cual creció su ira y rencor por Achilea, la Elegida de Ares que dirige MYRMIDON. ¡Y hasta aquí la historia por ahora, démosle espacio a la buena música!
A nuestros Elegidos los encontramos en el club Boukephos, cuando un mensajero de la Casa Real llega para invitar a Zoi y Aleksei (y sus amigos si quieren) a una cena en palacio en su honor por la victoria en Boston, así como por la visita a la ciudad de la Diarca espartana y Herakles, ambos los cuales acudían para cazar al enorme toro blanco. Así que nuestros laureados héroes aprovecharon para contar a los demás lo acontecido en la ciudad americana, en las justas de MotoJT. Y como para la cena aun faltaba, era hora de seguir con la investigación sobre las drogas, acudiendo al almacén desde donde se distribuían.
Así que en coche a fuera de Heraklion, al pueblo rural donde el turismo es de otro tipo, acaban llegando a un almacén empleado por varias empresas aqueas que, en aquel momento de la mañana, se encontraba a tope de actividad con gente cargando dos camiones con las mercancías que correspondían. Zoi y Argos se colaron sin ser vistos en ningún momento, avanzando entre los contenedores de materiales en busca de la pequeña oficina; mientras tanto, tras un primer intento infructuoso, Aleksei duerme con su canción al primero que le detiene de entrar y, acompañado de Lyra y Dimitris, se adentra en el almacén en busca del capataz cuya imagen tienen en su poder. Es la ingeniera la que, cuando las cosas parecen volverse violentas, rápidamente duerme al encargado para poder llevarlo e interrogarlo en un sitio más tranquilo. Y mientras, en la oficina encuentran un compartimento secreto con un libro de cuentas cifrado, así como un fichero oculto en el ordenador que no pueden abrir hasta lograr romper su encriptado. Zoi toma fotos de todo y Argos copia el archivo (pese a sus protecciones) a un pendrive y todo el grupo se reune y marcha con tranquilidad del almacén ya que tenían en su haber los permisos reales para lo que acababa de pasar.
De nuevo en Boukephos, el encargado se despierta finalmente y es intimidado para que cuente todo lo que sabe. Tampoco es tanto, la paranoia de los encargados es notable. Una furgoneta va a reponer los materiales todos los martes, y estos son distribuidos a los tres vendedores con los que trabajaba y cuyos retratos Lyra captura con su lápiz con una belleza y precisión inesperadas para un retrato robot. También la joven rompe la encriptación del libro, donde quedan los registros de todas las transacciones que se llevaban a cabo en el almacén y se veía claramente que aquel al que ya habían detenido y entregado a la policía a primera hora, era el mayor de los distribuidores. Ahora tendrían que esperar a la noche del martes para poder realizar el encuentro con la conductora de la camioneta... esta noche, después de la cena.
Argos se excusó de la invitación real, y se quedó con Nadia y sus amigos en el local de los moteros, mientras los demás ponían camino al festín en su honor. Cuando llegaron al palacio real, en la mesa donde iban a cenar, solo estaban de momento los reyes, Circe y un hombre que no conocían más que de oídas que era un supuesto Elegido de Dédalo (algo extraño ya que el gran inventor de la antigüedad no es una divinidad) llamado Sabbas. Los honores fueron rendidos por los reales que les mostraron que las consecuencias de lo ocurrido en Boston eran mucho mayores, parte del comienzo de un cambio histórico al ser la primera ciudad de Estados Unidos que se había aliado con un panteón en vez de permanecer en la neutralidad religiosa, aceptando a los olímpicos como sus dioses.
Herakles llegó poco después, con un traje alquilado y la piel del León de Nemea, disculpándose 1001 veces por ofensas reales o simplemente imaginadas o temidas. Nunca había estado con tanta gente importante, y se fue presentando uno a uno, teniendo pequeñas conversaciones con cada uno de ellos. Dimitris aprovechó para invitarlo a luchar en su arena para Elegidos, algo que el gigante rápidamente aceptó encantado.
No fue mucho más tarde que Apolinia hizo su entrada, con su armadura y la Lanza de Leonidas, su presencia llenando la sala por simple poder de su leyenda y de su personalidad. Agradeció la invitación y la hospitalidad que implicaba, se presentó y se sentó para una cena que esperaba que no se alargase demasiado, al día siguiente había una cacería que realizar. Ella escuchó de cada uno de los presentes de sus leyendas y aventuras, discutiendo de estrategia militar con Dimitris, estando de acuerdo con Zoi en lo impresentable que era Kritias (que ya la había liado en Sparta y había sido expulsado de la misma), asintiendo ante el encuentro de Aleksei con Quirón... pero, más importante, cuando llegó el turno de Lyra y, con ella, salió a la luz toda la investigación actual en torno a las drogas hechas con la granada del Hades.
Parmenides hizo su aparición al poco, sentándose cerca de Herakles y rápidamente entablando una buena relación con el otro joven, hasta el punto de que Zoi aprovechó para comentar con Dimitris que sería divertido ver como lidiaban los dos grupos con el hecho de que iban a cazar al mismo toro. Aleksei estaba preguntando abiertamente, y a ojos de Apolinia era una cuestión de habilidad: quien lo cazase sería quien mejor y más rápido lo había encontrado y había sido capaz de someterlo, pues de nada valía matar a un toro que había intención de sacrificar a los dioses. Herakles mismo pensaba sacrificarlo, como hiciera antiguamente su patrón tras visitar Heraklion (y que la ciudad fuese bautizada en su nombre) para intentar limar las asperezas entre él y la divina Hera.
Pero el buen ambiente de la conversación en la mesa se desvaneció cuando hizo su inesperada entrada Kostakis. El asesino, el prófugo, el Elegido de Nemesis fue confrontado por Aleksei que se interpuso por si le deseaba algún mal a la Reina Cloe y finalmente el recién llegado fue formalmente invitado a la cena y quedó atado bajo las normas de la hospitalidad. Solo entonces fue que contó el motivo de su visita a la isla: un sueño de su patrocinadora le impelía a vengar un crimen cometido por el más joven de los Príncipes de la ciudad, y tenía intención de acabar con su vida. Era eso una orden divina, ¿o la locura de un asesino demente con muchos cuerpos a sus espaldas? Las tensiones aumentaron, pues la lealtad de Zoi a su polis era fuerte y no estaba dispuesta a permitir que asesinasen al real aunque tuviese algunos casos de corrupción a sus espaldas (y quizás, fuese el potencial patrón del Elegido escondido que estaba distribuyendo las drogas). Aleksei tampoco estaba dispuesto, y propuso encerrar al joven en el Laberinto, prisión a donde Kostakis estaba condenado. Pero cuando las amenazas crecieron, Circe aprovechó para contar la historia de Herakles y el Rey Admetus, recordando que desafiar a una familia real en presencia del héroe cuando esté está recibiendo la hospitalidad del hogar no es buena idea. Kostakis no estaba impresionado, su poder era más grande que el del joven que portaba ese ilustre nombre. Pero también estaba bajo la hospitalidad Apolinia, y la Diarca de Sparta se puso en pie y confrontó al asesino, diciendo que en respuesta a la hospitalidad recibida, ella protegería la vida del Príncipe y si Kostakis osaba desafiarla, en pro del areté de cumplir con el honor, ella no temería derramar su sangre y ganarse la potencial ira de las Erinyas.
Con unas últimas palabras y amenazas, Kostakis se aprestó para marcharse, dispuesto a la confrontación si es que eso era lo requerido. Y Aleksei no veía como proteger al Príncipe a todas horas de una sentencia que podía ejecutarse en cualquier momento, así que de sus labios surgió una pequeña plegaria a su matrona. ¿Está la diosa de las encrucijadas siempre atenta a lo que hace su Elegido, o es acaso fruto de lo ocurrido en Boston que lo estaba en aquel momento? Eso, de momento, no es hora de revelarlo. Pero cuando usando su psicopompo Kostakis se preparó para viajar de regreso a donde fuese que estaba antes, se encontró en mitad de ningún sitio, en un camino en ninguna parte que se bifurcaba una y otra y otra y otra y otra vez. Un inmenso laberinto creado por la Portadora de la Antorcha en el que el Elegido de Nemesis se perdería un tiempo, no infinito, pero quizás suficiente.
Pues los dioses atienden e intervienen en el mundo, cada uno a su manera, y ninguno más misterioso que la señora de la brujería y los misterios de las transiciones.
Pero pese a las confirmaciones de Aleksei de que Hecate había intervenido, y los epai correspondientes de los presentes, el ambiente de la cena estaba arruinado. Todos se fueron excusando rápidamente y el festín cerró con un sabor amargo para todos. Camino del exterior, Parmenides fue convenciendo a Herakles de que debían partir esa misma noche si querían cazar al toro blanco, antes de que Apolinia se despertase a la mañana siguiente. Y nuestros héroes tenían un almacén al que llegar para continuar sus indagaciones...
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